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Jorge “Locomotora” Castro fue mucho más que un campeón mundial de boxeo. Detrás del hombre que protagonizó una de las remontadas más extraordinarias de la historia del deporte argentino había una faceta menos conocida, pero igualmente significativa: su compromiso con miles de personas que necesitaban un plato de comida. El fallecimiento del excampeón, ocurrido este miércoles 14 de octubre en Morón, a los 59 años, volvió a poner en primer plano la enorme tarea solidaria que desarrolló durante sus últimos años.
Lejos de los cuadriláteros y de las noches de gloria, el popular “Roña” dedicaba buena parte de sus días a conseguir alimentos, organizar donaciones y sostener comedores comunitarios en distintos barrios del conurbano bonaerense.
Su iniciativa llegó a brindar asistencia a más de 6.400 personas y se transformó en una red que, según los datos difundidos sobre su actividad, alcanzó a 14 comedores y nueve merenderos.
De una olla popular en su gimnasio a una red de comedores
La historia solidaria de Castro comenzó durante la pandemia de coronavirus. En aquellos meses de restricciones y dificultades económicas, el exboxeador decidió utilizar su gimnasio de Temperley, en Lomas de Zamora, para preparar comida destinada a vecinos que atravesaban situaciones de vulnerabilidad.
La primera iniciativa fue pequeña, pero la demanda creció rápidamente.
“Empezamos con una olla popular y después hicimos una olla para treinta, vinieron 70 y así sucesivamente empezamos con las ollas en mi gimnasio”, recordó Castro durante una entrevista con Infobae.
Lo que inicialmente parecía una respuesta temporal a la emergencia sanitaria terminó convirtiéndose en una actividad permanente.
Cuando no pudo reabrir su gimnasio, resolvió mantener el espacio destinado a la asistencia alimentaria. Con el tiempo, la iniciativa comenzó a extenderse hacia otros barrios, especialmente en Villa Fiorito, Temperley y distintos puntos de la zona sur del Gran Buenos Aires.
Castro llegó a administrar cuatro comedores propios y a abastecer a otros diez, además de colaborar con merenderos que atendían a niños y familias.
El Roña Castro y su preocupación por el hambre: “Cada vez se me llenan más los comedores”
En sus últimas apariciones públicas, el excampeón mundial expresó su preocupación por el deterioro de la situación económica de numerosas familias.
“Veo cada día que estamos peor, cada vez más pobreza, porque yo veo que se llenan la boca y sacamos trece millones de personas de la pobreza y a mí cada vez se me llenan más los comedores”, sostuvo durante una entrevista televisiva.
Para Castro, el crecimiento de la demanda alimentaria era una realidad que comprobaba diariamente en los lugares donde brindaba asistencia.
Uno de los cambios que más le llamaba la atención era el perfil de quienes se acercaban a pedir comida.
Ya no se trataba solamente de niños de familias vulnerables. También comenzaron a llegar adultos mayores, jubilados, padres, madres e incluso trabajadores que, pese a tener empleo, no conseguían llegar a fin de mes.
“Antes les dábamos de comer a los chicos, ahora les damos de comer a los padres, las madres, a los abuelos. Hoy en día mucha gente grande, mucha gente mayor”, relató.
Incluso contó que algunas personas se acercaban con vergüenza porque nunca antes habían necesitado recurrir a un comedor.
“Hoy va alguien y me dice: ‘Roña, disculpame, pero en realidad no llego a fin de mes. Tengo trabajo, pero ¿puedo venir a comer?’”, recordó el exboxeador.
Su rutina lejos del ring: conseguir alimentos para cientos de familias
La tarea solidaria no se limitaba a prestar su nombre para una campaña. Castro participaba directamente en la búsqueda y distribución de los productos necesarios para mantener funcionando los comedores.
Parte de sus mañanas transcurría en el Mercado Central, donde recorría los puestos para conseguir verduras y otros alimentos.
El abastecimiento también dependía de aportes del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, donaciones de empresas, productores y organizaciones que colaboraban con la iniciativa.
Entre las contribuciones que mencionó durante sus entrevistas figuraban alimentos enviados desde Santa Fe, azúcar proveniente de Tucumán y productos donados por una fábrica de Quilmes.
Además, contaba con el apoyo de la Fundación Locomotora Castro y de la Asociación Civil El Roña Castro.
“Mientras que podamos ayudar, ayudamos”, resumía el excampeón mundial.
Seis ollas de 60 litros para ayudar durante los fines de semana
La organización funcionaba de lunes a viernes, con la preparación y distribución de raciones para las personas que acudían a los comedores.
Uno de los platos más frecuentes era el guiso, una comida que permitía aprovechar distintos ingredientes y alimentar a una gran cantidad de personas.
Los viernes, la asistencia adquiría una dimensión especial: se preparaban seis ollas de 60 litros cada una, destinadas a familias que necesitaban llevar alimentos para afrontar el fin de semana.
Cuando recibía donaciones de carne o pollo, Castro procuraba distribuirlas entre quienes acudían a buscar ayuda.
En una de sus entrevistas contó que esperaba una entrega de 500 kilos de pollo para repartir entre las personas asistidas.
La tarea requería una organización constante, desde conseguir mercadería hasta preparar las comidas y garantizar su distribución.