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"Disfruté a pleno el atletismo, porque soy competitiva en todo"

Entrevista exclusiva a Ana Graciela Capuano, multicampeona, récord provincial y fundadora de CAVeS, quien decidió retirarse de las competencias, para enfocarse en el crecimiento de la disciplina en Salta.
Domingo, 26 de abril de 2026 01:02
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La prestigiosa atleta salteña Ana Capuano marcó en cada pista que recorrió un camino de trofeos y récord. La multicampeona de atletismo, actual récord provincial de los 400 metros y después de 40 años recientemente despojada del mismo galardón en los 200 metros, decidió mermar la velocidad en una vida llena de grandes desafíos y a sus 60 años hace un balance y habla de su futuro como profesora y dirigente del Círculo de Atletas Veteranos de Salta, entidad que ella misma creó.

¿Cuándo te diste cuenta de que eras distinta?

A los 12 años ya me daba cuenta que era rápida. Jugábamos a las pilladitas y a mí nadie me agarraba. La escena es simple: una nena corriendo en un juego de barrio en Salta. Pero ahí, en esa intuición casi inocente, empieza una historia deportiva marcada por la velocidad, la disciplina y una convicción que nunca la abandoné.

¿Y en la escuela?

Cuando empecé el secundario, la profesora me hacía correr y le ganaba a todas las chicas. Incluso a una que era multicampeona acá en Salta. Estaba en cuarto o quinto año. Yo recién empezaba, en primero, y le gané. Esa primera victoria no fue un hecho aislado. Fue una señal.

¿Eso te empujó al atletismo?

Sí. Después competí con chicas que venían ganando intercolegiales y les ganaba. Empecé con marcas buenas: 13.1, 12.9… era rápida. A los 13 años ya no era una promesa: era una realidad.

¿Cuándo empezaste a competir de manera más profesional?

Ahí nomás. Entré y ya me metí a competir a nivel nacional. En 1982, con apenas 16 años y dos años de entrenamiento, rompí récords en los 100 metros. Hice 12 segundos 12 décimas. Esa marca la repetí varias veces.

¿Le ganabas a todos?

A todos. Hasta a los varones les ganaba. Nadie quería competir conmigo. (La risa aparece, pero también cierta firmeza. No es exageración: es memoria). Recuerdo que entrenábamos juntos con Miguel Farfán (actual pareja), que todavía no éramos novios. Íbamos a la Plaza España a hacer pasadas de velocidad. Tenía que hacer diez. A la décima ya le había ganado. Él pensaba que me iba a ganar… pero no.

¿Cuál fue tu formación?

Entrenábamos en pistas de tierra. La sintética llegó recién hace unos 25 años. Ese cambio transformó el atletismo salteño, aunque no necesariamente lo sostuvo. Se sumó mucha gente, pero después, sin apoyo, muchos atletas se fueron o dejaron. Hubo un "boom"… y después un bajón.

¿Por qué creés que pasa eso?

Por lo económico. Sos chico y dependés de tus padres para todo: el colectivo, la comida, los viajes. Sin apoyo es muy difícil avanzar.

Aún así, tu historia no se detuvo...

Todos los años del secundario fui campeona intercolegial. A los 14 empecé a entrenar con Pedro Ojeda, que después fue mi esposo.

Tengo todas mis libretas de entrenamiento. Desde el primer día. Como 20 libretas. Todo anotado.

Las marcas hablan por sí solas: pasadas debajo de 13 segundos, 200 metros en menos de 26, 400 en 1:05.

¿Las competencias que más recordás?

Una, cuando salimos campeonas del mundo en la posta 4x100 en 2013. Nadie lo esperaba. (Se detiene un instante, como si todavía estuviera en la pista). Yo largué. Iba pasando a todas. Entré primera… y cuando terminó la carrera no lo podía creer. Campeona del mundo.

También recuerdo la carrera en Mar del Plata. Iba primera toda la carrera. En la recta final me hundí en el barro porque había llovido. Me pasaron. Hice un esfuerzo sobrehumano para volver, pero no pude. Igual, di más del 100%.

¿Y cuál fue tu peor experiencia?

En el Cenard. Corrí los 400, terminé con una ampolla reventada en el pie. Al otro día era la final… no podía ni apoyar. Largué igual. A los 120 metros me tiré al piso. No aguantaba el dolor. Al día siguiente corrí los 200 igual. A fuerza de voluntad.

Volver a empezar

¿Qué vino después?

A los 32 años pasé a categoría preveterana y después veterana. Seguí compitiendo.

¿Hoy, con 60 años, cuál es el balance?

Lo disfruté a pleno. Soy competitiva en todo. Como madre, como docente… en todo. Fui docente en la escuela Clara Saravia Linares de Arias, pero el vínculo con el deporte sigue intacto. Para hacer atletismo tenés que amarlo. Yo entrenaba sola muchas veces. Con frío, calor, lluvia… era feliz.

¿Y te quedó alguna marca físicas?

Tengo osteocondritis. Terminé con prótesis, por eso decidí poner fin a la competencia.

¿Qué te cambió para el futuro?

Soy dirigente de CAVeS desde 2003 y hace un año soy presidenta.

¿Con qué soñás?

Quiero una pista en condiciones. Poder hacer torneos grandes. Que se llene de chicos otra vez. Aunque yo ya no corra como antes, me gusta ver correr a los demás. Que disfruten.

¿De qué te arrepentís?

Yo no me arrepiento de nada. No salía, no tenía novios, no iba a bailar. Estaba enfocada.

¿Valió la pena?

Sí. Fui muy feliz.

Correr para ganar: una vida en velocidad

Ana Capuano tuvo una vida a máxima velocidad cuando ingresaba a una pista de atletismo, y dio sus frutos.

Actualmente conserva el récord provincial de los 400 m. que obtuvo en 1985 en Santa Fe y, solo hace unos días fue despojada por la salteña Milagros Damico, y luego de 40 años, del récord de los 200 m. Tuvo durante 43 años el récord de los 100 m., desde aquel 11 de diciembre de 1982.

Fue campeona mundial de posta en Brasil 2013; también 46 veces campeona argentina en 100, 200 y 400 m., como así también subcampeona en 10 oportunidades. Además fue campeona sudamericana de los 200 m. y subcampeona en los 100.

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