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Paraguay no durmió. O, al menos, no tenía demasiadas razones para hacerlo. Después de eliminar a Alemania en una dramática definición por penales y meterse en los octavos de final del Mundial 2026, la fiesta albirroja se trasladó de Boston a las calles de Asunción, donde miles de hinchas salieron a celebrar una de las victorias más resonantes de su historia futbolera. En medio de la euforia, el presidente Santiago Peña terminó de ponerle sello político y popular a la noche: anunció feriado nacional para este martes.
El mensaje presidencial llegó con tono de tribuna, lejos del protocolo habitual. “¡PARAGUAY NUNCA SE RINDE! ¡¡FERIADO CARAJO!!”, escribió Peña en sus redes sociales, después de que la selección dirigida por Gustavo Alfaro dejara en el camino a una potencia mundial. La frase se volvió rápidamente viral y acompañó el clima de desahogo que ya se vivía en las calles, bares, plazas y puntos de encuentro donde los paraguayos siguieron el partido.
La victoria tuvo todos los condimentos de una película mundialista. Paraguay empató 1 a 1 con Alemania en los 120 minutos y luego se impuso 4 a 3 en los penales, con Orlando Gill como gran héroe de la noche. El arquero contuvo remates decisivos y José Canale convirtió el penal que desató la locura. La Albirroja, que volvía al Mundial después de años de espera, no solo avanzó de ronda: eliminó a Alemania, rompió pronósticos y provocó una celebración nacional.
En Asunción, el epicentro de los festejos fue Calle Palma, donde una multitud con camisetas albirrojas, banderas, bombos y bocinas copó el microcentro. Hubo abrazos entre desconocidos, familias enteras en la calle, jóvenes subidos a autos y una consigna repetida en cada esquina: Paraguay hizo historia. La clasificación se vivió como una revancha emocional, como una noche de orgullo colectivo después de tantos años fuera del primer plano mundialista.
El feriado anunciado por Peña terminó de convertir el triunfo deportivo en acontecimiento nacional. La medida busca permitir que los paraguayos celebren la hazaña de una selección que, contra todos los pronósticos, sacó del Mundial a uno de los gigantes del fútbol. En un país donde la Albirroja funciona como punto de unión, la decisión fue leída por muchos como una forma de acompañar el sentimiento popular que explotó apenas terminó la tanda de penales.
Paraguay ahora espera por su rival en octavos de final, que saldrá del cruce entre Francia y Suecia. Pero antes de pensar en lo que viene, el país se regaló una pausa para festejar. Porque no todos los días se elimina a Alemania de un Mundial. Y porque, como escribió Peña en medio de la euforia, Paraguay no se rinde.