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¿De qué estás hecha, Selección? De corazón, seguro; de templanza, ni hablar; o de acero, es muy probable.
Argentina no para de sorprender y de emocionar en este Mundial. Cuando parece vencida, se pone de pie y avanza. Cuando le entran las balas, todavía respira. Y si hacen falta más metáforas, hablemos de esa fuerza y energía que le brotan, dignas de una ficción. Porque la clasificación fue de película, jamás vista antes en estas tierras. Nunca otra versión de la Albiceleste logró dar vuelta un resultado tan amplio como un 2 a 0 en los mundiales. Y en 13 minutos, menos. Jamás, ni cuando estuvo el Diego.
La Selección está hecha para sufrir. Ya lo sabemos. Pero está Selección, en particular, está hecha de un carácter inclaudicable que sale al rescate cuando la táctica y el juego no pesan. Esta Selección está hecha, además, con ese único ingrediente que no puede faltar: huevos, unos huevos tremendos. Bueno, digamos garra, la que emergió cuando Messi andaba cruzado en el campo, cuando sus gambetas lo gambeteaban a él -antes de su gol-, o cuando Julián, Alexis o De Paul andaban sin brújula en la cancha, incluso el Enzo, que hasta antes del tercer grito jugaba más para salir que para quedarse.
Esta Selección está hecha con algo más que solo Messi. Aunque futbolísticamente el equipo sigue sin ser la máquina arrolladora de Qatar, los problemas contra Egipto esta vez sacaron de las sombras renovadas razones para elegir seguir creyendo.
Hasta el partido contra Cabo Verde, Argentina parecía ser un equipo más si le quitábamos a Messi. Y si bien el capitán fue clave en el 2 a 2 ante Egipto, sus 39 años por momentos lo obligan a correrse de la escena. Y esta vez, cuando eso pasó, otros subieron al escenario: Paredes, Julián, el Cuti o Lautaro.
Ganar y pasar de ronda -a estas alturas no importa cómo- nos hace felices y a veces nos ciega. Sin embargo, esta vez cuando la espuma baje, a la vista quedará esta Selección hecha con algo más que huevos, Messi y corazón.