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Desde hace un tiempo que Central Norte no logra poblar sus tribunas. Siendo un club de tanta popularidad en la ciudad, en esta temporada y también en la anterior, no logró imponerse con su convocatoria, aun jugando en una categoría superior como la Primera Nacional.
Más allá del valor de las entradas y de la crisis económica que atraviesan los hogares salteños, este domingo hubo una nueva excusa: el Día del Niño.
Sin embargo, ningún motivo parece ser más fuerte y repudiable, como la división de las barras. Al no poder compartir el mismo espacio físico, las distintas facciones arreglan con la Policía para acomodarse en cada tribuna. Esto hace que los hinchas y las familias que nada tienen que ver con estas agrupaciones hayan dejado de ir a la cancha por seguridad, por razones obvias.
En consecuencia, la división de la barra, alimentada por las fuerzas de seguridad y la dirigencia del club, termina tomando el estadio a su placer y espantando a los simpatizantes. Esta sería la principal razón por la que se ven tribunas a medias. A su vez, esto provoca un daño directo a la institución, que recauda menos, con todo lo que eso significa para poder sostenerse en la segunda categoría del fútbol argentino.
Y todo esto ocurre después de que a Central Norte le costara 40 años para volver a jugar en esta divisional.
Lejos están aquellos clásicos en categorías menores, como el Federal B o el Federal A no hace muchos años atrás, cuando las tribunas y los estadios se llenaban y el clásico salteño era una verdadera fiesta popular.
Con respecto al precio de las entradas, la popular del cuervo cuesta $28.000. Gimnasia y Tiro cuando juega de local la cobra a $32.000, pero este domingo, como visitante, pagó la entrada general a $40.000.
Juventud Antoniana, en el Federal A, tiene la entrada popular a $27.000. Y los socios, en los tres clubes, la abonan a mitad de precio.
Este domingo, el Día del Niño quizá fue un impedimento más para que los simpatizantes pudieran ir a la cancha. Pero la baja convocatoria, sobre todo de Central Norte, parece responder a un problema mucho más profundo: la pérdida del espacio familiar y popular que alguna vez tuvieron sus tribunas.