Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

GRACIAS POR TANTA FELICIDAD..!

Lionel Messi decidió cerrar su historia con la Selección, donde logró ganar un Mundial y disputar dos finales. Además, levantó dos veces la Copa América, ganó los Juegos Olímpicos de 2008 y el Mundial sub 20 de 2005. Se viene una nueva etapa, la de jugar sin el ídolo. 
Martes, 01 de septiembre de 2026 01:23
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

Hay noticias que uno sabe que algún día llegarán, pero cuando finalmente suceden, duelen igual. Lionel Messi anunció su retiro de la Selección argentina y, casi sin darnos cuenta, comenzamos a hablar de él en pasado.

El capitán ya no estará. El Diez ya no será la primera opción para resolver un partido. Ya no habrá que mirar hacia el sector derecho para encontrarlo, ni esperar esa zurda capaz de transformar una jugada común en un momento inolvidable.

Después de más de veinte años, Argentina tendrá que acostumbrarse a una imagen que durante mucho tiempo pareció imposible: una Selección sin Messi.

Fueron dos décadas en las que el fútbol argentino aprendió a convivir con una paradoja. Tener al mejor jugador del mundo significaba una enorme ventaja, pero también una responsabilidad gigantesca. Durante mucho tiempo, la pregunta fue cómo construir un equipo capaz de acompañarlo.

Hoy la pregunta cambió. ¿Cómo construir un equipo después de él?

Messi se va dejando cuatro títulos que modificaron para siempre su historia con la camiseta celeste y blanca: la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar y la Copa América 2024. Pero, por encima de los trofeos, deja algo todavía más difícil de reemplazar: una identidad.

Ya no habrá un salvador

Desde lo futbolístico, la ausencia será enorme. No porque Argentina no tenga jugadores capaces de marcar diferencias, sino porque ninguno puede hacer lo que hacía Messi.

No existe un reemplazo para el jugador que podía recibir lejos del área, conducir, asistir, generar una falta, inventar una jugada o resolver el partido con una definición. Messi era un futbolista y, al mismo tiempo, un sistema.

Durante sus últimos años con la Selección, incluso con el desgaste propio de la edad, encontró otra manera de ser determinante. Dejó de necesitar recorrer todo el campo para influir en cada ataque y comenzó a jugar con mayor libertad, muchas veces como acompañante del delantero.

Con la despedida de Messi de la Selección se cerraron más de dos décadas de su magia que abarcó 207 partidos, 125 goles, 68 asistencias 

En el último Mundial, Lautaro Martínez y Julián Álvarez fueron las alternativas principales para ocupar ese lugar. La Araña terminó ganando terreno y la Selección encontró allí una fórmula que puede ser importante para el futuro. Pero ahora ya no habrá un Messi al que entregarle la pelota.

Argentina deberá repartir esa responsabilidad. Julián, Lautaro, Almada, Mac Allister, Enzo Fernández y los futbolistas que aparezcan en los próximos años tendrán que construir una sociedad diferente.

Paradójicamente, esa puede ser una de las grandes enseñanzas que deja la propia era Messi. El equipo que finalmente consiguió ganar no fue aquel que buscó desesperadamente darle la pelota al Diez, sino aquel que consiguió convencerlo de que no tenía que ganar todos los partidos solo. Scaloni y su cuerpo técnico encontraron esa fórmula. Ahora deberán encontrar otra.

Un vestuario huérfano

La salida de Messi no se sentirá únicamente durante los noventa minutos. También se sentirá dentro del vestuario.

Durante años, su presencia funcionó como una referencia permanente. No necesitaba levantar la voz para liderar. Su historia, su talento y su manera de representar a la Selección alcanzaban para que todos supieran quién era el capitán.

Ahora alguien tendrá que tomar ese lugar. Rodrigo de Paul, Leandro Paredes, Dibu Martínez, Cuti Romero, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Lisandro Martínez y Lautaro Martínez aparecen como nombres naturales para encabezar la nueva etapa. Son futbolistas que crecieron al lado de Messi y que conocen perfectamente lo que significa vestir la camiseta argentina.

La transición, entonces, no debería significar borrar de un día para otro a quienes acompañaron a Messi. Al contrario: quizás sean ellos quienes tengan la tarea más importante, ser los puentes entre dos generaciones.

Los que estuvieron en las derrotas deberán enseñarles a los que llegan lo que costó ganar. Los que levantaron la Copa del Mundo deberán explicarles a los más jóvenes que una camiseta tan pesada no se hereda únicamente con una cinta en el brazo, se hereda con responsabilidad.

Por eso, el próximo capitán será importante, pero mucho más importante será que Argentina encuentre un nuevo liderazgo colectivo. Su lugar tendrá que ser ocupado por un grupo.

¿Qué hará Scaloni?

El entrenador Lionel Scaloni fue una pieza fundamental en la transformación de la Selección. Cuando llegó, Argentina estaba herida, cuestionada y todavía intentando encontrar respuestas después de años de frustraciones. Scaloni construyó algo que parecía difícil: un equipo que dejó de jugar solamente para Messi y comenzó a jugar con Messi.

La diferencia fue enorme. Convirtió a un grupo de futbolistas en una generación campeona. Les dio confianza, les quitó presión y construyó una identidad que terminó coronándose con cuatro títulos.

Su contrato finaliza en diciembre próximo y, aunque manifestó que respetará ese vínculo, todavía no está definido qué sucederá después. Y aquí aparece otra cuestión clave. Si Scaloni continúa, Argentina tendrá una enorme ventaja: el proceso no comenzará de cero.

El entrenador conoce a los futbolistas, conoce sus fortalezas y debilidades y, sobre todo, conoce el vestuario. Sabe cómo fue construido el grupo que acompañó a Messi y puede ser quien conduzca la transición hacia una nueva etapa. Con Messi afuera, Scaloni podría convertirse en el principal garante de la continuidad.

Pero si también se marcha el entrenador, el cambio sería mucho más profundo. Argentina debería encontrar una nueva conducción justamente cuando está obligada a reconstruir su identidad futbolística. Sería perder, prácticamente al mismo tiempo, al rostro y al arquitecto de la etapa más gloriosa de la historia reciente.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Últimas noticias

PUBLICIDAD