El 28 de noviembre de 2016, el vuelo 2933 de LaMia, que trasladaba al plantel de Chapecoense a la final de la Copa Sudamericana, se estrelló contra una montaña en Colombia, en un accidente en el que murieron 71 personas. Este sábado, a casi 10 años de aquella tragedia, se jugará el partido de “La Amistad Eterna” en el estadio Atanasio Girardot de Medellín.
En ese contexto, el periodista y escritor argentino Javier Sinay acaba de publicar “El secreto de los sobrevivientes”, su más reciente libro a través de Tusquets Editores, en el que reconstruye lo ocurrido y hace dialogar la crónica deportiva, el expediente judicial, la catástrofe aeronáutica y distintas preguntas filosóficas.
En el centro de la investigación aparece una cuestión: la voluntad humana que, en determinadas circunstancias, parece imponerse ante la incertidumbre y permite entender cómo algunas personas lograron sobrevivir.
En una entrevista exclusiva con El Tribuno, Sinay contó detalles de su publicación y habló sobre la tragedia, las responsabilidades y las historias de quienes sobrevivieron.
El título del libro plantea una pregunta: ¿por qué algunos le escapan a la muerte? ¿Encontraste una respuesta al terminarlo?
Logré hacer las preguntas que corresponden respecto a ese tema. Logré menos y mejores preguntas. En esta época de la inteligencia artificial, las respuestas están en todos lados y es momento de hacer preguntas profundas. Pero encontré varias respuestas a esa pregunta y a otras.
Los sobrevivientes logran salir adelante por una serie de situaciones, desde cuestiones físicas y estructurales: dónde estaban en el avión y cuán preparados estaban.
También hay una cuestión de suerte. La gerenta de respuesta de emergencias de una reconocida aerolínea me lo dijo. Hay condiciones para sobrevivir que algunas podemos entender y otras no. Hay un azar también. Hay responsabilidades y condiciones.
En el libro contás que el piloto, Miguel Alejandro Quiroga Murakami, era socio y accionista de la aerolínea boliviana. ¿Es total su responsabilidad en la tragedia?
Pareciera ser que la responsabilidad es del piloto. Nunca vamos a terminar de saberlo porque, al morir, no pudo defenderse. El avión cayó por falta de combustible, porque no recargó combustible, y él era uno de los directores de la compañía, que no pagaba sueldos.
Cuando empecé a escribir esa parte, tenía una posición más crítica, pero tantos familiares lo defendían que me hizo pensar. Probablemente prefirió no recargar, pero seguramente era un hombre en crisis.
Le dedicás varias páginas al gol que erró Marcos Angeleri en las semifinales y que podría haber cambiado la historia. Si San Lorenzo pasaba, posiblemente no hubiera ocurrido la tragedia. ¿Te queda la espina de no poder hablar personalmente con él sobre lo que piensa?
Cuando pasa una tragedia, nadie pierde la oportunidad para hablar. Pero respecto a Angeleri, él dio una sola entrevista y dijo: “¿Si yo hubiera hecho ese gol? Tal vez se salvaba”. Esa entrevista me llevó a escribir el libro. No fue la tragedia, fue la cuestión del gol que no fue de Angeleri.
¿Y no se te ocurrió pensar que las víctimas podrían haber sido los jugadores de San Lorenzo?
Era más difícil que un equipo argentino contratara a LaMia. La Selección, con Messi, hizo viajes con esa aerolínea en la época previa a Tapia.
Viajaste a Chapecó para entrevistar a exjugadores, sobrevivientes y empleados del club. ¿Qué sensaciones te quedaron después de la visita?
Me impactó mucho porque en mi mente tenía una atmósfera de dolor y tragedia. Fui ocho años después y, aunque había habido mucho dolor, ya se trataba de un club que estaba saliendo adelante. Voluntad y resiliencia es lo que dicen.
Casi todos los empleados de aquella época habían renunciado. ¿Cómo se sigue adelante? Es la pregunta. En mayor o menor medida, todos atravesamos situaciones y dificultades y hay que tomar decisiones.
Lo que me interesó de hablar con los sobrevivientes es justamente cómo se sale adelante. Algunos, como Hélio Neto, se aferraron a la fe. O Erwin Tumiri, el técnico aeronáutico boliviano, quien me dijo: “Evidentemente, el Señor tiene planes para mí”.
Este sábado se juega un partido homenaje a 10 años de la tragedia. ¿Qué te genera personalmente?
Estoy haciendo lo posible por estar y cerrar un capítulo tan doloroso. Tres años después de la tragedia fui al cerro donde se estrelló el avión. Me acompañó un señor de la zona y había restos muy pequeños, pero pesados para el tamaño que tenían.
Teniéndolos en la mano, me di cuenta de que, al final, tantas ideas y preguntas no tienen tantas respuestas.