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El final de la Supercopa Internacional entre Rosario Central y Estudiantes estuvo marcado por los incidentes. Después del tercer gol del conjunto rosarino, los jugadores de ambos equipos se enfrentaron a golpes en la zona de ingreso a los vestuarios, luego de varios cruces que ya se habían producido dentro del campo de juego durante una final caliente en Santiago del Estero.
Todo comenzó en la última jugada. Fernando Muslera, arquero de Estudiantes, había cruzado toda la cancha para intentar conseguir el empate 2-2. Central recuperó la pelota y salió rápidamente de contra. Julián Fernández definió con la cara externa del pie, con el arco vacío, y marcó el 3-1 definitivo.
Los festejos del gol derivaron en nuevos incidentes y obligaron al árbitro Darío Herrera a detener el encuentro. El partido no se reanudó y, cuando el reloj llegó a los 60 minutos, Herrera decidió proclamar a Rosario Central como campeón de la Supercopa Internacional.
La tensión se trasladó posteriormente a la boca de entrada a los vestuarios, donde futbolistas de ambos equipos volvieron a enfrentarse a golpes.