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Los vehículos aéreos no tripulados (VANT, RPA o drones) en el ámbito agropecuario permiten realizar desde tareas sencillas de observación y monitoreo hasta relevamientos destinados a generar información cartográfica, analizar la variabilidad de los lotes y procesar toda ese cúmulo informativo para colaborar en la toma de decisiones de los productores agropecuarios.
La combinación de drones, sensores, procesamiento fotogramétrico y sistemas de información geográfica permite trabajar con información espacial de alta resolución y analizar la variabilidad existente dentro de la superficie determinada que fue analizada.
Para ello, "una de las primeras cuestiones a considerar es que no existe un único tipo de dron que se adapte a todas las necesidades. La elección del equipo debe estar relacionada con el objetivo del trabajo y con el tipo de información que se pretende obtener", sostuvo Carlos Navarro, técnico de INTA Marcos Juárez y miembro de la Red Nacional de Drones de Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.
Categorías de equipos
Para ello, existen diferentes categorías de equipos con diversas posibilidades de utilización como: drones destinados a fotografía y video, equipos profesionales, cámaras multiespectrales, sensores térmicos, sistemas LiDAR -tecnología de teledetección que emite pulsos de luz láser para medir distancias y crear mapas tridimensionales exactos de la superficie y los objetos- y drones específicamente diseñados para las aplicaciones agrícolas.
En gran medida, los sensores determinan qué tipo de información puede obtenerse. "Una cámara RGB permite trabajar con imágenes similares a las que observa el ojo humano, mientras que los sensores multiespectrales permiten registrar información en diferentes bandas del espectro electromagnético. Esto abre la posibilidad de realizar análisis que no se limitan a la interpretación visual de una fotografía", dijo el especialista del INTA.
Por otra parte, es fundamental tener en cuenta que la calidad de los resultados comienza antes de que el dron remonte vuelo. La planificación de un relevamiento debe contemplar el objetivo del trabajo, la superficie a cubrir, la altura de vuelo, la resolución espacial buscada, la velocidad de desplazamiento y el solapamiento longitudinal y transversal entre fotografías.
"También deben considerarse las condiciones ambientales y meteorológicas, la iluminación y el momento de captura. Una planificación inadecuada o una captura realizada bajo condiciones desfavorables puede afectar el procesamiento fotogramétrico y la calidad de los productos generados", explicó Daniel Di Benedetto, técnico especialista de INTA Marcos Juárez e integrante de la Red Nacional de Drones de INTA.
Procesar la información
Una vez realizada la captura, comienza una etapa fundamental: el procesamiento de las imágenes. Mediante técnicas de fotogrametría y herramientas como OpenDroneMap (ODM), las fotografías obtenidas durante el vuelo pueden ser procesadas para generar productos geoespaciales, entre ellos los ortomosaicos.
El ortomosaico es una imagen aérea o mapa en alta resolución creado mediante la unión (mosaico) de múltiples fotografías. Este material "permite disponer de una representación continua y georreferenciada de la superficie relevada, sobre la cual es posible realizar mediciones, identificar sectores y efectuar diferentes tipos de análisis", afirmó Di Benedetto.
A partir de un ortomosaico es posible realizar mediciones y cálculos de superficie, delimitar sectores y analizar diferencias dentro de un lote. Para ello, es necesario trabajar sobre la organización de las imágenes, la configuración del proyecto, el procesamiento fotogramétrico, la generación del ortomosaico y la interpretación de los productos obtenidos.
De esta manera, se comprende que el vuelo es solamente una parte del trabajo con este tipo de tecnologías: la información adquiere valor cuando puede ser procesada, analizada e interpretada.
El uso de estas tecnologías no pretende reemplazar las observaciones de campo, sino complementarlas mediante una herramienta que permite obtener una visión espacial detallada de grandes superficies, y así seleccionar sectores que posteriormente pueden ser analizados con mayor profundidad.
En definitiva, no solo es fundamental conocer el equipo y realizar un vuelo, sino comprender todo el proceso que permite transformar las imágenes obtenidas desde el aire en información útil para el trabajo agropecuario.