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La fuerte disminución de las poblaciones de chicharrita modificó el escenario sanitario de la campaña. El alivio, sin embargo, no debería relajar la prevención ni desviar la atención del cogollero, históricamente la principal plaga del maíz.
Alejandro Vera, técnico de la EEAOC y coordinador de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, señaló que los relevamientos más recientes muestran una caída marcada de la plaga. La presencia no desapareció, pero descendió hasta niveles que calificó como incipientes.
"Hace un poco más de un mes el panorama era otro", sostuvo. De acuerdo con el último informe de la Red Nacional de Monitoreo y relevamientos de grupos CREA, algunas localidades habían superado las 1.000 chicharritas en los monitoreos quincenales y actualmente registran menos de 10. La reducción cambió las perspectivas respecto de las condiciones observadas durante agosto.
El nuevo escenario no elimina la necesidad de actuar. Vera recomendó controlar los maíces guachos, monitorear los lotes y elegir híbridos con buen comportamiento frente al complejo de achaparramiento. "La genética no es importante: la genética es todo", afirmó al resumir una de las principales enseñanzas dejadas por las últimas campañas.
Genética y manejo
Vera mencionó el tratamiento profesional de las semillas. Ante una presencia inicial de chicharrita, consideró importante que la semilla llegue con triple curado, para brindar protección durante los estadios V2 y V3 y permitir que el cultivo atraviese sus primeras etapas con menor exposición.
La información para elegir los materiales debe buscarse en ensayos regionales y redes de evaluación. La campaña anterior presentó una presión intermedia, que permitió observar diferencias entre híbridos que no habían quedado expuestas durante el ciclo posterior a la epifitia y acompañar la protección genética con decisiones oportunas.
"La campaña 2025/26 no fue ni posepifitia ni epifitia. Fue una campaña intermedia y nos permitió filtrar los híbridos y observar su comportamiento", explicó. Las evaluaciones consideraron los síntomas foliares, pero también el estado de las espigas y su relación con el rendimiento.
Vera recomendó recurrir a las redes de ensayos para comparar materiales. Mencionó la información generada por INTA, la EEAOC y otras redes técnicas, disponible para las distintas regiones productivas. Los ensayos permiten observar qué híbridos presentaron más espigas normales o con síntomas leves y cuáles concentraron daños moderados o severos.
Intervenciones oportunas
La protección inicial debe continuar con el seguimiento del lote. Vera explicó que, cuando la presencia de adultos es baja, puede realizarse una primera intervención con un insecticida de contacto y acción rápida, como un piretroide, sin recurrir necesariamente a una mezcla.
La estrategia cambia con la aparición de ninfas, que puede ocurrir alrededor de dos semanas después de la llegada de los adultos. En ese momento, aproximadamente entre V4 y V5, planteó utilizar una combinación que incluya un neonicotinoide y esté dirigida a controlar los estadios inmaduros, antes de que la población aumente.
También se refirió a los insecticidas del grupo 30, que presentan persistencia sobre la hoja. Vera consideró que deberían aplicarse cuando el maíz posee un mayor volumen de biomasa, alrededor de V6, V7 o V8, y no durante los primeros estadios, para proteger al cultivo frente a la población presente y a posibles migraciones desde otros lotes.
Como referencia para decidir la aplicación, planteó intervenir con poblaciones inferiores a una chicharrita por planta. En esas condiciones, afirmó que las eficacias pueden ubicarse entre 70 y 80 %. Cuando la presencia supera dos individuos por planta, los resultados pueden caer por debajo del 50 %.
Vera planteó además la posibilidad de intervenir en etapas más avanzadas para reducir la población que llegará al invierno. Aunque el vector presente durante el período reproductivo no siempre afecte el rendimiento, disminuir su número puede reducir la presión que deberá soportar el sistema durante los meses fríos.
Los productos biológicos también podrían ocupar un lugar dentro de esa estrategia. En lugar de utilizarlos como una respuesta general, propuso posicionarlos sobre ninfas y en etapas avanzadas del cultivo, donde podrían complementar las herramientas químicas y contribuir a disminuir la población remanente.
El lugar del cogollero
"La plaga más importante del maíz históricamente es Spodoptera frugiperda y creo que muchas veces el árbol no tiene que tapar el bosque", sostuvo. La irrupción de la chicharrita y las pérdidas provocadas por la epifitia concentraron la atención técnica y productiva. Mientras tanto, comenzaron a observarse fallas de control sobre cogollero en distintas zonas.
Vera señaló que la tecnología Vip3A perdió parte de la contundencia que mostraba una década atrás, incluso en materiales con eventos apilados. La afirmación no significa que todos los híbridos respondan de la misma manera, pero obliga a observar el comportamiento de cada tecnología y no descansar exclusivamente en la protección genética.
"La premisa es tener un buen timing de aplicación", remarcó. Esa oportunidad sólo puede determinarse mediante recorridas frecuentes, que permitan detectar la plaga antes de que alcance estadios más difíciles de controlar o avance el daño dentro del cogollo.
Volver al lote
Durante años, la biotecnología permitió simplificar el manejo del maíz y redujo la frecuencia de las recorridas. Muchos productores concentraron sus decisiones en lograr una buena implantación y ajustar la fertilización, confiando el control de insectos a los eventos incorporados en los híbridos.
El cambio en el comportamiento del cogollero obliga a revisar esa práctica. Vera recomendó ingresar al cultivo cada tres o cuatro días, observar la presencia y el desarrollo de la plaga y decidir las aplicaciones antes de que el daño avance.
"El cogollero nos desafía a quedarnos, a no salir de vacaciones, a ponernos las botas y el overol y entrar al campo", afirmó. La frase resume el cambio que propone: abandonar la confianza exclusiva en la biotecnología y recuperar la observación directa del cultivo.
La nueva campaña encuentra menos chicharritas que las proyectadas durante el invierno, pero mantiene la necesidad de trabajar sobre el maíz guacho, la genética y el monitoreo. Al mismo tiempo, el cogollero vuelve a exigir atención y confirma que ninguna herramienta aislada puede reemplazar el seguimiento continuo del lote.
Autor: Belisario Saravia Olmos, El Tribuno Campo, editor.