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Criptococosis: una infección que puede afectar varios órganos

Puede comprometer vías respiratorias, piel, ojos y sistema nervioso central. El diagnóstico temprano y el seguimiento veterinario son claves.

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La criptococosis es una infección fúngica sistémica más frecuente tanto en los gatos como en los perros. La causan hongos del género Cryptococcus, principalmente C. neoformans y C. gattii, con distribución mundial y más restringida, respectivamente.

Este hongo está presente en el ambiente y se asocia con deyecciones de palomas. Muchos gatos enfermos, sin embargo, no tuvieron contacto conocido con estas aves. La inhalación de partículas se considera la principal vía de ingreso y la exposición puede pasar inadvertida.

Las vías respiratorias superiores son el sitio más frecuente, aunque también pueden afectarse la piel, los ojos y el sistema nervioso central. Se ha señalado una posible sobrerrepresentación de los siameses. La relación con los virus de la leucemia felina (ViLeF) y de la inmunodeficiencia felina (VIF) no está definida con precisión.

La cápsula de mucopolisacáridos que rodea al hongo contribuye a protegerlo de las defensas. La infección no suele transmitirse directamente entre gatos, personas u otras mascotas: la exposición ocurre desde el ambiente. Un caso puede advertir sobre la presencia del hongo en el entorno.

Signos respiratorios

En muchos gatos, los primeros signos comprometen la nariz. Son frecuentes los estornudos, los resoplidos y la dificultad progresiva para inspirar. La secreción nasal es variable y puede acompañarse de hinchazón sobre el puente de la nariz. En algunos pacientes aparece una masa carnosa que sobresale por una o ambas ventanas nasales o crece en la cavidad nasal y la nasofaringe.

Si la masa dificulta el paso del aire, puede aparecer estridor, un ruido más notorio durante la inspiración. También pueden agrandarse los ganglios linfáticos debajo de la mandíbula. La tumefacción o una masa nasal orientan la sospecha, pero no confirman la enfermedad.

Cuando el hongo alcanza el sistema nervioso central, los signos suelen comenzar de manera crónica. Pueden presentarse convulsiones, ceguera y cambios de comportamiento. La piel y los tejidos subcutáneos también pueden afectarse, generalmente en cuadros diseminados. Se observan nódulos solitarios o múltiples, a veces ulcerados o con drenaje de material gelatinoso, y heridas que no cicatrizan.

Los ojos también pueden afectarse. La inflamación puede comprometer estructuras de la cámara posterior en uno o ambos ojos. Entre los hallazgos posibles figuran pupilas dilatadas y sin respuesta normal a la luz, coriorretinitis y neuritis óptica.

Diagnóstico

La criptococosis debe sospecharse ante signos respiratorios persistentes, en especial secreción nasal, asimetría, tumefacción o una masa carnosa. La citología de aspirados, hisopados o exudados puede identificar rápidamente las levaduras características.

La prueba de aglutinación en látex (LAT) detecta antígenos asociados con la cápsula del hongo. Es sensible y específica, contribuye al diagnóstico y puede utilizarse para seguir la evolución durante el tratamiento. Sus resultados se interpretan junto con el examen clínico.

Las radiografías de cráneo y tórax pueden mostrar cambios respiratorios o lesiones pulmonares, pero no confirman la infección. Son estudios complementarios a la citología y las pruebas de antígeno.

Tratamiento

El manejo requiere antifúngicos durante un período prolongado. La elección del fármaco y la dosis dependen de los órganos afectados, la extensión de la infección y el estado del gato. Se utilizan itraconazol y fluconazol; este último puede considerarse ante compromiso del sistema nervioso central por su mejor llegada a ese tejido.

En cuadros graves o diseminados, el veterinario puede evaluar otras alternativas, como anfotericina B combinada con flucitosina. La función renal, la tolerancia a los medicamentos y la respuesta clínica deben controlarse. Ningún antifúngico debe modificarse sin indicación profesional.

Durante la terapia se realizan controles periódicos. La LAT puede repetirse para observar la evolución de los títulos, junto con el examen clínico y la respuesta de las lesiones. Un descenso puede acompañar una evolución favorable, pero no basta por sí solo para decidir cuándo finalizar la medicación.

El diagnóstico temprano y los antifúngicos mejoraron el pronóstico. Muchos gatos responden con terapia adecuada y controles sostenidos. La enfermedad avanzada, el deterioro general o el compromiso de órganos importantes justifican un pronóstico reservado.

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