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Maravillas de la vida animal: parvada, cardumen y manada

Agruparse permite a muchos animales protegerse de los depredadores y aumentar sus posibilidades de supervivencia.
Domingo, 25 de octubre de 2026 09:25

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Mientras unos comen, otros pueden advertir la llegada de un enemigo. Una parvada de aves, un cardumen de peces o una manada de mamíferos reúne muchos ojos atentos. Para un cazador, en cambio, es más difícil sorprender a una presa y separarla del conjunto.

Protección compartida

En África, enormes grupos de flamencos tiñen de rosa los lagos alcalinos del valle del Gran Rift. Sus aguas cáusticas, que pocos animales grandes pueden tolerar, contienen algas flotantes y pequeños organismos que habitan en el barro del fondo.

Allí conviven flamencos mayores y enanos, los enanos comen algas y los mayores buscan organismos en el barro. Las orillas de estos lagos representan una defensa natural frente a los depredadores terrestres. Por eso, los flamencos construyen allí sus nidos y forman grandes colonias.

Las aves adultas se desplazan para obtener alimento y agua dulce, que también utilizan para lavar sus plumas. En esos viajes masivos pueden aprovechar las corrientes de aire generadas por las compañeras que vuelan cerca. Luego regresan a los lagos alcalinos, donde los flamencos enanos forman un intenso manto rosado.

La concentración de tantas aves también reduce la posibilidad de que alguna quede aislada. Para los flamencos, mantenerse dentro de la colonia complementa la protección natural que ofrecen las orillas de estos lagos.

También los estorninos buscan protección en sus bandadas. Cuando perciben un ave rapaz, se reúnen en formaciones cerradas y cambian de dirección conjuntamente. Los depredadores suelen tener más posibilidades de capturar a un individuo aislado que elegir una presa entre muchas aves en movimiento.

Movimiento coordinado

Bajo el agua ocurre algo similar. Los arenques forman bancos o cardúmenes que avanzan en busca de alimento. La concentración de tantos peces dificulta que un cazador identifique a uno en particular. Mantenerse dentro del grupo aumenta las oportunidades de sobrevivir. Un cardumen parece moverse como un solo animal. Cada pez responde rápidamente a los movimientos del que nada a su lado. Así, el conjunto puede girar o cambiar de rumbo casi al mismo tiempo.

La rapidez de reacción es decisiva. Un cambio en la trayectoria de algunos peces se transmite a los vecinos y, en instantes, todo el banco modifica su rumbo.

Los pargos y jureles también nadan agrupados cuando buscan alimento. En el mar Rojo, los peces conocidos como ojos de vidrio muestran una coordinación semejante: incluso durante un ataque permanecen juntos y reaccionan en cadena.

Esa conducta no significa que cada pez busque proteger a los demás. Al mantenerse rodeado de compañeros, intenta reducir su propia exposición e interponer otros cuerpos entre él y el atacante. Los individuos más lentos o los que se apartan quedan más expuestos a ser capturados.

Vigilancia colectiva

En tierra, los avestruces también encuentran protección en el grupo. Son aves de gran tamaño que no pueden volar. Los machos alcanzan unos 2,4 metros de altura y pesan alrededor de 150 kg. Su plumaje negro no los camufla; las hembras son menores y menos llamativas.

Para alejarse del peligro dependen de su buena vista y de su velocidad, que puede llegar a 72 kilómetros por hora. Pero cuando se alimentan, necesitan prestar atención a lo que sucede a su alrededor.

Los avestruces comen hojas, flores y semillas, por lo que mantienen la cabeza cerca del suelo durante buena parte del tiempo. En grupo, uno o dos individuos pueden permanecer erguidos y vigilantes mientras el resto se alimenta.

Así pueden dedicar más tiempo a comer. Un avestruz solitario debe levantar la cabeza cada tanto para comprobar que no se acerca un enemigo. Si deja pasar demasiado tiempo entre una observación y otra, puede ser sorprendido.

Cuando varios comparten el espacio, la presencia de aves atentas reduce ese riesgo. No necesitan vigilar todos a la vez: alcanza con que algunos mantengan la cabeza en alto mientras los demás buscan comida.

Esta vigilancia compartida es especialmente valiosa en la alimentación, cuando los avestruces tienen la cabeza baja y no pueden observar todo lo que ocurre. Dentro del grupo, la tarea puede repartirse entre varios individuos.

A veces los avestruces se mezclan con manadas de ñus y cebras, que también obtienen ventajas de la vida colectiva. Cuanto más numeroso es el grupo, mayores son las posibilidades de advertir el peligro. Los cazadores suelen atrapar a los ejemplares más jóvenes, viejos o enfermos, que encuentran mayores dificultades para escapar.

Parvadas, cardúmenes y manadas muestran cómo reunirse con otros puede dar más oportunidades de alimentarse, advertir el peligro y sobrevivir.

Por Walter Octavio Chihán, médico veterinario

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