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Innovar en agricultura también significa probar alternativas que todavía no tienen un lugar definido dentro de los planteos productivos. Con esa mirada trabaja la Chacra Aapresid Latitud 28°, integrada por siete empresas agropecuarias del NOA que, junto con especialistas del INTA, la EEAOC y universidades, buscan desarrollar sistemas productivos adaptados a los ambientes desafiantes del norte argentino.
Con el apoyo de empresas como Valley y Bauer-Criolani, la Chacra desarrolla diferentes líneas de investigación en esquemas bajo riego. Los trabajos incluyen el ajuste del manejo de trigo, maíz y soja, pero también la incorporación de nuevos cultivos y tecnologías.
Entre las experiencias más recientes aparecen tres líneas: cultivos de servicios de origen tropical, siembra aérea de vicia mediante drones y soja de primavera como alternativa para elevar los potenciales de rendimiento e intensificar las rotaciones.
Cultivos tropicales
La búsqueda de cultivos de servicios capaces de adaptarse a las condiciones ambientales del NOA llevó a evaluar especies todavía poco utilizadas en los sistemas agrícolas de la región.
Una de ellas es Lablab purpureus, una leguminosa anual rastrera y de rápido crecimiento que fue implantada en consociación con sorgo boliviano, utilizado como soporte para favorecer su desarrollo en altura.
"Los resultados hasta ahora dan pie para seguir investigando: buena implantación, buen desarrollo y una cobertura densa capaz de contribuir al control de malezas y a la reducción de la erosión", explicó Esteban Arroyo, responsable técnico de Desarrollo de la Chacra.
También se trabaja con Mucuna pruriens, otra leguminosa tropical utilizada como cultivo de servicios, especialmente por su rápido crecimiento y elevada capacidad para fijar nitrógeno atmosférico. Según la bibliografía citada por los técnicos, puede alcanzar valores cercanos a los 150 kg de nitrógeno por hectárea.
El cultivo fue sembrado en noviembre de 2025 y logró una abundante cobertura. Si bien las bajas temperaturas del invierno terminaron secándolo, la biomasa generada permitió limitar el desarrollo de malezas.
"La idea es destinar el lote a algún cultivo estival", indicó Arroyo.
Estas experiencias buscan ampliar el abanico de especies disponibles para los cultivos de servicios, incorporando alternativas capaces de aportar biomasa, cobertura, fijación de nitrógeno y protección del suelo bajo las condiciones particulares del norte argentino.
Vicia con dron
Otra de las tecnologías evaluadas fue la siembra aérea de vicia mediante drones, comparada con una implantación terrestre convencional.
Para la siembra aérea se utilizaron 40 kg de semilla por hectárea, mientras que en la terrestre la dosis fue de 25 kg/ha. La cantidad de plantas logradas resultó menor con el dron: 36 plantas por metro cuadrado frente a 58 en la siembra convencional.
Sin embargo, la posibilidad de ingresar antes al lote permitió adelantar alrededor de 30 días la implantación y aprovechar mejor las temperaturas del otoño. La vicia sembrada mediante dron alcanzó un ciclo de 113 días, contra 85 días de la implantada por vía terrestre.
Ese mayor período de crecimiento tuvo un impacto importante sobre la producción de biomasa. La siembra aérea alcanzó 4.619 kg de materia seca por hectárea, prácticamente el doble de los 2.345 kg obtenidos con el sistema terrestre.
La posibilidad de adelantar la siembra se ve favorecida en estos planteos por la disponibilidad de riego, que permite asegurar humedad durante la implantación y el desarrollo del cultivo.
El ensayo también dejó aspectos por ajustar. Arroyo señaló que será necesario reducir la densidad utilizada y mejorar la uniformidad de distribución de las semillas, ya que al momento del secado se observaron sectores con menor cobertura.
Más allá de la comparación entre ambas tecnologías, la experiencia busca determinar si la siembra aérea puede ampliar las ventanas de implantación cuando las condiciones del lote dificultan o retrasan el ingreso de maquinaria terrestre.
Soja temprana
La tercera línea de trabajo apunta a explorar si la soja puede ocupar una nueva ventana dentro de los sistemas bajo riego del NOA.
Los ensayos contemplan materiales de grupos de madurez IV a VI, distintas densidades y diferentes distanciamientos entre hileras, con fechas de siembra previstas entre agosto y septiembre según las condiciones de cada zona.
El objetivo es determinar si una implantación muy temprana permite aprovechar mejor la radiación disponible durante los períodos críticos del cultivo y alcanzar altos potenciales de rendimiento.
La hipótesis de trabajo plantea que las siembras de primavera podrían superar los 5.000 kg por hectárea gracias a una mayor captura de radiación, mientras que el riego permitiría reducir los efectos de las elevadas temperaturas y sostener la disponibilidad de agua.
Al mismo tiempo, la alternativa podría abrir la posibilidad de incorporar un esquema de doble cultivo primavera-verano, aumentando la intensidad de los sistemas agrícolas regados.
Los técnicos también deberán evaluar los posibles riesgos, especialmente el estrés térmico hacia el final del ciclo, que podría afectar la formación y el llenado de los granos.
La Chacra Latitud 28° busca así generar información propia para condiciones productivas que muchas veces quedan fuera de los esquemas tradicionales de investigación. Más que validar únicamente prácticas conocidas, el desafío es explorar nuevas combinaciones capaces de ampliar las posibilidades productivas del NOA.