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Las orejas del perro son motivo frecuente de consultas veterinarias. Muchas veces una higiene adecuada permite prevenir trastornos menores, pero cuando aparecen dolor, inflamación, secreciones o mal olor, el problema puede requerir tratamiento médico e incluso cirugía.
El oído interviene en la audición y el equilibrio. El oído medio y el interno son de competencia veterinaria, mientras que el pabellón auricular y la entrada del conducto externo pueden recibir cuidados básicos por parte del propietario.
Nociones de anatomía
La oreja se compone del pabellón y del conducto auditivo externo. Según la raza, el pabellón puede ser erecto, semicaído o completamente caído. También varía la cantidad de pelo presente en su interior.
El conducto auditivo comienza con un tramo vertical y continúa con otro horizontal que llega hasta el tímpano. Esta forma dificulta la ventilación y favorece la acumulación de cerumen y humedad. También explica por qué una limpieza incorrecta puede empujar la suciedad hacia zonas más profundas.
Higiene
El canal auditivo posee glándulas productoras de cerumen. Esta secreción cumple una función protectora y no debe eliminarse en exceso. El problema aparece cuando se acumula o cambia de aspecto, olor o consistencia. Cuando es necesario, pueden utilizarse limpiadores o productos ceruminolíticos formulados para uso ótico. Se aplica la cantidad indicada, se masajea suavemente la base de la oreja y luego se permite que el perro sacuda la cabeza. El material desprendido puede retirarse de las zonas visibles con una gasa o algodón.
No conviene introducir bastoncitos de algodón dentro del conducto. Pueden empujar el cerumen hacia el tramo horizontal, compactarlo o producir lesiones. Su uso debe limitarse a las partes externas y visibles del pabellón.
Tampoco deben aplicarse alcohol, agua oxigenada, gotas humanas u otras soluciones caseras sin indicación profesional. Si existe una lesión del tímpano, algunos productos pueden resultar perjudiciales.
En perros con abundante pelo dentro del conducto, su retiro debe evaluarse en cada caso. La depilación rutinaria puede irritar la piel y favorecer la inflamación. Si está indicada, es preferible que la realice personal capacitado.
Otitis externa
La inflamación del conducto auditivo externo es uno de los problemas más frecuentes. Puede comenzar con enrojecimiento, picazón, sacudidas repetidas de la cabeza o rascado. En cuadros más avanzados aparecen dolor, secreciones, olor intenso y engrosamiento del conducto.
Las causas son variadas: alergias, exceso de humedad, cuerpos extraños, parásitos, enfermedades de la piel y características anatómicas.
Por eso no existe un tratamiento único para todas las otitis. El veterinario debe examinar el oído con un otoscopio y, cuando corresponde, tomar muestras para identificar los microorganismos presentes.
Los ácaros pueden provocar otitis parasitaria, sobre todo en animales jóvenes o que conviven con otros perros o gatos. Suelen producir picazón intensa y secreción oscura, aunque el diagnóstico debe confirmarse antes del tratamiento.
Cuidados médicos
Un perro con dolor puede resistirse a la manipulación de la oreja e incluso intentar morder. Forzarlo puede aumentar el dolor y provocar lesiones. En estos casos, el manejo debe realizarse con precaución y siguiendo las indicaciones del veterinario.
Las otitis crónicas pueden ser difíciles de resolver. La inflamación persistente engrosa la piel, estrecha el conducto y reduce la eficacia de los tratamientos locales. Las recaídas son frecuentes cuando no se controla la causa primaria.
En cuadros graves o prolongados puede ser necesaria la cirugía. Las técnicas dependen de la lesión y del grado de obstrucción, y pueden ir desde procedimientos para mejorar el drenaje hasta la extirpación del canal auditivo enfermo.
Prevención
La mejor prevención consiste en revisar periódicamente las orejas. Un oído sano no debería presentar dolor, olor fuerte, secreciones abundantes ni enrojecimiento marcado. Después del baño o de nadar conviene secar bien la parte externa, especialmente en perros de orejas caídas.
La limpieza no debe transformarse en una rutina excesiva. En animales sin antecedentes y con oídos normales puede ser innecesaria. Los perros predispuestos, en cambio, pueden requerir controles y pautas de higiene regulares.
Sacudidas frecuentes de la cabeza, rascado insistente, dolor al tocar la oreja, mal olor o secreciones justifican una consulta. Detectar los cambios a tiempo ayuda a evitar que una irritación leve evolucione hacia una otitis crónica.
Por Walter Octavio Chihán, médico veterinario