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Triquinosis: la prevención vuelve al centro antes de la temporada de invierno

La enfermedad puede transmitirse por carne porcina o de animales silvestres sin controles adecuados.
Domingo, 24 de mayo de 2026 07:53
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Antes del inicio del invierno, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) puso en marcha su campaña anual de prevención de la triquinosis, una enfermedad que vuelve a cobrar relevancia en la Argentina durante los meses de bajas temperaturas. En esta época, en muchas zonas del país se elaboran de manera casera chacinados, embutidos y salazones, aprovechando el frío para los procesos de maduración.

La advertencia apunta a productores, elaboradores, cazadores y consumidores, porque la enfermedad puede ingresar a la cadena alimentaria en distintos momentos. La triquinosis es una parasitosis que se transmite a las personas por el consumo de carne o productos cárnicos crudos o insuficientemente cocidos que contienen larvas de Trichinella spp. Entre los alimentos de mayor riesgo se encuentran fiambres artesanales, chorizos, salamines, jamón crudo y preparaciones elaboradas con carne porcina o de animales silvestres.

El aspecto más complejo de la enfermedad es que el animal infectado no presenta señales visibles. En los cerdos, la infección es subclínica: no hay síntomas que permitan advertir el problema en el criadero ni alteraciones evidentes en la carne. El color, el olor, el sabor y el aspecto pueden mantenerse normales, aun cuando el producto contenga larvas del parásito. Por eso, la prevención y el análisis de la carne son las herramientas centrales para reducir el riesgo.

Luego de la ingesta, las larvas pueden instalarse en los músculos de las personas. El cuadro clínico puede incluir síntomas característicos, como hinchazón de párpados, o manifestaciones menos específicas, entre ellas fiebre, dolores musculares y diarrea. La gravedad depende de la cantidad de larvas ingeridas y del estado general de salud de cada persona, por lo que la enfermedad puede evolucionar hacia cuadros más severos.

Controles en producción

Para el SENASA, los pequeños y medianos productores porcinos cumplen un papel clave en la prevención. La recomendación central es mantener buenas condiciones higiénico-sanitarias en los predios y asegurar una alimentación adecuada de los animales. En ese punto, hay dos medidas que resultan decisivas: controlar los roedores y evitar que los cerdos accedan a basurales o consuman restos de otros animales.

Los roedores pueden actuar como portadores del parásito y convertirse en una vía de transmisión dentro de los establecimientos. A su vez, la alimentación con desperdicios crudos o restos de origen animal favorece la continuidad del ciclo parasitario. Por eso, el manejo del ambiente, la limpieza y el control de posibles fuentes de infección son aspectos tan importantes como la sanidad del rodeo.

Cada vez que se faenen animales, el organismo sanitario remarca la necesidad de analizar una muestra de carne, especialmente de músculo, mediante la Técnica de Digestión Artificial en un laboratorio habilitado. Ese procedimiento permite descartar la presencia del parásito y confirmar que la carne o los productos derivados se encuentran aptos para el consumo. Sin ese análisis, no existe una garantía segura de inocuidad, aun cuando la faena sea para consumo familiar o para una elaboración limitada.

Compra y cocción

En el caso de los consumidores, una de las principales recomendaciones es verificar siempre que los fiambres, chacinados y productos porcinos cuenten con etiqueta o rótulo. Esa identificación debe indicar que fueron elaborados en un establecimiento habilitado y bajo controles sanitarios. La compra de productos caseros sin rotular, aunque provengan de circuitos conocidos, representa un riesgo si no se puede comprobar el origen de la carne ni el análisis correspondiente.

La cocción adecuada también es una barrera fundamental. El SENASA recuerda que la carne porcina debe cocinarse hasta que todo el interior de la pieza pierda el color rosado. Esa condición permite asegurar que, en caso de haber existido contaminación, se alcanzaron temperaturas superiores a los 70 °C en toda la carne durante el tiempo necesario para eliminar las larvas.

La prevención no depende solo del consumidor final. Quienes elaboran productos caseros deben partir de carne analizada y segura, porque los procesos de salazón, ahumado, secado o maduración no reemplazan el control sanitario. En los productos que se consumen crudos o sin cocción posterior, como salamines o jamón crudo, el análisis previo resulta indispensable.

Caza y autoconsumo

El SENASA también pone el foco en los cazadores, tanto deportivos como quienes cazan jabalíes para control de fauna o autoconsumo. Los restos de la actividad que quedan abandonados en el campo pueden transformarse en una fuente de infección para otros animales y favorecer la propagación del parásito. Por ese motivo, las carcasas no deben dejarse en el ambiente: deben eliminarse o disponerse de manera correcta.

Cuando la carne de animales silvestres se destina al autoconsumo, también debe analizarse mediante la Técnica de Digestión Artificial. La recomendación es la misma que para la producción porcina: no confiar en el aspecto de la carne ni en la ausencia de signos visibles, porque la triquinosis no puede detectarse a simple vista.

La campaña del organismo sanitario insiste en un mensaje claro: prevenir la triquinosis es posible si se incorporan buenos hábitos en la producción, la elaboración, la compra y la cocción de los alimentos. En una época del año en la que aumenta la elaboración de productos porcinos caseros, los controles y las prácticas responsables son la principal defensa para evitar la enfermedad y cortar el ciclo de transmisión.

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