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Una nueva etapa para el cultivo en el país

La nueva variedad, desarrollada por el INTA y Gensus, combina características deseadas para el cultivo y resistencia a imidazolinonas.
Domingo, 14 de junio de 2026 10:05

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El algodón argentino incorporó una innovación genética que promete marcar un punto de inflexión para la cadena productiva. Se trata de Arandú INTA BGRR IMI cott, una variedad desarrollada a partir de años de trabajo en mejoramiento, que ya fue registrada en el Instituto Nacional de Semillas (INASE) y estará disponible en etapa precomercial.

La principal diferencia de Arandú es que será la primera variedad de algodón resistente a herbicidas del grupo de las imidazolinonas que se cultivará en la Argentina: una característica sin antecedentes en el mundo para este tipo de material.

El desarrollo fue presentado el 10 de junio en la planta de Gensus, Avia Terai, Chaco. "Presentamos una tecnología desarrollada desde Chaco, con conocimiento local, articulación científica y foco en los problemas reales del productor algodonero. Arandú no es una promesa: es una herramienta disponible, validada y orientada a mejorar la competitividad del cultivo", señaló Pablo Vaquero, presidente de Gensus.

"Este desarrollo responde a una demanda del sector productivo vinculada a la necesidad de incorporar nuevas herramientas tecnológicas para el manejo del cultivo y ampliar la oferta de germoplasma", explicó Mauricio Tcach, investigador del INTA.

La nueva variedad representa, además, el primer resultado tangible de la iniciativa impulsada por el INTA, Gensus y otros actores de la cadena algodonera. El objetivo de ese trabajo conjunto es dinamizar la incorporación de innovaciones genéticas y generar una oferta varietal más amplia para los sistemas productivos argentinos.

Un nuevo camino

"Arandú es el primer avance del Nuevo Camino del Algodón, una propuesta que contempla innovaciones tecnológicas en genética y manejo para los próximos 5 años", señaló Tcach. En ese marco, adelantó que el programa prevé la inscripción de 10 nuevas variedades en ese período.

El nombre elegido tiene un significado particular. Arandú significa "sabiduría" en guaraní y busca reflejar el proceso que dio origen al material. Según explicó Tcach, "esta variedad integra la sabiduría de los productores algodoneros, ya que fue seleccionada tomando en cuenta atributos que ellos nos sugirieron incluir en una variedad".

Entre esos atributos aparecen un ciclo más largo, mayor plasticidad y una arquitectura de planta diferenciada respecto de los materiales actualmente disponibles en el mercado. Esas características apuntan a ofrecer una opción con mejor adaptación a distintos ambientes y condiciones de manejo.

De acuerdo con los resultados obtenidos durante su evaluación, Arandú presenta una estructura de planta abierta, con una mejor diferenciación entre ramas vegetativas y fructíferas. Esa arquitectura se asocia con una mayor cantidad de puntos de producción y favorece el crecimiento y la maduración del cultivo.

El comportamiento productivo es uno de los aspectos que más expectativas genera. Los ensayos realizados mostraron que el nuevo material logró destacarse por su estabilidad y por mantener rendimientos superiores frente a variedades comerciales ampliamente difundidas.

"Arandú demostró una mejor estabilidad de rendimientos y una productividad superior", afirmó el investigador. Los resultados obtenidos en dos campañas consecutivas permitieron observar que el material sostuvo su desempeño en contextos productivos diferentes.

Fibra y sanidad

Otro de los puntos fuertes del nuevo cultivar aparece en la calidad de la fibra, una variable clave para toda la cadena textil. Los análisis realizados mostraron que Arandú logró combinar una excelente longitud de fibra con altos niveles de productividad, una asociación poco frecuente dentro de los programas de mejoramiento.

La sanidad constituye otro de los pilares de esta nueva genética. Arandú incorpora resistencia a las principales enfermedades que afectan al algodón, un aspecto central para reducir riesgos productivos y mejorar la estabilidad de los lotes.

"El material combina productividad, calidad, estabilidad, excelente maduración, resistencia a bacteriosis y enfermedad azul, resistencia a glifosato e imazapyr y resistencia a lepidópteros", resumió Tcach.

La resistencia a imazapyr, herbicida perteneciente al grupo de las imidazolinonas, aparece como una de las novedades más relevantes del lanzamiento. Esta característica puede aportar una nueva herramienta para el manejo de malezas, uno de los desafíos frecuentes en los sistemas algodoneros.

La incorporación de esta tecnología se suma a otros atributos ya valorados por los productores, como la resistencia a glifosato y a lepidópteros. En conjunto, el paquete genético busca mejorar la eficiencia del manejo, sostener la productividad y ampliar las alternativas disponibles para el cultivo.

Una oferta más amplia

La llegada de Arandú se inscribe en una estrategia más amplia que busca renovar la genética disponible para el algodón argentino. La iniciativa reúne al INTA, a la empresa semillera Gensus y a distintos actores de la cadena algodonera con una meta ambiciosa: ampliar significativamente la oferta varietal disponible mediante el desarrollo de nuevos materiales con mejoras en productividad, calidad de fibra, sanidad y estabilidad.

"Este proceso permitirá alcanzar incrementos significativos en productividad y calidad de fibra en un período relativamente corto", sostuvo Tcach.

Con Arandú como primer exponente, el programa comienza a mostrar sus resultados. La expectativa ahora está puesta en la llegada de esta variedad a los lotes comerciales y en el impacto que pueda generar una genética que incorpora una característica inédita para el cultivo.

Para la cadena algodonera argentina, el desarrollo representa mucho más que la inscripción de una nueva variedad. También expresa una apuesta por recuperar dinamismo tecnológico, fortalecer el mejoramiento local y ofrecer a los productores materiales adaptados a las necesidades concretas del sistema productivo.

En una actividad que requiere productividad, calidad industrial y herramientas de manejo cada vez más precisas, Arandú aparece como una innovación con potencial para abrir una nueva etapa. Su desempeño en la etapa precomercial será clave para medir el alcance real de una genética que llega con expectativas altas y con el respaldo de un trabajo público-privado orientado a renovar el algodón argentino.

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