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Walter Chihán, médico veterinario
El lagrimeo excesivo y el ojo seco son alteraciones frecuentes en perros y gatos. Aunque a veces parecen problemas menores, pueden causar irritación, dolor, lesiones en la córnea y pérdida de visión si no se diagnostican y tratan a tiempo.
La lágrima no solo humedece el ojo. También protege la córnea, arrastra partículas y participa en la defensa frente a microorganismos. Por eso, cualquier falla en su producción, composición o drenaje puede convertir un síntoma común, como el ojo húmedo o con legañas, en una enfermedad que requiere atención veterinaria.
Dos cuadros suelen confundirse. El lagrimeo es el aumento de producción de lágrimas, muchas veces como respuesta a una irritación. La epífora, en cambio, es el derrame anormal de lágrimas por encima del borde palpebral, generalmente porque el sistema de drenaje no funciona bien.
Para interpretar estos signos hay que revisar el ojo en forma completa. Una pestaña mal dirigida, un cuerpo extraño, una conjuntivitis, una úlcera corneal, un defecto de posición de los párpados o una obstrucción del conducto nasolagrimal pueden generar manifestaciones parecidas.
En razas pequeñas, y especialmente en caniches y perros de cara corta, son frecuentes las alteraciones del drenaje lagrimal. Puede haber puntos lagrimales muy estrechos, mal posicionados o imperforados. En esos casos, la lágrima no llega normalmente hacia la nariz y se derrama en la cara.
Además de la molestia, la epífora produce manchas oscuras en el pelo, humedad permanente y dermatitis en la zona periocular. Aunque muchas consultas empiezan por una razón estética, el problema de fondo puede ser anatómico, inflamatorio o infeccioso.
El diagnóstico se apoya en la exploración oftalmológica. Una prueba simple consiste en colocar fluoresceína en el ojo y observar si el colorante aparece luego en la nariz. Si esto sucede, el sistema nasolagrimal está permeable. Si no aparece, el veterinario puede sospechar obstrucción o malformación.
Cuando los puntos lagrimales son demasiado estrechos o no existen, el tratamiento puede requerir dilatación o apertura quirúrgica. Si la causa es una obstrucción por inflamación o secreciones, el abordaje cambia.
Ojo seco
El otro gran grupo de patologías lagrimales es la queratoconjuntivitis seca, conocida como QCS u "ojo seco". Este síndrome aparece cuando la película lagrimal es insuficiente o de mala calidad. La forma más común es cuantitativa, por baja producción de la porción acuosa de la lágrima.
En la fase aguda pueden verse enrojecimiento, dolor, blefaroespasmo, secreción espesa y pequeñas úlceras puntiformes en la córnea. Sin embargo, en muchos animales la enfermedad avanza de manera silenciosa. El ojo se vuelve opaco, sin brillo, sucio y con legañas persistentes.
La QCS no tratada puede complicarse con úlceras profundas, perforación corneal y pigmentación progresiva. Esa pigmentación, típica en cuadros crónicos, reduce la transparencia de la córnea y puede comprometer la visión.
Las causas son variadas. En perros mayores puede asociarse con deterioro de la glándula lagrimal. También puede aparecer por enfermedades inmunomediadas, defectos de posición de los párpados, traumatismos, cirugías o uso de algunos medicamentos. En razas como cocker spaniel, pequinés y schnauzer miniatura existe predisposición.
El diagnóstico de la QCS se realiza principalmente con el test de Schirmer, que mide la producción lagrimal durante un minuto. También se usa fluoresceína para detectar úlceras corneales. Estos estudios son importantes porque un ojo seco puede confundirse con conjuntivitis crónica.
El tratamiento depende de la causa y de la gravedad. En la mayoría de los casos se combinan lágrimas artificiales, higiene ocular y medicamentos que estimulan la secreción lagrimal o controlan la inflamación. La ciclosporina y el tacrolimus son drogas utilizadas en oftalmología veterinaria.
La limpieza diaria de la zona periocular también puede ayudar, siempre con productos indicados por el veterinario. No conviene usar colirios humanos ni antibióticos sin diagnóstico, porque pueden ocultar lesiones o agravar el cuadro. Tampoco debe atribuirse el lagrimeo a una alergia.
Ante secreción espesa, dolor, cambio de color en la córnea, cierre del párpado o pérdida de brillo, la consulta debe ser rápida. En oftalmología, unas pocas horas pueden marcar la diferencia entre una lesión superficial y una complicación más seria.
Consulta temprana
Las patologías lagrimales muestran la importancia de no subestimar los signos oculares. La consulta temprana permite diferenciar si el problema es exceso de lágrimas, falla del drenaje o falta de producción lagrimal.