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Carlos Palmieri, presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores y otros Equipamientos Agrícolas e Industriales (AFAT) y gerente general de Jacto Argentina, analizó el mercado de maquinaria agrícola tras Agroactiva, el atraso del parque de maquinaria y la competencia de productos importados.
¿Cuál fue el balance de Agroactiva para AFAT?
La expectativa era muy alta, porque Expoagro había llegado después de meses flojos y terminó cambiando el ánimo. Enero y febrero habían estado prácticamente parados, y noviembre y diciembre tampoco habían sido buenos. Por eso, de Expoagro salimos con una sonrisa muy grande. En Agroactiva esperábamos algo similar, pero no tuvo los mismos resultados. Sí fue una exposición buena, con buena calidad de público, inversores y consultas.
¿Qué lectura hacen del año para la maquinaria agrícola?
Estamos ante un año con buena productividad agrícola en términos generales, aunque siempre hay regiones más relegadas. También lo financiero está bastante mejor que el año pasado. Hay más líneas de crédito en pesos y en dólares, tanto de bancos privados como estatales y de las propias empresas. De a poco el año se viene consolidando. No se puede decir que explotó ni que arrancó firme, pero sí que hay estabilización de negocios y tendencia a la mejora.
Con buena cosecha y mejor financiamiento, ¿por qué no termina de afirmarse la inversión?
Lo que falta, sin dudas, es rentabilidad. Los números están cada vez más finos. Los precios de los commodities no son los mejores y la inflación pegó fuerte sobre todos los costos productivos. Además, se mantienen las retenciones, aunque el Gobierno viene dando señales de reducción. La inversión en el campo es muy alta y una pequeña patinada puede hacer retroceder varios pasos al productor.
Además, venimos de dos o tres campañas malas en varias regiones importantes. Eso hace que muchos productores hoy no estén pensando en renovar maquinaria o aumentar productividad, sino en acomodar el barco que se había desestabilizado. De todos modos, todo indica que estamos en una buena senda para ir mejorando.
¿Qué nivel de atraso tiene el parque de maquinaria?
Es muy importante. El 85 % de las cosechadoras tiene más de 10 años y alrededor del 80 u 85 % de los tractores tiene más de 15 años. Como referencia, el parque de Estados Unidos tiene 6 o 7 años, y el de Brasil ronda valores similares. Eso marca el retraso que tenemos.
¿Cómo impacta ese atraso en la producción?
Una máquina de 10 o 15 años consume más combustible y no tiene la eficiencia de productividad, cosecha, pulverización o siembra que tienen los equipos actuales. Todo eso, paso a paso, resta productividad y calidad. Argentina tiene muy buenos suelos, buen clima y cultura agrícola, pero está atrasada cerca de 20 % en producción de soja frente a Brasil, que supera hace años los 3.600 kilos por hectárea, mientras Argentina sigue cerca de la barrera de los 3.000 kilos.
¿Qué segmentos muestran más movimiento?
En este primer semestre las cosechadoras se movieron con algo más de agilidad. Los tractores están más relegados frente a la media de los últimos cinco años. Pulverización aparece en un punto intermedio, parecido al año pasado. Son diferencias chicas. Muchas veces dependen de lanzamientos tecnológicos, créditos más blandos o mayor agilidad en la oferta financiera. No estamos viendo saltos enormes entre un segmento y otro.
¿Cómo viven la apertura y el ingreso de marcas asiáticas?
La trayectoria de las marcas que están en AFAT en Argentina es una fortaleza de la industria. Son empresas consolidadas, con productos adaptados al mercado argentino y una red de concesionarios con mucha experiencia. Pero el ingreso de maquinaria importada se da con algunas cuestiones impositivas que favorecen al producto terminado frente al fabricado localmente.
Para producir localmente pagamos 21 % de IVA por componentes que ingresan y luego vendemos la máquina al 10,5 %. Eso genera un desfasaje importante en la cuenta fiscal. En cambio, una máquina terminada entra al 10,5 % y se vende al 10,5 %, sin ese desfasaje. En un país con el costo financiero de Argentina, eso pesa mucho. Por eso seguimos de cerca los movimientos para bajar la carga impositiva que afecta a la producción local.
¿La competencia se da sólo por precio?
No únicamente. Hay componentes de costo, matriz fiscal y escala de producción que explican diferencias. Otros países tienen ventajas muy grandes. Pero también está el producto. En ese punto, las empresas de AFAT están tranquilas porque ofrecen equipos consolidados, robustos y adaptados al uso argentino. En el campo argentino se exige mucho a los fierros. Por eso el precio inicial no puede ser el único elemento de comparación.
¿Qué papel cumple la posventa?
Es central. Esto no es vender dos o tres mil tractores y dar por resuelto el negocio. La maquinaria necesita inversión, repuestos, capacitación, concesionarios y asistencia. Las marcas de AFAT tienen una red de muchos años, con experiencia y formación. El productor no compra sólo una máquina: también compra respaldo, disponibilidad de repuestos y capacidad de respuesta cuando el equipo está trabajando.
AFAT señaló que hay operaciones que no aparecen en los patentamientos. ¿Qué ocurre?
Principalmente en tractores. Entendemos que hay muchos equipos de origen asiático que no se están patentando. El año pasado habrían ingresado cerca de 4.000 tractores importados y, al compararlo con los informes de patentamiento de ACARA, ese número reflejado no supera mucho el 10 %. Creemos que muchos fueron vendidos, pero no patentados. Así se hace difícil tener datos objetivos del mercado.
¿Qué problema genera esa situación?
Dificulta contar con datos reales y también genera una diferencia comercial. En las marcas de la asociación se patenta la gran mayoría de las máquinas vendidas. Las empresas les piden a los clientes que lo hagan porque corresponde. Pero patentar no es gratis: hay impuesto a los sellos, registro y gestoría. Eso también afecta la competitividad. Desde lo comercial, es una situación que preocupa.
¿La cancha queda inclinada frente a la maquinaria importada?
Sí, en el presente es una realidad. Entró mucho producto de un origen que tiene una matriz fiscal y volúmenes de producción que permiten muy buenos costos. Pero es un partido largo. En Argentina las máquinas trabajan mucho y se las exige mucho. Por eso, más allá del precio, hay que ver cómo se sostiene cada producto en el tiempo, cómo responde la posventa y qué respaldo concreto tiene el productor.
¿Esa presión también aparece en Brasil?
Sí, es una cuestión global y se da sobre todo en mercados de grandes volúmenes. En el caso de Jacto y la pulverización, no es donde más foco hizo la maquinaria asiática. Generalmente apunta a segmentos con mucho movimiento de equipos, como tractores o drones, que ya forman parte importante de la pulverización. En esos mercados de volumen es donde se hace más fuerte. Habrá que ver cómo evoluciona esa competencia y cómo se acomodan los distintos jugadores.