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Un modelo que pone a los agricultores en el centro de la seguridad hídrica

Brasil expande un modelo que paga a productores por proteger nacientes, recuperar vegetación y conservar microcuencas clave para el abastecimiento.
Domingo, 21 de junio de 2026 09:54
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En un escenario marcado por sequías, erosión y presión sobre las fuentes de agua, Brasil comenzó a fortalecer un modelo que pone a los agricultores en el centro de la seguridad hídrica. La idea es simple, pero de fuerte impacto: quienes trabajan en el territorio rural también pueden ser actores clave para proteger nacientes, recuperar suelos y conservar microcuencas de las que dependen ciudades, pueblos y sistemas productivos.

Detrás de esa experiencia está el programa brasileño Produtor de Água, impulsado por la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico (ANA), con apoyo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). Durante los últimos 25 años, la iniciativa articuló a productores rurales, municipios, organismos públicos y empresas de saneamiento alrededor de un objetivo común: cuidar cuencas hidrográficas mediante restauración ambiental y manejo sostenible del suelo.

El programa combina una mirada ambiental con otra económica. A través del Pago por Servicios Ambientales, los productores reciben incentivos por preservar nacientes, recuperar vegetación nativa, reducir erosión o aplicar prácticas que ayuden a conservar agua y suelo. La lógica es que quienes protegen recursos estratégicos para toda la sociedad también deben ser reconocidos por esa tarea.

Seguridad hídrica

Según datos difundidos en el reporte de la ANA y el IICA, el programa ya impulsó más de 70 proyectos en distintas regiones hidrográficas de Brasil, con inversiones superiores a 144,4 millones de reales. Las iniciativas permitieron conservar más de 22.800 hectáreas de vegetación, recuperar otras 4.180 hectáreas degradadas y beneficiar de manera directa a más de 27 millones de personas. Además, más de 1.200 productores rurales recibieron pagos asociados a servicios ambientales.

En muchas zonas, los cambios comienzan con acciones concretas: alambrar una naciente para evitar el ingreso del ganado, construir terrazas para frenar la erosión, rediseñar caminos rurales para que la lluvia no arrastre suelo hacia los arroyos o instalar pequeñas estructuras de infiltración. También se utilizan "barraginhas", pequeños reservorios excavados que retienen agua de lluvia y favorecen la recarga subterránea.

El impacto no se limita a las obras visibles. El programa también promueve una nueva relación entre productores, municipios y usuarios urbanos del agua. En regiones donde las sequías y los eventos climáticos extremos presionan las fuentes de abastecimiento, la gestión de la cuenca empieza a pensarse desde el campo hacia la ciudad.

Microcuencas

En Capitólio, en el estado de Minas Gerais, uno de los proyectos se concentró en la cuenca del Córrego Ambrósio, utilizada para abastecimiento urbano. Allí, productores rurales avanzaron con cercados de áreas de preservación, recuperación de vegetación nativa, construcción de estructuras de infiltración y mejoras en caminos rurales para reducir erosión y sedimentación.

El objetivo fue evitar que el deterioro del suelo afectara la disponibilidad y la calidad del agua que llega a la población. Como en otros casos del programa, los productores que adhieren al esquema pueden acceder a pagos por servicios ambientales asociados a las mejoras realizadas dentro de sus propiedades.

Muchas de estas acciones forman parte de las llamadas soluciones basadas en la naturaleza. Son intervenciones que aprovechan procesos naturales para fortalecer la resiliencia de las cuencas frente a sequías, lluvias extremas y otros eventos climáticos. En lugar de depender sólo de grandes obras, el modelo suma una red de pequeñas mejoras distribuidas en el territorio.

Otro caso destacado se desarrolló en el municipio de Ubá, también en Minas Gerais. Allí, la población enfrentó problemas opuestos pero vinculados: durante la sequía, el abastecimiento público de agua se veía afectado; en los períodos de lluvia, las inundaciones y anegamientos provocaban daños sociales y económicos.

Frente a esa situación, el municipio avanzó con prácticas de conservación de agua y suelo asociadas al Pago por Servicios Ambientales. Entre 2018 y 2024, más de 156 productores rurales recibieron pagos por acciones de revitalización, conservación y protección ambiental sobre unas 945 hectáreas. Además del incentivo económico, accedieron a asistencia técnica para la agricultura familiar.

El reporte señala que, en varias propiedades intervenidas, comenzó a observarse una mejora en la disponibilidad hídrica y un aumento en la cantidad de nacientes activas dentro de las áreas recuperadas. La experiencia muestra que la restauración ambiental puede producir beneficios medibles para el agua y para la producción.

Infraestructura natural

La experiencia brasileña refleja un cambio más amplio en la forma de pensar la gestión hídrica. Durante décadas, buena parte de las políticas vinculadas al agua se concentraron en grandes obras de infraestructura, como represas, canales o sistemas de trasvase. El programa Produtor de Água no reemplaza esas herramientas, pero propone complementarlas con acciones de conservación en el territorio rural.

En un contexto regional atravesado por sequías prolongadas, lluvias extremas y degradación ambiental, estas prácticas funcionan como una forma de infraestructura natural. La recuperación de vegetación, el manejo de suelos, la protección de nacientes y la restauración de microcuencas ayudan a mejorar la infiltración, reducir la erosión y aumentar la capacidad de respuesta de las cuencas ante eventos críticos.

El desafío principal es ampliar la escala y sostener financiamiento de largo plazo, especialmente en regiones con mayor estrés hídrico. La sistematización difundida junto al IICA también puede servir como referencia para otros países de América Latina que enfrentan problemas similares de pérdida de suelo, degradación de cuencas y presión sobre las fuentes de agua.

La experiencia deja una conclusión clara: la seguridad hídrica no depende solamente de grandes obras urbanas. Muchas veces empieza antes, en pequeños productores rurales que, con prácticas de conservación y restauración, terminan convirtiéndose en verdaderos guardianes del agua.

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