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Federico Garat: "La sustentabilidad siempre debe contemplar la productividad"

Domingo, 07 de junio de 2026 08:54

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Federico Garat, presidente de Casafe, analizó los desafíos de la cámara, el rol de la industria de fitosanitarios y la necesidad de sostener una agenda basada en Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), sustentabilidad, innovación y marcos regulatorios claros. También destacó la importancia de mantener la productividad como eje central de una agricultura cada vez más exigida por las demandas ambientales y alimentarias.

Garat representa en Casafe a Bayer, donde se desempeña como líder de Relaciones con la Industria para el negocio de Crop Science Conosur.

¿Cómo tomás el desafío de presidir Casafe?

Estoy en la industria desde hace muchos años, pero en este caso paso de ser la voz de una compañía a llevar la voz de toda una industria, que tiene un altísimo peso en la Argentina, así que es que es un muy lindo desafío.

Casafe nuclea a las industrias de fitosanitarios de Argentina, son 18 compañías y representa más del 66 % de la facturación de fitosanitarios del país.

Somos un puente dentro de la cadena agroindustrial, entre la producción primaria y todo lo que acompaña a esta gran fuente de trabajo de la Argentina que es la agrobioindustria. Tenemos una agenda muy vinculada a las BPA, a la sustentabilidad y a la innovación.

¿Cuáles son hoy los principales objetivos de Casafe?

Mucho de nuestro trabajo tiene que ver con la acción territorial, tenemos presencia en distintas regiones del país y, a través de esa presencia, generamos espacios de articulación público-privada junto con gobiernos locales y provinciales.

Impulsamos acciones vinculadas a las BPA, que son fundamentales para nuestra industria, y también iniciativas relacionadas con la sustentabilidad.

Cuando hablamos de sustentabilidad e innovación también nos referimos al trabajo conjunto con los organismos regulatorios, para ayudar a reducir los tiempos necesarios para que la innovación llegue al productor lo antes posible. Esa es una parte importante del trabajo a nivel local.

Luego existe también una agenda internacional en la que Casafe participa activamente, para representar lo que ocurre en la agroindustria argentina y, al mismo tiempo, compatibilizar nuestra realidad con los desafíos que plantea la agenda internacional.

¿Cómo está la Argentina en comparación con otros países en materia de BPA?

Argentina tiene una posición de vanguardia en dos aspectos. Por un lado, cuenta con un sistema regulatorio muy moderno y respetado a nivel mundial. Estamos hablando de una actividad muy regulada, como es la de los fitosanitarios, y está bien que así sea, no solo por los productos en sí, sino porque tiene una relación directa con la cadena agroexportadora.

Por eso es necesario mantener una articulación permanente con organismos como el Senasa, que tiene un rol muy activo en materia regulatoria, ya que está vinculado al principal complejo exportador de la Argentina. Hay que recordar que 6 de cada 10 dólares que ingresan al país provienen de la agroindustria, por eso es importante contar con ese respaldo regulatorio.

Nuestro país tiene un sistema muy avanzado y un ecosistema agroindustrial muy desarrollado en temas de sustentabilidad e innovación. Eso se da, por supuesto, a través de las compañías que integran Casafe, pero también por la adopción de BPA en el resto de la agroindustria y, especialmente, entre los productores. La Argentina siempre fue líder en materia de sustentabilidad productiva.

En un contexto de desregulación, ¿cómo ve Casafe el marco regulatorio de los fitosanitarios?

La cámara tuvo múltiples instancias de consulta y siempre manifestó la necesidad de mantener el esquema regulatorio necesario, por cuestiones de sustentabilidad y para garantizar las BPA dentro del sistema agroexportador.

Colaboramos en la revisión de normas regulatorias muy relevantes y trabajamos junto con las áreas correspondientes del sector público, sin mayores inconvenientes.

¿Cómo trabajan con las economías regionales y pequeños productores?

Además de nuestra acción territorial, contamos con representantes de Casafe en las distintas regiones productivas del país.

De hecho, en el NOA tenemos personas que participan activamente cuando hay que realizar capacitaciones o responder a demandas específicas a nivel municipal o provincial.

Hay una visión integral de la agricultura argentina, no es una mirada centralizada únicamente en lo que normalmente asociamos con la agricultura por volumen e impacto económico, como maíz, trigo y soja.

Existen muchas otras realidades productivas que también están reguladas, que también utilizan nuestros productos y de las cuales Casafe forma parte.

¿Cuánto avanzó la industria hacia productos más amigables con el ambiente y el usuario?

Es una evolución muy positiva. Hoy, más del 60 % de los productos que utiliza el productor son de banda verde. Son cada vez más amigables con el ambiente y el usuario. Las bandas toxicológicas son, de alguna manera, un termómetro o una herramienta para medir ese impacto.

También es interesante el crecimiento de los productos biológicos, que vienen mostrando tasas de expansión muy altas en los últimos años. Son productos que complementan la paleta de herramientas de síntesis química.

Hay biológicos de larga data, muy conocidos y también nuevos desarrollos muy prometedores para una agricultura que, tanto por demanda de los consumidores como por decisión de los productores, tiende a ser cada vez más sustentable.

¿Cómo se equilibra la demanda de mayor sustentabilidad con la necesidad de sostener la productividad?

La población mundial sigue creciendo y la demanda de alimentos también. Creo que hay una medida que debe guiarnos: la productividad.

Cuando hablamos de sustentabilidad, el volumen producido por superficie nunca debería ser menor. Si entendemos que algo va en contra de la sustentabilidad es producir menos por hectárea,  porque esa producción habrá que buscarla en otro lugar, mientras la demanda sigue superando a la oferta.

El ecosistema es uno solo. Además, la sustentabilidad tiene tres pilares: lo ambiental, social y económico. En ese sentido, la industria y los productores agropecuarios vienen acompañando muy bien esta demanda de los consumidores.

La evolución hacia productos de bandas toxicológicas más amigables, es parte de esa respuesta. La incorporación de los biológicos también, pero todo tiene que venir acompañado de resultados.

Los biológicos seguirán creciendo y el productor los va a adoptar en la medida en que sean productivamente viables, de la misma manera que sucede con los fertilizantes o con los productos de síntesis química.

Por eso, la mirada de sustentabilidad siempre debe contemplar que la demanda sigue siendo mayor que la oferta y que la productividad continúa siendo un factor fundamental.

¿Qué importancia tienen los marcos regulatorios claros para la innovación en el agro?

Son muy importantes cuando se trata de inversiones de largo plazo y de alto monto.

Conversábamos con colegas sobre por qué industrias como oil & gas o la minería cambiaron tan fuertemente en los últimos años, y la respuesta es que cuentan con marcos regulatorios claros.

Eso es lo que necesitan las compañías que realizan inversiones, muchas veces internacionales, aunque también ocurre dentro del agro. Hay mucha innovación que no proviene solamente de empresas multinacionales. Existen grandes institutos científicos locales, como el INTA o el Conicet, que también necesitan reglas claras para que las inversiones que realizan en tiempo, dinero y conocimiento puedan ser recompensadas.

La innovación y marcos regulatorios claros van de la mano. Esa es, en términos generales, la posición de Casafe y de la industria cuando se abordan temas vinculados no solo a los fitosanitarios, sino también a cuestiones como semillas y propiedad intelectual.

Las aplicaciones de fitosanitarios suelen generar debates. ¿Cómo trabaja Casafe sobre ese tema?

La utilización de maquinaria para la aplicación de fitosanitarios es una parte fundamental de la producción agropecuaria y las BPA tienen un capítulo específico dedicado a las aplicaciones. Los fitosanitarios cuentan con recomendaciones técnicas, marbetes y etiquetas que indican claramente la forma correcta de aplicación para cada caso.

Las recomendaciones van desde aspectos básicos, como la utilización de los elementos de protección personal por parte del operador, ya sea que trabaje con una pulverizadora de arrastre, una máquina autopropulsada, un avión o un dron, hasta cuestiones vinculadas a las condiciones meteorológicas adecuadas para realizar la aplicación.

Todo eso forma parte de las BPA y, en la inmensa mayoría de las aplicaciones que se realizan en una campaña, se cumple de manera correcta.

También existe hoy una convivencia con los drones y a partir de su incorporación fue necesario adecuar marcos normativos y regulatorios que antes no existían. Incluso es interesante porque en ese proceso también interviene la ANAC, dada la naturaleza de esta tecnología.

Desde Casafe impulsamos el uso de drones -contemplando las de las BPA- porque vienen a complementar la oferta de soluciones que tiene el productor.

La resistencia de malezas, plagas y enfermedades es un desafío creciente. ¿Cómo lo abordan?

Cuando uno observa la curva de aparición de resistencias que se dio en los últimos 15 o 20 años en la agricultura a nivel mundial, vuelve directamente a la pregunta que hacías antes sobre la innovación: ¿cómo sigue innovando la industria cuando la naturaleza plantea nuevos desafíos? Ahí volvemos nuevamente a conceptos como respetar los marbetes, aplicar BPA, utilizar las dosis adecuadas para el manejo y trabajar con las mezclas de productos recomendadas por las compañías. Todo eso apunta a preservar la vida útil de las tecnologías disponibles, porque reemplazarlas siempre es un desafío.

Desarrollar una molécula o un evento biotecnológico lleva varios miles de millones de dólares y entre 12 y 16 años de trabajo. Entonces, cuando llega al mercado, lo que más se busca es que esa herramienta dure la mayor cantidad de tiempo posible. Y eso está asociado a las BPA.

En ese aspecto es muy importante el trabajo que se realiza desde el ámbito académico y las universidades. Es la ciencia la que permite adaptarse a esos cambios que se producen en la naturaleza y en los distintos nichos productivos. Por eso resulta fundamental entender qué puede ocurrir hacia adelante para anticiparse y orientar las investigaciones hacia esas demandas, que muchas veces son específicas de la Argentina.

Es una responsabilidad de todos. Es el ecosistema agroindustrial el que tiene que velar por el buen uso de las tecnologías para asegurar que mantenga su efectividad durante el mayor tiempo posible.

Porque la innovación es importante, pero puede haber períodos en los que no aparezca una nueva solución para determinados desafíos y eso termina impactando directamente en la productividad.

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