inicia sesión o regístrate.
Por Walter Chihán, médico veterinario.
La infestación por ácaros auriculares es uno de los problemas más comunes del oído en los gatos. El agente más habitual es Otodectes cynotis, un parásito pequeño, blanquecino y muy contagioso, que vive sobre la superficie de la piel del conducto auditivo y se alimenta de detritos epidérmicos.
A diferencia de otros ácaros, no excava túneles en la piel. Sin embargo, irrita el canal auditivo, estimula la producción de cerumen y genera una secreción oscura, seca o grumosa, muchas veces comparada con borra de café.
En medicina felina se lo reconoce como una causa primaria importante de otitis externa, especialmente en gatitos, gatos jóvenes y animales de refugio.
Contagio
La transmisión se produce principalmente por contacto directo con un animal infestado. Por eso es frecuente que los cachorros se contagien de la madre o de sus compañeros de camada. También circula con facilidad en hogares con varios animales, criaderos y refugios.
El ácaro suele encontrarse dentro del canal auditivo, aunque también puede desplazarse a la zona periauricular, el cuello, la cabeza e incluso la base de la cola. Esta capacidad explica que algunos gatos presenten lesiones por rascado fuera del oído. La higiene de mantas, camas y elementos de uso frecuente ayuda a reducir reinfestaciones.
Síntomas
Los signos clínicos más orientadores son la sacudida repetida de la cabeza, el rascado intenso de las orejas, la presencia de costras en los pabellones auriculares y una secreción parda o negruzca dentro del oído. También puede observarse malestar, dolor al tocar la zona, inflamación y olor desagradable cuando existe infección secundaria.
No todos los gatos reaccionan igual. Algunos tienen muchos detritos óticos y pocos signos visibles. Otros, en cambio, desarrollan prurito intenso con una carga parasitaria baja. Esto se relaciona con fenómenos de hipersensibilidad frente a antígenos del ácaro, en particular componentes de su saliva.
Diagnóstico
El diagnóstico no debe basarse solo en la apariencia de la secreción. La otitis por levaduras o bacterias también puede producir material oscuro y abundante, por lo que la citología es clave para diferenciar causas y definir el tratamiento.
En el examen otoscópico, los ácaros pueden verse como pequeños puntos blancos que se mueven dentro del conducto, por efecto del calor y la luz del otoscopio. Cuando el dolor y la inflamación lo permitan, el veterinario debe evaluar el canal auditivo y la integridad de la membrana timpánica antes de indicar productos tópicos.
La observación microscópica del cerumen permite confirmar la presencia de ácaros adultos, larvas o huevos. Una muestra tomada con hisopo puede colocarse sobre un portaobjetos con aceite mineral o vaselina líquida. En otro preparado teñido se busca la presencia de bacterias, levaduras y células inflamatorias.
Tratamiento
El pronóstico suele ser muy bueno cuando el diagnóstico es correcto y se aplica un tratamiento completo. Existen antiparasitarios tópicos, óticos y sistémicos eficaces. Entre las opciones utilizadas por los veterinarios se incluyen lactonas macrocíclicas y otros productos de acción ectoparasiticida, siempre con dosificación y control profesional.
La limpieza del oído es importante cuando el conducto está lleno de cerumen seco, sangre o detritos. La irrigación y el uso de disolventes de cera deben realizarse con cuidado, especialmente si no se conoce el estado del tímpano.
No se recomienda medicar en forma casera ni aplicar productos sin indicación veterinaria. Algunos fármacos seguros en perros pueden ser riesgosos en gatos, y una otitis mal tratada puede avanzar hacia infecciones secundarias, lesiones por rascado, hematomas auriculares o compromiso del oído medio.
El control posterior es parte del tratamiento. Si después de la medicación persisten el rascado, la secreción o el mal olor, se debe realizar una nueva revisión, porque puede quedar una otitis secundaria aun cuando los ácaros hayan sido eliminados.
Prevención
Como la otoacariasis es contagiosa, deben revisarse y tratarse todos los animales expuestos, aun cuando no muestren síntomas. De lo contrario, un gato aparentemente sano puede actuar como fuente de reinfestación. El ciclo biológico ronda las tres semanas, dato que el profesional debe considerar al planificar la duración del tratamiento.
Los collares insecticidas tienen poca utilidad para prevenir esta infestación. La prevención más efectiva combina control veterinario, tratamiento de convivientes, limpieza del ambiente y seguimiento hasta confirmar la resolución del cuadro.