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Estudian la nanotecnología para lograr una mejor fertilización

Estudian la nanotecnología para lograr una mejor fertilización.
Domingo, 12 de julio de 2026 07:16
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La búsqueda de una agricultura más eficiente no siempre pasa por aplicar más insumos. En muchos casos, el desafío está en aprovechar mejor lo que ya se incorpora al sistema. Bajo esa premisa, investigadores del CONICET y la UNL trabajan en nanocápsulas fertilizantes, una tecnología pensada para liberar nutrientes de manera gradual y acompañar mejor la demanda de los cultivos.

El proyecto es impulsado por Gonzalo Berhongaray (foto a la derecha), del Instituto de Ciencias Agropecuarias del Litoral (ICIAGRO, CONICET-UNL), y Gustavo Mendow (foto a la izquiera), del Instituto de Investigaciones en Catálisis y Petroquímica (INCAPE, CONICET-UNL).

Berhongaray se especializa en manejo de suelos y fertilidad; Mendow, en nanotecnología y sistemas de encapsulado. La combinación de esas miradas permitió llevar un desarrollo de laboratorio hacia ensayos agronómicos en condiciones reales.

La idea que los reunió fue simple, pero estratégica: fertilizar mejor no necesariamente significa fertilizar más. Los investigadores observaron que una parte de los fertilizantes aplicados no es aprovechada por los cultivos y que los costos pesan cada vez más. A partir de ese diagnóstico surgió una pregunta central: cómo aumentar la eficiencia en el uso de nutrientes y reducir pérdidas al ambiente.

Liberación controlada

La línea de trabajo se enfocó en sistemas nanoestructurados capaces de proteger nutrientes, modular su liberación y mejorar su interacción con la planta y el suelo. Una de las plataformas más innovadoras es el uso de nanocápsulas minerales fertilizantes cargadas con urea.

A diferencia de otros sistemas de encapsulación, donde la matriz funciona sólo como vehículo de transporte, en este caso la nanocápsula también es una fuente nutricional para la planta. La estructura mineral aporta nutrientes gradualmente y la urea de su interior proporciona nitrógeno en forma controlada.

"Como resultado, se obtiene un sistema multifuncional capaz de suministrar simultáneamente tres nutrientes esenciales para el crecimiento vegetal a partir de una única formulación", explicó Mendow.

Según el investigador, las propiedades fisicoquímicas de estas nanocápsulas permiten adsorber y retener nutrientes eficientemente. Eso reduce la velocidad de liberación frente a los fertilizantes tradicionales, favorece una mayor permanencia de los nutrientes en la zona radicular y ayuda a disminuir pérdidas por volatilización de amoníaco, lixiviación de nitratos y fijación en el suelo.

El punto clave es la sincronización. Si el nitrógeno se libera cuando la planta lo necesita, mejora la eficiencia de uso del nutriente y puede aumentar el retorno económico de la fertilización.

Pruebas en campo

El proyecto comenzó con el diseño de formulaciones, síntesis de materiales, validaciones físico-químicas y ensayos en condiciones reales de producción. Desde el inicio, el equipo tomó una decisión clave: evitar que la tecnología quedara encerrada en el laboratorio.

Por eso, buena parte del trabajo se orientó a validar los desarrollos a campo, con pruebas en maíz, trigo, soja, cultivos intensivos y distintas estrategias de fertilización. Los ensayos buscaron responder si es posible reducir dosis sin resignar rendimiento, si mejora la absorción de nutrientes y cuál puede ser el impacto económico para el productor.

Con los primeros resultados, el proyecto comenzó a consolidarse. Uno de los hitos fue la presentación de la patente "Composición fertilizante y su proceso de obtención", vinculada a formulaciones nanoestructuradas para uso agrícola.

Ese avance obligó a integrar conocimientos de nanotecnología, química de materiales, fertilidad de suelos y validación agronómica a escala real. La propuesta pasó de ser una línea experimental a convertirse en una plataforma tecnológica con potencial de transferencia.

Ciencia y empresas

Los estudios se desarrollaron principalmente en Santa Fe, con articulación entre el CONICET, universidades, empresas y productores. En el proceso participaron investigadores, becarios, estudiantes, técnicos y firmas privadas que aportaron desde distintas disciplinas.

La lógica fue interdisciplinaria. En lugar de pensar la nanotecnología como un desarrollo aislado, el equipo la enfocó en problemas concretos del sistema productivo: eficiencia de fertilización, sustentabilidad, reducción de pérdidas, impacto ambiental y escalabilidad.

Con el avance del trabajo llegaron instancias de financiamiento y reconocimiento, a través de convocatorias nacionales y acuerdos público-privados orientados a innovación y validación. En ese marco, se firmaron tres convenios de investigación y desarrollo con la empresa entrerriana Berardo Agropecuaria, además de otros acuerdos con compañías del sector.

"El proyecto nunca se pensó solamente como hacer nanopartículas. La pregunta de fondo siempre fue cómo desarrollar tecnologías que permitan producir más eficientemente y con menor impacto ambiental", señaló Mendow.

Hacia el mercado

Hoy, el equipo continúa trabajando en la optimización del proceso productivo de nanopartículas y en nuevos ensayos en trigo y maíz, con el objetivo de seguir validando el producto a mayor escala. Además, mantiene conversaciones con empresas argentinas dedicadas a la producción de fertilizantes para avanzar en una eventual salida comercial y sostener la etapa de escalado.

La posibilidad de escalar industrialmente la tecnología, los costos reales, la adopción por parte de los productores, la compatibilidad con maquinaria y la validación agronómica aparecen como condiciones necesarias para que el desarrollo pueda llegar al mercado.

Para Berhongaray, la historia del proyecto refleja la capacidad del sistema científico argentino para construir desarrollos de frontera a partir de vínculos interdisciplinarios. También muestra que el conocimiento generado en el CONICET y en las universidades públicas puede transformarse en innovación y soluciones concretas.

En un contexto de fertilizantes caros y mayores exigencias de eficiencia, la nanotecnología aparece como una herramienta con potencial para mejorar la nutrición vegetal. El desafío será llevar los resultados de los ensayos a un uso productivo a gran escala, con impacto concreto en el lote y en el costo.

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