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La expansión de Borreria spp. se convirtió en una de las principales preocupaciones para los sistemas agrícolas del norte argentino. Su capacidad para persistir, rebrotar y colonizar ambientes productivos obliga a repensar las estrategias de manejo, especialmente en planteos simplificados y con fuerte dependencia de controles químicos postemergentes.
En ese contexto, los relevamientos de la REM de Aapresid y los ensayos de la Chacra La Paloma y la Chacra Bandera, en el sudoeste de Chaco y el este de Santiago del Estero, aportan información clave para disminuir la presión de esta maleza.
Maleza en expansión
Según el último relevamiento de malezas problema de la REM, Borreria spp. está presente en 103 departamentos del país y ocupa unas 4.929.672 hectáreas, el 16,6 % de la superficie relevada.
La situación es especialmente crítica en el norte de Córdoba, el NOA y el NEA. En Chaco, la maleza está presente en el 64 % de la superficie y en Santiago del Estero alcanza al 52 %.
Su expansión se vincula con una elevada capacidad de adaptación, tolerancia a herbicidas ampliamente utilizados y persistencia en sistemas productivos con menor diversidad de cultivos.
Control difícil
Parte del éxito de Borreria spp. radica en que combina dos mecanismos de perpetuación: reproducción por semillas y regeneración desde estructuras subterráneas, conocidas como xilopodios.
Las semillas responden rápido a condiciones favorables de temperatura y luz. Cuando permanecen sobre la superficie del suelo y encuentran entre 20 y 30 °C, pueden romper la dormición y germinar en pocos días. Las principales cohortes de emergencia ocurren durante la primavera, aunque también suele registrarse un segundo pico entre febrero y marzo.
Durante las primeras etapas, las plántulas muestran un crecimiento lento. Sin embargo, una vez establecidas, aumentan su biomasa y adquieren alta capacidad competitiva.
A esto se suma la posibilidad de emitir brotes desde xilopodios. Así, en un mismo lote pueden convivir plantas nacidas de semillas y rebrotes, con distintos momentos de emergencia y estados de desarrollo. Esa dinámica dificulta la eficacia de los controles.
Hay un dato relevante: la emergencia disminuye cuando las semillas quedan cubiertas por residuos vegetales o enterradas a más de 2 centímetros. Esto abre oportunidades para intervenir desde el diseño del sistema.
Ocupar el ambiente
Frente a este escenario, el manejo basado sólo en herbicidas postemergentes suele mostrar limitaciones. Por eso cobran importancia las estrategias que reducen la emergencia, aumentan la competencia y bajan la presión de la maleza antes de la siembra estival.
Con ese objetivo, las Chacras de Aapresid evaluaron el aporte de la intensificación invernal mediante la incorporación de trigo y vicia en la rotación. Los resultados fueron publicados en la revista Malezas, de ASACIM.
Los ensayos mostraron que ambos cultivos redujeron los rebrotes de Borreria spinosa respecto del barbecho. La ocupación del ambiente durante el invierno permitió disminuir la regeneración durante aproximadamente cuatro meses.
Entre las alternativas evaluadas, la vicia se destacó por sostener una supresión más prolongada hacia la primavera. Su cobertura permitió alargar el efecto de competencia y mantener el suelo más protegido.
Estos resultados refuerzan el valor de los sistemas más intensificados. La presencia de cultivos durante una mayor proporción del año ayuda a reducir nichos disponibles para las malezas.
Residuales útiles
El trabajo también evaluó herbicidas residuales: imazapyr, sulfometurón metil + clorimurón etil y clorsulfurón + metsulfurón metil, aplicados en barbecho sin cobertura de la maleza.
Todos los tratamientos redujeron significativamente los nacimientos y rebrotes de Borreria spinosa frente al testigo sin control químico. De esta manera, permitieron bajar la presión inicial durante el ciclo de los cultivos estivales.
Los resultados muestran que los residuales son una herramienta valiosa para intervenir sobre distintos momentos del ciclo de vida de la maleza, especialmente cuando se integran dentro de una estrategia más amplia.
Mirada integral
La experiencia confirma que el manejo de Borreria requiere una mirada integral. Los cultivos invernales contribuyen a ocupar el ambiente y reducir rebrotes; los herbicidas residuales ayudan a limitar nuevas emergencias y bajar la presión inicial.
En conjunto, estas estrategias permiten avanzar hacia sistemas más diversos y resilientes, con menor dependencia de controles postemergentes.
Para una maleza que continúa expandiéndose en gran parte del norte argentino, la clave no pasa por una única herramienta, sino por combinar prácticas, anticipar el problema y diseñar rotaciones que le dejen menos espacio.