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El jabalí avanza sin control

Un informe de Sobre La Tierra-FAUBA advierte que el jabalí causa daños productivos y sanitarios. Especialistas reclaman un plan federal de control.
Domingo, 12 de julio de 2026 08:31

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Un informe de Santiago E. Zagaglia, en Sobre La Tierra, de la FAUBA, advierte que el jabalí europeo provoca daños millonarios, transmite enfermedades y exige una estrategia coordinada entre Nación y provincias.

Esta especie fue introducido en Argentina a en el siglo XX para caza deportiva. Más de cien años después, su expansión se transformó en un problema productivo, sanitario y ambiental. Sin depredadores naturales y con gran adaptación, hoy está considerado entre las especies invasoras más nocivas del planeta.

Según el trabajo, genera pérdidas estimadas en US$ 1.600 millones anuales por daños a cultivos e instalaciones. La nota recoge el análisis de Francisco Pescio, docente de Producciones Animales Alternativas en la FAUBA, quien advirtió que el control es posible, pero requiere organización, frigoríficos habilitados y una política común entre provincias.

Origen y expansión

"A principios del siglo XX, un grupo de estancieros trajo los primeros jabalíes europeos al país en La Pampa", explicó Pescio. Por décadas, la especie se mantuvo bajo control. Luego comenzó a expandirse a gran velocidad.

El problema es que el jabalí no reconoce límites productivos ni jurisdicciones. Se mueve en manadas, coloniza ambientes y puede generar impactos severos en campos, áreas naturales y zonas periurbanas.

Pescio señaló que los adultos pueden superar los 200 kg y ser agresivos. Por eso, el riesgo no es sólo económico, también hay ataques a personas, como el caso de un puestero que murió el año pasado en Mendoza.

Daños al agro

En el plano productivo, destruyen alambrados, aguadas, corrales y otras instalaciones. También arrasan cultivos, remueven suelos y afectan pasturas.

Por esa razón, varias provincias ya lo consideran una plaga. Buenos Aires, por ejemplo, declaró la caza plaguicida del jabalí. Aun así, las medidas aisladas no alcanzan para frenar una población que se desplaza entre territorios.

El riesgo sanitario también preocupa. El jabalí puede transmitir enfermedades a los cerdos domésticos, como triquinosis, hepatitis y peste porcina. Esto aumenta la amenaza para productores porcinos, especialmente para establecimientos pequeños y medianos, donde el contacto con fauna silvestre puede ser más difícil de controlar.

Carne sin control

Otro punto crítico es el consumo de carne de jabalí. Pescio advirtió que, al no existir una cadena formal, buena parte proviene de faena clandestina. "Como no existe la producción formal. El consumidor no tiene forma de saber qué está comiendo ni qué riesgos corre", alertó.

Para Pescio, la solución pasa por habilitar frigoríficos que permitan faenar jabalíes con cadena de frío y controles sanitarios. El último establecimiento de este tipo cerró en 2019. Sin ese eslabón, tampoco hay incentivos para cazadores registrados.

Un antecedente

Pescio destacó que existen experiencias exitosas. Una ocurrió en el Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos, donde los jabalíes dañaban brotes y ejemplares jóvenes de palmeras.

Allí se convocó a cazadores, organismos sanitarios y pobladores. Se otorgaron permisos de caza en áreas habilitadas, se controló cada animal y parte de la carne fue para los cazadores y otra para comedores comunitarios.

Esa coordinación permitió controlar la invasión, generar ingresos locales y aprovechar la carne de manera segura. Para el especialista, ese caso demuestra que el manejo no depende de una sola medida, sino de combinar permisos, control sanitario, participación local y seguimiento técnico.

Plan federal

Para Pescio, el gran déficit es la falta de una estrategia federal. Las manadas no reconocen fronteras provinciales y, cuando no hay presión de caza en una zona, la población crece y se expande.

El especialista remarcó que se necesita decisión política, articulación entre Nación y provincias y respaldo científico de universidades, INTA y CONICET.

También consideró necesario mejorar la información sobre distribución, densidad poblacional y daños reales. Sin datos actualizados, resulta más difícil diseñar medidas de control y evaluar si las acciones aplicadas funcionan.

Sin ese marco, advirtió, el país se encamina a un crecimiento explosivo del jabalí. La experiencia demuestra que el control es posible, pero requiere coordinación, reglas claras, monitoreo permanente y una cadena formal.

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