PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

La hipofosfatemia en el gato

Puede asociarse a trastornos metabólicos, digestivos o renales. Detectarla a tiempo es clave para evitar complicaciones.
Domingo, 05 de julio de 2026 10:56

Escuchar esta nota - 00:00

Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

El fósforo es un mineral esencial para el gato. Participa en funciones celulares, musculares, neurológicas y energéticas. Se absorbe principalmente en el intestino delgado, mientras que más del 80 % del fósforo filtrado por el riñón es reabsorbido en el túbulo proximal renal.

La hipofosfatemia aparece cuando la concentración de fósforo desciende por debajo de los valores esperados. Puede deberse a menor absorción intestinal, al desplazamiento del fósforo hacia el interior de las células o a un aumento de su eliminación por la orina, conocido como fosfaturia.

En gatos, las causas más frecuentes incluyen diabetes mellitus, con cetoacidosis diabética o sin ella, lipidosis hepática y administración oral de ligadores de fosfato.

Causas posibles

Entre las causas se encuentran malabsorción, vómitos, diarrea, deficiencia dietética, deficiencia de vitamina D y aumento de la fosfaturia. También puede aparecer asociada al uso de bicarbonato de sodio o diuréticos, hiperparatiroidismo primario, diabetes mellitus e insulinoterapia.

El hiperadrenocorticismo puede estar vinculado, aunque es raro. Otra situación importante es el desvío transcelular del fósforo: el mineral pasa desde la sangre hacia el interior de las células. Esto puede verse en pacientes que reciben glucosa o insulina, o durante la nutrición enteral o parenteral, sobre todo en cuadros de hiperalimentación o síndrome de realimentación.

También debe considerarse el uso de ligadores de fosfato, indicados en algunos pacientes con enfermedad renal crónica. Si no se controlan adecuadamente, pueden reducir en exceso la concentración sérica de fósforo.

Signos clínicos

Suelen relacionarse con la enfermedad primaria. Por eso, muchas veces el cuadro se interpreta dentro de procesos como lipidosis hepática, cetoacidosis diabética, enfermedades digestivas o trastornos renales.

Cuando la concentración sérica de fósforo cae en forma marcada, especialmente por debajo de 1,5 mg/dl, pueden aparecer miopatía, alteraciones cardíacas, signos neurológicos y anemia hemolítica aguda.

La debilidad muscular, la depresión, los vómitos, la diarrea y las arritmias cardíacas pueden asociarse con hipofosfatemia moderada a severa. Si hay anemia hemolítica, las mucosas pueden verse pálidas y el deterioro puede ser rápido.

Diagnóstico

Requiere evaluación clínica completa y medición de fósforo sérico. El dato de laboratorio debe interpretarse junto con el estado general del paciente y con la enfermedad de base.

Se recomienda realizar hemograma completo, panel de bioquímica sérica, urianálisis y estudios complementarios según el caso. En gatos, también puede indicarse evaluación de retrovirus para detectar condiciones que predisponen o agravan la hipofosfatemia.

El objetivo no es solo confirmar que el fósforo está bajo, sino identificar por qué descendió. Eso permite diferenciar entre pérdidas renales, menor absorción intestinal, desplazamiento hacia las células o tratamientos que puedan contribuir al problema.

Tratamiento

El primer paso es tratar la causa subyacente. Si la hipofosfatemia aparece en un paciente con diabetes, lipidosis hepática, enfermedad digestiva o enfermedad renal, el abordaje debe dirigirse a corregir ese proceso principal.

Cuando el animal recibe ligadores de fosfato, su administración debe suspenderse si se observa reducción del fósforo sérico o aparecen signos clínicos compatibles.

La suplementación oral se reserva para casos leves, sin signos clínicos, y siempre que no haya vómitos ni diarrea. Puede utilizarse leche descremada o un laxante amortiguado, aunque es una terapia lenta. Si se espera una nueva caída de la fosfatemia, esta vía debe evitarse.

En cuadros moderados o severos puede ser necesaria la suplementación endovenosa con fosfato de potasio o fosfato de sodio, administrados mediante infusión a ritmo constante. El fosfato de potasio solo debe agregarse a soluciones libres de calcio.

En casos de hemólisis aguda y marcada, puede requerirse transfusión de sangre entera fresca. Se prefiere esta opción porque los eritrocitos almacenados utilizan fosfato sérico y podrían empeorar la condición.

Pronóstico

Depende de la causa, de la gravedad del descenso y de la respuesta al tratamiento. Detectada a tiempo, y con corrección de la enfermedad de base, la evolución puede ser favorable. Los cuadros severos requieren control estrecho y tratamiento intensivo.

Por Walter Octavio Chihán

Temas de la nota

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Temas de la nota

Últimas noticias

PUBLICIDAD