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El desafío de duplicar la ganancia genética

La meta es duplicar la actual tasa de ganancia genética y potenciar el rendimiento en cada ambiente.
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La genética de soja enfrenta el desafío de acelerar su evolución para responder a una agricultura que exige cada vez más productividad, adaptación y precisión. En ese camino trabaja el Grupo Don Mario (GDM), que apunta a duplicar la tasa de ganancia genética que hoy obtiene en sus programas de investigación.

Jerónimo Costanzi, gerente de Desarrollo para el Negocio de Semillas de GDM, explicó en el Congreso Aapresid que la compañía viene incorporando nuevas tecnologías para acelerar sus programas de mejoramiento.

Actualmente, la ganancia genética medida por GDM se ubica en torno al 1,5 %. "Nuestro aspiracional es poder duplicar esa ganancia con todas las tecnologías que estamos incorporando", señaló.

Entre las herramientas aparecen la genómica, los marcadores moleculares, las cámaras de speed breeding, la ambientómica y la edición génica. El objetivo es reducir los tiempos de selección y conocer con mayor profundidad los materiales sobre los cuales trabajan los mejoradores.

El speed breeding, por ejemplo, permite avanzar varias generaciones en un mismo año, mientras que el análisis del genoma ayuda a identificar características que podrían impactar directo sobre el rendimiento y la calidad.

GDM también trabaja sobre atributos como contenido de proteína y aceite, composición de aminoácidos y sanidad. Entre los objetivos aparece la tolerancia a roya, una característica relevante para ambientes del norte argentino, Brasil y Paraguay.

Edición génica

La edición génica ocupa un lugar creciente en ese proceso. GDM lleva más de una década trabajando con esta herramienta y cuenta con laboratorios propios en Carolina del Norte, EE. UU., y Cambé, en Brasil.

Costanzi explicó que la técnica parte de la identificación de genes de interés dentro del propio genoma de la soja y diferenció este proceso de la transgénesis. "No es una introgresión del gen sino la identificación, con lo cual no se trata de una transgénesis. Sí se complementa muy bien con la transgénesis", señaló.

En ese esquema, ambas herramientas pueden aportar soluciones diferentes. La transgénesis permite incorporar eventos biotecnológicos, como proteínas Bt para el control de lepidópteros o tecnologías vinculadas con herbicidas, mientras que la edición génica puede actuar sobre características propias del germoplasma.

"La edición génica es un aliado muy importante de la transgénesis u otro tipo de biotecnologías que van a permitir reforzar aún más el valor del germoplasma", afirmó Costanzi.

Tres pilares

Pero aumentar el rendimiento no depende únicamente de la genética. Según explicó el especialista, aproximadamente 65 % de las variaciones productivas están asociadas al ambiente, alrededor de 25 % a las prácticas agronómicas y el resto corresponde al componente genético.

Por eso, GDM releva más de 40 variables ambientales en sus localidades de investigación y desarrollo, incluyendo factores climáticos, físicos y químicos.

El tercer componente es el manejo. Fecha de siembra, densidad, distancia entre hileras, nutrición, calidad de implantación, maquinaria y semilla forman parte de las decisiones que terminan definiendo cuánto de ese potencial genético logra expresarse.

Para Costanzi, la combinación de genética, conocimiento del ambiente y prácticas agronómicas permitirá avanzar hacia una agricultura mucho más precisa.

Más inversión

Ese proceso necesita, además, sostener la inversión en investigación. Allí aparece Sembrá Evolución, sistema que la industria utiliza para reconocer el valor de la genética y las tecnologías incorporadas a las semillas.

Jerónimo Costanzi señaló que GDM continúa apoyando este esquema mientras sigue con expectativa la discusión sobre una nueva Ley de Semillas y UPOV.

La lógica, sostuvo, es generar un círculo virtuoso: mayor reconocimiento de la innovación permite más inversiones en los programas de I+D, nuevas variedades y acceso a nuevas biotecnologías.

Duplicar la ganancia genética aparece así como una meta que excede al mejoramiento convencional. El desafío pasa por combinar nuevas herramientas, conocimiento del ambiente, agronomía e inversión para acelerar la llegada al lote de una soja con mayor potencial productivo.

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