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La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), el INTA, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y Syngenta presentaron una Guía técnica para la recuperación de suelos degradados. El lanzamiento se realizó en Rosario, en el marco del 34° Congreso Aapresid, desarrollado bajo el lema "Nuestro suelo, nuestra voz".
La publicación, dirigida a productores y asesores, reúne conocimientos de campo para diagnosticar problemas y diseñar estrategias adaptadas a cada sistema productivo.
La guía aborda la pérdida de nutrientes y carbono, el deterioro estructural y la menor actividad biológica. No ofrece una receta única, sino una hoja de ruta flexible.
El presidente del INTA, Nicolás Bronzovich, destacó la experiencia en ganadería pastoril, integración con agricultura (destacando el Manejo de Bosques con Ganadería Integrada -MBGI-)y cultivos de servicios. No obstante, señaló oportunidades de mejora ante la pérdida de nutrientes y carbono.
Marcelo Torres, presidente de Aapresid, remarcó que la guía surgió del trabajo público-privado y que la degradación exige diálogo entre la ciencia, las políticas públicas, las empresas y los productores.
Mariale Álvarez, directora de Sustentabilidad y Asuntos Corporativos LATAM de Syngenta, valoró el trabajo colaborativo. "El gran desafío de los productores es producir más con menos", afirmó.
Diagnóstico integral
La guía define al suelo como un sistema vivo, esencial para los ciclos del agua, el carbono y los nutrientes. Su degradación es gradual y puede revertirse con prácticas sostenidas. El deterioro no es irreversible cuando se actúa sobre sus causas.
El punto de partida es un diagnóstico integral. Además de los análisis, recomienda revisar rotaciones, cultivos de servicios, fertilización, tránsito de maquinaria, anegamientos, erosión y relieve.
Para evaluar la salud combina indicadores químicos, físicos, biológicos y productivos: pH y nutrientes; agregados, infiltración y compactación; carbono orgánico, actividad microbiana y rendimientos.
Ningún indicador explica por sí solo el sistema. Los datos pueden complementarse con mapas de rendimiento, imágenes satelitales, sensores y observaciones a campo. Así, las intervenciones pueden adaptarse a la variabilidad de cada ambiente.
Plan progresivo
Esa línea de base permite priorizar limitantes y fijar objetivos medibles. Los problemas frecuentes son baja cobertura, rotaciones simplificadas, compactación, escasa infiltración, pérdida de carbono y desbalances nutricionales.
La recuperación demanda varios años: primero busca frenar la pérdida de carbono y mejorar la cobertura; luego, aumentar la infiltración y los agregados; y finalmente ganar resiliencia y estabilidad productiva.
El seguimiento varía: los resultados productivos se revisan en cada campaña; las variables físicas y químicas, cada uno o dos años; y el carbono orgánico, cada dos o tres años.
Prácticas prioritarias
Las prácticas estructurales incluyen siembra directa sin remoción, rotaciones con gramíneas, cultivos de servicios y nutrición balanceada. Favorecen la cobertura, la infiltración y la actividad biológica.
Las medidas complementarias comprenden insumos biológicos, manejo integrado de plagas, enmiendas y tránsito controlado. Para sistemas complejos contempla integración agrícola-ganadera, agroforestería y riego conservacionista.
Según la guía, recuperar un suelo no depende de una acción aislada. Exige combinar prácticas, medir su evolución y ajustar las decisiones para reconstruir funciones y sostener la productividad.