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Durante décadas, la agricultura argentina utilizó parte de la fertilidad acumulada en sus suelos sin reponer todos los nutrientes extraídos. El proceso debilitó la materia orgánica, la estructura y la capacidad de responder ante un clima más variable.
El diagnóstico fue presentado en el Congreso Aapresid por Leonardus Vergütz, director científico de OCP Nutricrops, y Cristine Morgan, directora científica del Instituto de Salud del Suelo de Estados Unidos. El primero analizó el agotamiento del fósforo; la segunda, cómo medir y recuperar las funciones del recurso.
Ambos coincidieron en que el deterioro puede revertirse, pero que las decisiones deben comenzar ahora. Reponer nutrientes, mantener raíces vivas, proteger la superficie y medir los resultados son componentes de una estrategia para reconstruir la resiliencia agrícola.
Fósforo en deuda
Vergütz sostuvo que la Argentina conserva suelos fértiles, pero advirtió que durante décadas se extrajo más fósforo del que fue repuesto. Según explicó, ese balance negativo reduce la sustentabilidad, limita la productividad y afecta la capacidad de secuestrar carbono.
El consultor Fernando García, moderador del panel, dimensionó el proceso: en los últimos 30 años se retiraron de los suelos argentinos alrededor de 4,5 millones de toneladas de fósforo por encima de lo repuesto. Aunque recientemente la reposición llegó al 60 %, el balance acumulado continúa siendo deficitario.
El problema no es exclusivo del país. Sin embargo, Vergütz señaló que la Argentina se encuentra entre las naciones con menores tasas de reposición de fósforo. La caída de ese nutriente no solo condiciona los rendimientos, sino que también disminuye la materia orgánica y deteriora la estructura del suelo.
"Gastamos la resiliencia de la agricultura argentina en general, especialmente frente al cambio climático", advirtió el especialista brasileño. La expresión resume el costo de haber sostenido la producción durante años sobre las reservas naturales del recurso.
Pese a la magnitud del déficit, Vergütz aseguró que es posible revertir el daño. Para lograrlo propuso aportar lo que fue extraído y reconstruir, de manera gradual, los niveles de materia orgánica y la capacidad del suelo para amortiguar períodos de sequía, excesos hídricos y variaciones de temperatura.
Las cuatro decisiones
El especialista destacó la aplicación conjunta de las denominadas 4R: elegir la fuente de nutriente adecuada, definir la dosis correcta, aplicarla en el momento oportuno y ubicarla de la forma apropiada. Estos criterios buscan aumentar la eficiencia de la fertilización y reducir las pérdidas.
"Cuando las 4R se aplican de manera conjunta, no solo se puede producir más, sino también ganar más, porque se fortalecen los cultivos y las pasturas, se reducen las pérdidas de nutrientes y se optimiza el uso de los recursos", afirmó.
Medir la salud
Morgan abordó el desafío desde el funcionamiento integral del suelo. Definió su salud como la capacidad de funcionar adecuadamente para cumplir un propósito y remarcó que todos los suelos pueden ser sanos, aunque esa condición se exprese de manera diferente según su textura, profundidad y composición.
Entre las prácticas para mejorarla mencionó reducir la perturbación física, mantener raíces vivas durante la mayor cantidad posible de días, cubrir y proteger la superficie, incorporar diversidad e integrar el pastoreo cuando las condiciones del sistema lo permitan.
Morgan enfatizó que las buenas prácticas deben acompañarse con mediciones. La información debe servir a productores, a la cadena de suministro, a responsables de políticas públicas y a inversores interesados en recuperar los suelos.
Entre los principales indicadores incluyó la concentración de carbono orgánico, la capacidad de retención de agua, el potencial de mineralización del carbono y la estabilidad de los agregados. Su evaluación permite observar cambios que muchas veces no se reflejan inmediatamente en el rendimiento.
Escala y ambiente
Morgan advirtió que los valores deben interpretarse según las características de cada sitio. Un suelo arenoso, otro poco profundo o uno con elevada presencia de rocas pueden ser saludables, aunque presenten resultados diferentes frente a los mismos indicadores.
También explicó que las propiedades inherentes condicionan la respuesta. La capacidad de acumular carbono orgánico está fuertemente relacionada con la concentración de arcilla, mientras que el pH tiene una influencia decisiva sobre el potencial de mineralización del carbono.
Por eso propuso construir mediciones que sean relevantes a escala local, pero que puedan ampliarse y compararse en ámbitos regionales o continentales. Para hacerlo, remarcó, los resultados deben contar con respaldo estadístico y ser comunicados de manera comprensible.
Más allá de las diferencias entre ambientes, el objetivo es desarrollar sistemas capaces de tolerar mejor los impactos climáticos sin perder productividad. "Cuando pienso en un suelo sano, pienso en resiliencia, porque nos proporciona un amortiguador frente al clima", concluyó Morgan.
Tecnología para un manejo más preciso
La nanotecnología y los drones agrícolas comienzan a modificar los esquemas tradicionales de manejo de cultivos. En Aapresid se mostraron resultados que permiten pensar en aplicaciones con menores dosis, mayor precisión y una logística más eficiente.
El tema se abordó en el panel "Nanotecnología agrícola: de los mecanismos de acción a los resultados en soja, maíz y trigo", con Romina Giacometti, FAUBA; Gerardo Quintana, AgroNord; y Wenceslao Tejerina.
Menores dosis
La nanotecnología permite trabajar con partículas extremadamente pequeñas y mejorar el aprovechamiento de nutrientes por parte de las plantas. Los especialistas presentaron resultados de más de 40 ensayos en distintos cultivos y ambientes. En cerca del 90 % de los casos, los tratamientos con nanoproductos alcanzaron respuestas iguales o superiores a las estrategias convencionales.
La diferencia es que esos resultados pueden obtenerse con cantidades considerablemente menores de producto, reduciendo las necesidades de transporte, almacenamiento y aplicación.
Drones agrícolas
Los drones son el otro componente de este cambio, ya que funcionan como herramientas de aplicación y plataformas capaces de recopilar información precisa del lote.
La incorporación de inteligencia artificial permite además avanzar hacia equipos cada vez más autónomos y aplicaciones dirigidas únicamente a los sectores donde son necesarias.
Nuevo paradigma
La combinación de nanotecnología, drones, sensores e inteligencia artificial plantea un cambio de paradigma: pasar de grandes volúmenes y aplicaciones generales a intervenciones más precisas y eficientes.
El desafío será validar estas tecnologías en distintos ambientes y lograr que puedan incorporarse con costos competitivos. Los ensayos presentados en Aapresid muestran, sin embargo, que el proceso ya está en marcha.