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Especialistas del INTA Salta y del Instituto de Genética del organismo desarrollaron nuevas poblaciones de chía de ciclo corto que reducen en aproximadamente 30 días el período biológico del cultivo y presentan una menor sensibilidad al fotoperiodo.
El avance, difundido por INTA Informa, busca superar una de las principales limitantes que presentan las variedades comerciales tradicionales: una ventana de siembra muy restringida, condicionada por la respuesta de la planta a la duración del día.
A partir de mutaciones inducidas, los investigadores lograron poblaciones prácticamente insensibles al fotoperiodo, lo que permite ampliar las fechas de implantación y otorgar mayor flexibilidad al manejo productivo.
"Estas variedades se han obtenido a través de mutagénesis, ya sea de manera natural o inducida. Esto quiere decir que, a diferencia de la chía comercial cuya ventana de siembra es muy restringida debido a su alta sensibilidad al fotoperiodo, las plantas mutadas son prácticamente insensibles al fotoperiodo", explicó Martín Acreche, investigador del INTA Salta.
Ciclo más corto
Una de las principales características del nuevo material es la reducción del ciclo. Según los ensayos realizados, estas poblaciones completan su desarrollo alrededor de 30 días antes que las variedades comerciales.
Ese menor tiempo de permanencia en el lote representa una ventaja agronómica porque reduce la exposición a factores bióticos, como plagas y enfermedades, y también a situaciones climáticas adversas que pueden afectar el rendimiento.
El acortamiento del ciclo no mostró, hasta el momento, diferencias importantes en el rendimiento respecto de los materiales comerciales, mientras que el manejo agronómico se mantiene en parámetros similares a los de la chía tradicional.
La modificación también amplía las posibilidades de elección de la fecha de siembra. "Mientras que la siembra tradicional se concentra en febrero, esta nueva tecnología permite extenderla desde enero hasta fines de febrero. A su vez, abre la posibilidad de sembrar en septiembre u octubre, siempre que el lote cuente con la humedad necesaria", indicó Acreche.
La posibilidad de adelantar o retrasar la implantación otorga al productor una herramienta adicional para adaptar el cultivo a las condiciones de cada campaña y distribuir mejor los riesgos productivos.
Más densidad
Otra de las ventajas observadas está vinculada con la arquitectura de las plantas. Las nuevas poblaciones presentan una menor estatura, una característica que permitiría incrementar la cantidad de plantas por superficie.
De acuerdo con los ensayos del INTA, la densidad de siembra podría incluso duplicarse respecto de los esquemas tradicionales, con la posibilidad de aumentar la productividad por hectárea.
Esa combinación entre ciclo corto, menor altura y mayor densidad aparece como uno de los aspectos más interesantes del desarrollo, porque no sólo modifica la fecha de siembra sino también la forma de plantear el cultivo.
La reducción del ciclo, además, permite disminuir el período durante el cual la chía queda expuesta a condiciones que pueden comprometer la producción.
Alto valor
La chía es considerada un cultivo de alto valor nutricional y se destaca particularmente por su contenido de aceite y ácidos grasos omega-3. Sus semillas contienen entre 25 y 38 % de aceite, mientras que más del 64 % de su perfil lipídico corresponde a omega-3.
También presenta entre 19 y 23 % de proteínas, una proporción superior a la observada en varios cereales tradicionales.
Estas características explican buena parte del interés comercial que el cultivo ha despertado en los últimos años y también la importancia de desarrollar materiales que faciliten su adaptación a distintos ambientes productivos.
Próximos pasos
La investigación continuará ahora con la evaluación de la calidad del grano. Los especialistas buscan determinar si las mutaciones que permitieron reducir el ciclo y modificar la sensibilidad al fotoperiodo también generaron cambios favorables en el perfil lipídico de las semillas.
El principal interrogante pasa por comprobar si, además de mantener el rendimiento y ampliar las posibilidades de manejo, las nuevas poblaciones presentan mejoras en el contenido o la composición de omega-3. "De confirmarse estos resultados, la chía de ciclo corto podría posicionarse como una población clave para el futuro del cultivo en la región, ofreciendo ventajas comerciales y de manejo de la planta para el productor", concluyó Acreche.
El desarrollo abre así una nueva alternativa para un cultivo que todavía tiene margen de expansión. Una ventana de siembra más amplia, menor duración del ciclo y la posibilidad de incrementar la densidad podrían convertir a estas poblaciones en una herramienta para reducir riesgos y ampliar las opciones productivas en la región.