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Maravillas de la vida animal: los padres sustitutos

Algunas especies colaboran en la crianza de crías ajenas y revelan sorprendentes formas de cooperación familiar.
Domingo, 27 de septiembre de 2026 09:07

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Cuando las circunstancias impiden que algunos animales puedan criar a sus propios hijos, otros individuos de la misma especie pueden ocupar un lugar decisivo. En aves y mamíferos existen ejemplos de cooperación en los que ejemplares sin descendencia propia ayudan a alimentar o proteger a las crías de sus parientes.

Abejarucos que ayudan a sus parientes: relámpagos de color canela, oro y azul atraviesan el cielo cuando los miembros de una colonia de abejarucos vuelan alrededor de sus nidos, en el sur de Europa. Estas aves regresan desde África para reproducirse y utilizan el pico y las patas para excavar galerías en barrancas o bancos de tierra.

Al comienzo de la temporada forman parejas y preparan el nido. Sin embargo, huevos y polluelos pueden ser atacados por serpientes, comadrejas y otros depredadores, por lo que algunas parejas pierden la posibilidad de criar.

Entonces puede aparecer una conducta particular. Abejarucos que no lograron reproducirse o perdieron su nidada ayudan a otros integrantes de la colonia, especialmente a parientes cercanos. Llevan alimento al nido y colaboran con los adultos que atienden a los polluelos. Entre los mejores ayudantes suelen encontrarse aves jóvenes que todavía no formaron su propia pareja.

Silvinos que ayudan en el hogar: en 1968, el silvino de Seychelles sobrevivía solamente en la isla Cousin, en el océano Índico. Su población se había reducido a unos 30 ejemplares. Hacia 1980, luego de proteger el lugar como reserva natural, ya había más de 400 aves.

La recuperación generó un nuevo problema. Muchos jóvenes llegaban a la edad reproductiva, pero ya no encontraban un territorio donde establecerse. En lugar de abandonar el grupo familiar, permanecían junto a sus padres y colaboraban en la crianza.

Los silvinos construyen nidos entre los matorrales y se alimentan de insectos y orugas. No todos los sectores de Cousin ofrecen las mismas condiciones. En territorios ricos en alimento, el éxito reproductivo puede ser hasta cinco veces mayor que en zonas pobres.

Por eso, tener un territorio propio no siempre es una ventaja. Un ave joven puede permanecer como ayudante de sus padres en un área rica antes que independizarse en un sitio de baja calidad. Cuando queda libre un buen territorio, la competencia aumenta y los individuos mejor alimentados tienen mayores posibilidades de ocuparlo.

La importancia del espacio se comprobó cuando algunas aves fueron trasladadas desde Cousin hasta la isla Aride. Allí había territorio disponible y las primeras parejas se reprodujeron sin ayudantes. Pero, a medida que aumentó la población y volvió a escasear el espacio, reaparecieron los jóvenes colaboradores.

Zorros que pierden la fama de solitarios: los zorros europeos son esquivos y desarrollan buena parte de su actividad durante la noche. Durante mucho tiempo fueron considerados animales solitarios, pero los sistemas de seguimiento permitieron comprobar una organización social más compleja.

En algunas regiones un macho se reproduce con una sola hembra; en otras puede compartir el territorio con varias. Muchas hembras jóvenes son hijas de temporadas anteriores y permanecen dentro del grupo, mientras los machos jóvenes suelen dispersarse.

Algunas de esas hembras no se reproducen y colaboran en la alimentación y protección de los cachorros. Todavía se conoce poco sobre el efecto de esa ayuda. Entre los chacales de lomo negro, parientes del zorro, los jóvenes permanecen durante su primer año junto a los padres y ayudan en la crianza.

Los maluros machos son buenos ayudantes: los maluros azules, también llamados maluros espléndidos, deben su nombre al brillante plumaje de los machos durante la temporada reproductiva. Son pequeñas aves australianas con una compleja organización social.

Como en algunas poblaciones hay menos hembras que machos, no todos consiguen pareja. Muchos permanecen en el territorio donde nacieron y ayudan a criar a los pequeños de sus hermanos, llevando alimento y colaborando en la vigilancia del nido.

Los estudios genéticos revelaron una característica aún más llamativa: el macho que atiende un nido no siempre es el padre biológico de los polluelos que cría. Puede, en cambio, haber engendrado crías en un territorio vecino. La presencia de ayudantes vuelve todavía más complejas las relaciones reproductivas.

Abejarucos, silvinos, zorros y maluros muestran que el cuidado de las crías no siempre queda limitado a sus padres. Cuando el espacio, el alimento o las oportunidades de reproducción son escasos, ayudar a otros miembros del grupo puede favorecer la supervivencia de una nueva generación.

Por Walter Octavio Chihán, médico veterinario

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