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El Hipódromo de Tucumán fue el lugar elegido por Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado para despedir el año en que Carlos Alberto “Indio” Solari dejó el plano terrenal y se transformó en leyenda. Más de 40 mil fanáticos de todo el país se reunieron para disfrutar de la obra que dejó el mítico cantante, con un repertorio que combinó, en su mayoría, canciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota con algunos tesoros de su etapa solista.
Los músicos, el dream team del rock argentino (Gaspar Benegas, Baltasar Comotto, Pablo Sbaraglia, Fernando Nalé, Ramiro López Naguil, Sergio Colombo, Miguel Ángel Tallarita, Déborah Dixon y Luciana Palacios) sonaron a la perfección. Una vez más.
Las canciones que se cantaron durante la previa, en los alrededores del hipódromo y sobre la ruta, también volvieron a escucharse dentro del predio. Hubo sorpresas en la lista, pero, sobre todas las cosas, mucha emoción. Los músicos homenajearon al Indio y el público estuvo a la altura, más allá de algunas bengalas y candelas que provocaron enojo por el recuerdo todavía latente de Cromañón.
A medida que el cielo gris se transformaba en azul oscuro, el público se acercaba a una fila interminable. No hubo empujones y los fanáticos ingresaron a través de los controles bajo la atenta mirada de un importante despliegue policial.
A las 21.45, cuando la mayor parte de la multitud ya estaba dentro del predio, se apagaron las luces. “Damas y caballeros…”, se escuchó en la clásica introducción de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y comenzó a sonar “Mariposa Pontiac/Rock del país”.
Era una noche ricotera y ese icónico tema fue el anuncio de lo que vendría.
“Nadie es perfecto/Ñam fri fruli fali fru” fue la segunda canción de una lista que mantuvo al público conectado con la historia de Los Redondos y la etapa solista del Indio. Después llegaron “Ceremonia durante la tormenta”, “El ruiseñor, el amor y la muerte” y “Un ángel para tu soledad”, entre otros clásicos que alimentaron el canto colectivo.
La lista avanzó entre distintas épocas y sonidos, con canciones como “El pibe de los astilleros”, “Ella debe estar tan linda”, “Martinis y tafiroles”, “A bailar que no hay infierno” y “Charro chino”. Uno de los momentos más emotivos fue en “Gualicho” con Tallarita apuntando al cielo y diciendo "Indio Eterno". “Sorpresa de Shangai”, “Perdiendo el tiempo” con Luciana Palacios dueña del escenario y “Te voy a atornillar”, fueron canciones muy celebradas, especialmente por aquellos veteranos que vivieron la época de Los Redondos.
El repertorio siguió con “El tesoro de los inocentes”, “Encuentro con un ángel amateur” y “To beef or not to beef”, antes de dar paso a “Por qué será que Dios no me quiere?”, “Blues de la libertad” y “Buenas noticias”.
La noche continuó con “Superlógico”, “Motorpsico” y “El arte del buen comer”. Más adelante sonaron “La marcha que les debía”, “Amar y sanar”, “Había una vez” y “Un tal Brigitte Bardot”.
En el tramo final, la banda interpretó “Susanita” con Sergio Colombo luciendo su saxo, “Vamos las bandas”, “Flight 956”, “Todo un palo” y “Mi genio amor”, hasta llegar a uno de los momentos más esperados: “Ji ji ji” y el pogo más grande del mundo se dio en Tucumán.
En total, fueron 33 canciones para una multitud que viajó hasta Tucumán con el propósito de celebrar una obra que atraviesa generaciones y son parte de la rica historia de nuestro rock nacional.