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Motivos para leer “Primeras Páginas”, de Eugenia Zicavo

Una lectura sobre la selección de cien comienzos literarios que Eugenia Zicavo reunió en un libro pensado para volver a descubrir el placer de leer.

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Cuando uno lee con cierta continuidad a Héctor M. Guyot, que escribe una nota de opinión en la contratapa de “La Nación”, seguro que sabe un poco más que antes y también advierte que, a veces, él mismo siente la necesidad de bajar un cambio a la dura realidad en la que vive todos los días un buen periodista. Este es un buen momento para seguir su ejemplo y, en vez de hablar de Malvinas o del Conurbano, o algo parecido, les propongo pensar en un libro muy especial.

El título es “Primeras Páginas”. Lo escribió Eugenia Zicavo, que es doctora en Ciencias Sociales por la U.B.A.; periodista; docente y crítica literaria. Este cronista supo de su publicación leyendo una sección de libros nuevos en una de las revistas que se publican los fines de semana en los diarios metropolitanos. Bastó ver de qué se trataba para que surgiera el interés de conseguirlo, de comprarlo y, más recientemente, de leerlo. 

Lo primero que atraen son los apellidos de los autores seleccionados, que compartiremos ahora, en el orden establecido: Tolstoi, Woolf, Dostoiesvki, Plath, Shakespeare, Duras, Bolaño, Yourcenar, Nin, García Márquez, Atwood, Dickens, Kafka, P.D James, Orwell, Sábato, Ballard,  Wonnegut, Kincaid, F.S Fitzgerald, De Beuavier, Kawabata, Saramago, Calvino, Enríquez, Baricco, Nothomb, Greene, Ferrante, Mishima, Kristoff, Lovecraft, Gallardo y Kundera. 

El proyecto de Zicavo fue -nada más y nada menos- que elegir exactamente cien libros, de estos autores, por un motivo muy especial: esas primeras páginas le habían bastado, en cada momento, para leer todos esos libros. Esa fue y será una buena receta que, entre otros, Borges sugería a los más jóvenes. Si el autor no conseguía conectar con el lector desde entonces, después no conseguiría mantener el interés.

Lo que Zicavo hizo no es una antología; tampoco se parece al resultado de una rápida entrada a cualquier motor de búsqueda. Hizo algo muy diferente y más difícil: primero una gran selección y después, pequeñas grandes elecciones. Es más que evidente que la autora es una gran lectora y que tiene muy buen gusto para ir de mayor a menor, del libro físico, más o menos extenso, a los autores y al final, a cien autores. 

El muy buen gusto explica quiénes y por cuáles de sus obras fueron los elegidos, de una lista más extensa: Shakespeare -por Ricardo III-; Tolstoi -por Ana Karenina- y Dovstoievski -por Los hermanos Karamazov-; Dickens -por Historia de dos ciudades- y Wilde -por El retrato de Dorian Grey-; Woolf -por Orlando- y De Beauvier -por La sangre de los otros- ; Greene -por El americano imposible-  y Lovecraft -por El abismo en el tiempo- ; Saramago -por Las intermitencias de la muerte-  y Calvino -por Si una noche de invierno un viajero-. Orwell -por 1.984- y Kafka -por El proceso-; Kawagata por -La casa de las bellas durmientes- y Mishima por - Confesiones de una máscara-; García Márquez - por Cien años de soledad- y Bolaño -por Estrella distante- ; Sábato - por El túnel-, entre otros. Bien podría decirse que eran nuestros conocidos. Hay otros, que no conocíamos o los conocíamos poco: Nothomb, Gallardo, Despentes y Bavicco. 

Ud. sabe lo que es elegir. Sabido cuál fue el resultado de la elección, viene la pregunta que siempre estuvo y seguirá estando: ¿por qué falta x?; o ¿por qué no lo puso?

Zicavo eligió sus mejores cien. Veamos algunos de los que no fueron elegidos: Borges, Víctor Hugo, Vargas Llosa, Cortázar, Cercas y Saer. Tampoco están estos otros: Rulfo, Amado, Auster, Eco, Hesse, Houllebec, Mailer, Faulkner, Joyce, Salinger ni Ruiz Zafón. Parecía que los echábamos de menos a todos ellos, así como a Bradbury, Hemingway, Kipling y Stevenson. 

No fue así, porque esta selección de cien primeras páginas fue tan bien lograda que el lector no pierde el interés en ningún momento. Apenas termina un texto, empieza el otro y así sucesivamente hasta el final. A veces, la historia es muy breve: menos de una carilla y otras, un poco más extensa, entre tres o cuatro carillas. Cada uno de los temas que se tratan en estas primeras páginas son una atracción en sí mismas. Más de una vez, el lector parece estar ante un espejo que le muestra una parte importante de su vida. Eso emociona, hace pensar y ayuda a seguir. 

“Primeras páginas” se imprimió en Turquía, en este mismo año. Por eso de que un libro remite a otro, a este cronista le parecía que no hacía mucho había leído uno de esos libros de lujo, por el papel y las tapas, al que este nuevo, encuadernado, le hacía acordar. Así era nomás.

En el año 2.013 - ¡pasaron trece años! - se publicó en Barcelona el libro “Cartas Memorables”, una recopilación de correspondencia escrita que estuvo a cargo de Shaun Usher. El título no podía ser otro. No hay otra palabra que memorables si quienes escribieron esas cartas fueron -en algunos casos siguen siendo- personajes de la humanidad, de todos los tiempos: Leonardo Da Vinci, John Kennedy, Fiodor Dostoiesvki, Charles Darwin, Albert Einstein, Elvis Presley, Groucho Marx, Katherine Hepburn, Mick Jagger, el comandante del Titanic, James Rilke y Mark Twain, entre otros. 

Las tres cartas que vienen al encuentro de la memoria de este cronista fueron estas: 1) una carta  manuscrita, con pluma y tinta, dirigida al señor George Lutsk,  quien en el mes de octubre de 1.888 estaba a cargo de la investigación de los crímenes cometidos en Londres por un sujeto violento, que apuñalaba y extraía al exterior algunos órganos de sus víctimas; en esta carta este  hombre dice enviarle al policía parte de uno de esos órganos, que había sacado (sic) de una mujer y que había conservado para él; el que firmaba era Jack, el Destripador; 2) en enero del año 1.960, la Reina Isabel II de Inglaterra, escribe al entonces Presidente de los Estados Unidos, George Eisenhower, una receta de los escones que le había prometido durante una visita anterior a Balmoral; 3) el abril de 1.980, Mark Chapman, contó en una carta que había esperado que John Lennon saliera del Edificio Dakota, en Nueva York, para pedirle que le autografiara un álbum recién publicado: “Double Fantasy”. El cantante y compositor aceptó y firmó; unas horas después, Chapman le disparó cuatro tiros en la espalda y se quedó en el lugar, a esperar a la policía. Eso consta en esa carta, por la que pretendía recobrar el disco y venderlo a un coleccionista.

Ya se dijo qué hace falta para lograr algo como “Primeras páginas”. Las “Cartas” requieren algo parecido, con ese plus que aportan la investigación y encontrar el detalle de cada historia. No debe haber sido fácil acceder a esas cartas para publicarlas. Parecidos y diferentes, hoy es el tiempo de esas “Páginas”.

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