Los personajes artísticos de la academia Marcos Tames sorprendieron a turistas y locales con una propuesta que mezcla danza, humor y tradición popular. Nacidos en Cerrillos hace más de dos décadas, estos personajes ya son parte de una fiesta que combina zambas, gatos, carnavalitos, cumbias y malambo.
El centro salteño tiene esas cosas, uno puede caminar distraído entre vidrieras, los turistas con celulares en alto, los vendedores que ofrecen sus productos y las familias que buscan una postal para llevarse de recuerdo, cuando de pronto la escena cambia. Aparecen unos personajes enormes, coloridos, desfachatados, con gestos exagerados y andar de pueblo, y la ciudad, por un momento deja de apurarse, se detiene para verlos.
Eso ocurrió durante el fin de semana, cuando los muñecos artísticos Los Caretones de la Marcos Tames irrumpieron en algunos de los lugares más atractivos de la capital. Para los visitantes fue una sorpresa. Para los salteños, también.
No todos los días se ve a un grupo de simpáticos personajes jugar, bailar y provocar sonrisas en pleno paseo urbano, como si hubieran bajado de una fiesta popular para mezclarse entre la gente.
Con cariño y respeto
Los muñecos son una parodia tierna de la vida de los pueblos, de esos personajes reales que habitan cada comunidad y que, aunque a veces pasan inadvertidos, forman parte de su identidad más profunda. Allí aparecen El Abuelo, El Cumbiero, El Machao, La Pata Loca y otros protagonistas que parecen nacidos de una esquina, de un baile, de una reunión familiar o de una historia contada entre amigos.
Con sus máscaras expresivas y sus movimientos cargados de gracia, el cuadro de danza humorístico hace gala de un repertorio amplio y popular. Bailan gatos, zambas, carnavalitos, cumbias y hasta malambos. Lo hacen con humor, pero también con oficio. Detrás de cada paso hay ensayo, coordinación y una búsqueda artística que no se queda solo en la risa fácil. La propuesta divierte porque está hecha con cariño y con respeto a la raíz de aquello que representa. Detrás de los disfraces hay bailarines de gran experiencia y presencia escénica. Actualmente son 14 los integrantes del grupo de caretas.
Dos décadas de alegría
La iniciativa nació hace más de dos décadas en la academia dirigida por el profesor Guillermo Lobo, allá en Cerrillos, la Capital del Carnaval. Con el tiempo, aquella idea fue creciendo hasta convertirse en una de las creaciones más reconocidas de la institución. "Las caretas se crearon en 2005. Ellas interpretan distintos personajes como El Abuelo, El Cumbiero, El Machao, La Pata Loca, entre otros", recordó.
La historia siguió su propio camino y cinco años después de aquella aparición, llegó una renovación de máscaras y se sumaron más personajes. Algunos de ellos tuvieron un lugar destacado en la apertura y cierre de los tradicionales Corsos de Flores de 2010, vidriera ideal para una propuesta que tiene mucho de carnaval, de teatro callejero y de danza popular.
Desde entonces, los muñecos fueron ganando terreno en el corazón de grandes y chicos. Ya no se los mira solo como una curiosidad. En cada presentación, el público los espera, los sigue, se fotografía con ellos y termina dejándose arrastrar por esa energía festiva que contagian. Lo que empieza como un espectáculo muchas veces termina en baile compartido.
"La gente nos hace sentir verdaderos artistas. En cada presentación, sea un cumpleaños de 15, 18, una fiesta de egresados o cumpleaños de 50, 60 y hasta de 80 años, nos miran, disfrutan del espectáculo y nos regalan sonrisas. La gente sale eufórica a bailar con nosotros y todo se convierte en una fiesta", contó Lobo.
Esa parece ser la clave está en convertir cualquier lugar en una fiesta. Un salón familiar, una peña, una calle céntrica o un escenario grande. Allí donde aparecen, los muñecos llevan algo de Cerrillos, de los corsos, de los patios donde la música convoca, de esa Salta que todavía encuentra en la tradición una forma de alegría colectiva.
La última renovación de máscaras se realizó en 2014 y, hacia fines de 2015, llegó una incorporación especial: El Burro. Ese personaje fue creado para la participación en el festival de Jesús María, en Córdoba, en 2016, junto a Luis Cuadra, El Quebracho. Fue otro paso importante para una propuesta nacida en una escuela de danzas y proyectada luego hacia escenarios de mayor alcance. La última actualización fue en 2021.
Cultura popular y risa
Más allá de festivales y presentaciones, el mayor mérito de estos muñecos está en lo que provocan. En tiempos de pantallas digitales, apuros y gestos serios, aparecen para recordar que la cultura popular también se construye desde la risa, desde la exageración, desde el baile y desde esos personajes que, aunque parezcan inventados, tienen algo de los pueblos.
Durante el fin de semana, mientras los turistas miraban sorprendidos y los chicos se acercaban entre curiosos y divertidos, los muñecos volvieron a hacer lo suyo, sacaron a la gente de la rutina, llenaron de color el paseo y demostraron que la tradición, cuando se mueve con alegría, todavía tiene mucho para decir.