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El regreso de la democracia no solamente abrió las puertas de las instituciones. También encendió amplificadores, liberó canciones y permitió que una generación comenzara a expresarse después de años marcados por la censura, el miedo y el silencio. En Salta, el rock salió lentamente de las sombras y encontró refugio en bares, clubes, festivales, patios y habitaciones adolescentes donde una guitarra alcanzaba para imaginar otro mundo.
La recuperación democrática de 1983 había modificado el clima social y cultural del país. Las palabras comenzaban a circular con mayor libertad y la música se transformaba en uno de los lenguajes elegidos por los jóvenes para contar lo que sentían, cuestionar lo establecido y construir una identidad propia. En una provincia ligada al folclore, el rock buscaba su lugar sin renegar de la tradición, pero decidido a ensanchar los límites de la escena artística.
Por aquellos años, las habitaciones de jóvenes como José María "Gordo" Rico, Raúl Vargas, Marcelo Gala, Aguja Salinas, Pekiné Lamas, Toni Gariglio, Kris Rokalchaki, Pedro Alurralde, Chinato Torres, Arnaldo López o Miguel Gorría, funcionaban como pequeños centros culturales. Allí se escuchaban discos, se intercambiaban casetes, se escribían letras y se ensayaban acordes hasta que algún vecino protestaba por el volumen.
No sobraban los instrumentos ni los recursos técnicos. Tampoco abundaban los escenarios dispuestos a recibir a aquellas bandas. Sin embargo, había entusiasmo, imaginación y una necesidad urgente de tocar. Cada ensayo era una forma de resistencia frente a la monotonía. Cada recital, por pequeño que fuera, representaba la posibilidad de encontrarse con otros que compartían una misma pasión.
De esa época quedaron nombres que todavía resuenan en la memoria de quienes atravesaron aquellos años: Los Thunders, La Pirámide, Aspid, Tren Fantasma, Kariz, Azor, Perro Ciego, Control Romoto, La Máquina del Tiempo y GAMA, entre muchas otras bandas. Algunas tuvieron trayectorias breves; otras lograron mantenerse activas o reaparecieron con el paso del tiempo. Todas, sin embargo, aportaron algo a la construcción de una escena que todavía estaba aprendiendo a reconocerse.
Hay grupos que no envejecen porque permanecen unidas a una época, a un barrio, a un grupo de amigos o a una noche determinada. También existen canciones que quedan suspendidas en la memoria, como si aguardaran el acorde exacto capaz de hacerlas regresar. La historia del rock salteño está construida, en buena medida, con esos recuerdos dispersos en afiches guardados, fotografías desteñidas, entradas de recitales y grabaciones realizadas con equipos domésticos.
En ese contexto nació en Salta Capital el Movimiento Juvenil Pro Arte Contemporáneo, conocido por sus siglas MoJPAC. La organización se concentró en la realización de recitales y en la apertura de espacios para músicos que hasta entonces permanecían prácticamente invisibles. Su tarea resultó fundamental porque permitió reunir a bandas, artistas y seguidores en torno a una propuesta cultural que se encontraba por fuera de los circuitos tradicionales.
Los integrantes del movimiento no contaban con grandes presupuestos ni estructuras profesionales. Tenían, en cambio, la voluntad de generar oportunidades. Con el acompañamiento y la energía de amantes del rock como la Pepona y Checho, entre otros, comenzaron a mover los cimientos de la vida cultural salteña. Cada escenario conseguido, cada equipo prestado y cada entrada vendida significaban un avance.
Mientras las bandas locales trataban de consolidar una identidad, las figuras del rock nacional comenzaron a incluir a Salta en sus recorridos. Uno de los primeros grandes recitales se realizó en el estadio de Gimnasia y Tiro y fue organizado por el grupo Buenas Ondas, liderado por el cantante Piero con Prema. Aquella convocatoria reunió a Miguel Abuelo, Miguel Mateos, Juan Carlos Baglietto y al propio Piero.
La presencia de esos artistas tuvo un impacto enorme. Para muchos jóvenes salteños, verlos en vivo significaba confirmar que la música que escuchaban en discos o casetes también podía habitar los escenarios de la provincia. El rock dejaba de ser un fenómeno lejano, limitado a Buenos Aires y a las grandes ciudades, para instalarse frente a ellos con guitarras, luces y canciones.
Con el tiempo llegaron GIT, Fito Páez, Orion's, Miguel Cantilo, Jorge Durietz y otras figuras que se convertían en protagonistas de la música contemporánea local. Cada visita despertaba nuevas vocaciones y demostraba que en Salta existía un público dispuesto a acompañar ese crecimiento.
El eco del Live Aid, realizado el 13 de julio de 1985, también alcanzó a la provincia. El multitudinario festival solidario fue seguido en distintos rincones del planeta y confirmó el poder de convocatoria que podía alcanzar el rock. En una Argentina que recién comenzaba a transitar nuevamente la democracia, aquellas imágenes representaban además una ventana hacia una cultura global que durante mucho tiempo había llegado de manera fragmentada.
Las radios cumplieron un papel decisivo. Las nuevas emisoras de frecuencia modulada ampliaron la oferta musical y permitieron que canciones hasta entonces difíciles de encontrar comenzaran a ocupar el aire. Radio Nacional y FM Génesis, surgida en 1986 con voces como la de la histórica Delia Aguilera, fueron parte de ese proceso en el que el rock fue conquistando espacios, programas y audiencias.
Así, casi sin pedir permiso, el género ingresó en las conversaciones cotidianas, en las reuniones juveniles y en los escenarios provinciales. Ya no era una rareza ni una expresión confinada a pequeños grupos. Se había transformado en una manera de mirar el mundo y en una banda sonora para una sociedad que recuperaba la posibilidad de hablar.
El rock salteño de aquellos años fue imperfecto, artesanal y profundamente vital. Creció con equipos prestados, escenarios improvisados y músicos que muchas veces tocaban únicamente por el deseo de hacerse escuchar. Pero dejó una huella. Cuando la democracia volvió, las guitarras también recuperaron la voz y desde entonces, aunque algunas bandas hayan desaparecido, aquella llama continúa encendida.