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La Asociación de Fisioterapeutas y Kinesiólogos de Salta prepara un operativo con unos 20 puestos para asistir a los peregrinos del Milagro. Este año se sumaron 80 voluntarios y estudiantes. Liliana Pastor, integrante de Kinesiólogos del Milagro, explicó en Tal Cual, el streaming de El Tribuno, cómo será el trabajo y brindó recomendaciones para quienes caminarán hacia la Catedral.
¿Cómo se están preparando para asistir a los peregrinos?
Estamos muy contentos y emocionados porque este año se sumaron 80 personas. Todo comenzó con un grupo de siete profesionales y hoy tenemos alrededor de 20 puestos de asistencia, cada uno con su coordinador. También se incorporaron estudiantes de la Universidad Católica. Antes de comenzar las actividades les brindamos una capacitación en reanimación cardiopulmonar, primeros auxilios, ejercicios de estiramiento y medidas de prevención y cuidado.
¿Qué deben tener en cuenta quienes harán la peregrinación?
Siempre recomendamos que antes vayan al médico y se realicen un chequeo para conocer su estado de salud. Nos ocurrió que algunas personas descubrieron durante la peregrinación que tenían diabetes. La fe moviliza y muchas veces uno toma la mochila y sale, pero es importante prepararse.
¿También es necesaria una preparación física?
Sí. En el camino les enseñamos ejercicios de estiramiento. Muchas veces creen que solamente con un masaje se sentirán mejor. El masaje puede aliviar en el momento, pero durante el trayecto es fundamental elongar los músculos de las piernas, los brazos y el cuello. Los peregrinos llegan con una sobrecarga muscular muy importante y este año vamos a trabajar especialmente sobre eso.
¿Qué otros cuidados aconsejan?
Deben usar protector solar y gorra, abrigarse en capas y mantener los pies secos, porque la humedad favorece la aparición de ampollas. Cuando hacemos la asistencia tratamos de contar con podólogos, que se ocupan de la atención de los pies. Nosotros abordamos la parte osteomioarticular mediante estiramientos, elongaciones, evaluaciones y vendajes.
¿Qué lesiones encuentran durante el recorrido?
Hemos atendido a personas que se cayeron y sufrieron traumatismos en la muñeca, el tobillo o la rodilla. Las evaluamos, movilizamos la zona y realizamos los vendajes. Nuestra profesión tiene muchas herramientas para ayudar al peregrino y tratamos de utilizarlas todas.
¿Cómo detectaron casos de personas que no sabían que tenían diabetes?
—Una de ellas se descompensó y fue derivada a los médicos. Después nos informaron que la causa estaba vinculada con una diabetes que no había sido diagnosticada. Por eso tratamos de estar preparados para responder ante distintas necesidades. Hay médicos que atienden su área, nosotros la nuestra y los podólogos se ocupan de los pies. Entre todos brindamos una atención integral.
¿Todos llegan con las mismas condiciones físicas?
No. Las personas que viven en la ciudad no siempre están acostumbradas a caminar grandes distancias. Recuerdo a una señora que venía desde San Antonio de los Cobres: llegó impecable y no tenía ni una ampolla. Estaba habituada a caminar por la montaña. Quien no tiene esa costumbre suele sentir mucho más el esfuerzo. Hay personas que se preparan durante todo el año y otras que deciden peregrinar sin un entrenamiento previo.
¿Cómo puede colaborar la comunidad con este operativo?
—Estamos realizando una campaña para reunir elementos. Necesitamos guantes de látex o nitrilo, cremas o aceites para masajes, gelógenos, rollos de cocina, alcohol etílico y alcohol en gel. Debemos desinfectar las camillas y todos los elementos utilizados. También recibimos curitas, vendas y otros insumos para las curaciones.
¿Dónde se pueden acercar las donaciones?
En Las Heras 44, entre España y Caseros, de 8 a 16. También pueden encontrarnos como Kinesiólogos del Milagro en Facebook, Instagram y TikTok. Allí compartiremos las fotografías y el cronograma de asistencia.
¿Cuándo comenzará el trabajo en territorio?
Empezaremos el 7 de septiembre en Iturbe, cerca de Iruya. Allí asistiremos a los peregrinos de Nazareno e Iruya, que pasan una jornada entera caminando por el río. Llegan a Iturbe para almorzar, los atendemos y después continúan su camino. Es una experiencia hermosa y creo que por eso se sumaron tantos profesionales.
¿Cómo organizan los puestos en lugares alejados?
En algunos puntos trabajamos con Defensa Civil, que nos facilita gazebos y carpas. En otros llevamos nuestros propios gazebos, camillas y cajas con vendas y todo lo necesario. Al crecer el número de voluntarios tenemos la posibilidad de llegar a más lugares.
¿Reciben pedidos de las propias peregrinaciones?
Sí. Con el paso de los años creció la cantidad de colaboradores, pero también la de peregrinaciones que se comunican para pedirnos asistencia en un punto determinado. A partir de esos pedidos coordinamos cada puesto.
¿Cómo se financia el operativo?
Todo se sostiene con el aporte de nuestros pacientes, amigos y familiares, además del trabajo solidario y gratuito de los kinesiólogos. No recibimos una ayuda económica. Viajamos en nuestros vehículos particulares, llevamos las camillas y, cuando las asistencias coinciden con días hábiles, cerramos los consultorios y dejamos de trabajar para poder participar.
¿Qué los impulsa a asumir ese esfuerzo?
—Los propios colegas se comunican para preguntar dónde pueden colaborar, si hace falta reparar una camilla o qué puesto deben cubrir. Todos están buscando la forma de hacer que esto funcione. Eso me llena de alegría.
¿Qué historias conocen mientras atienden a los peregrinos?
Mientras los asistimos conversamos y les preguntamos por qué peregrinan. Hay personas que van a agradecer por haberse recuperado de una enfermedad. Recuerdo a una mujer de Nazareno que peregrinaba porque su hija se había curado de una enfermedad muy grave. También hablamos con jóvenes que caminaban para agradecer haber salido de las adicciones y contaban cómo los había ayudado la fe.
¿Qué significa para ustedes acompañarlos?
Lo más lindo es ayudarlos a cumplir el objetivo de llegar a los pies del Señor y la Virgen del Milagro. Nos sentimos parte de ese logro. Amo mi profesión y me enorgullece ver a colegas que comparten valores como la solidaridad y el deseo de ayudar al otro. Nosotros decimos que hacemos nuestra propia peregrinación porque recorremos distintos lugares para asistirlos.