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Valeria Bertuccelli: "Cada vez me resulta más raro actuar en proyectos de otros"

La actriz, directora y guionista será una de las principales figuras invitadas de la 30ª Semana de Cine en Salta, que se desarrollará del 6 al 14 de agosto.
Miércoles, 05 de agosto de 2026 00:32

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Por Luciana Barrionuevo

La actriz, directora y guionista Valeria Bertuccelli será una de las principales figuras invitadas de la 30ª Semana de Cine en Salta, que se desarrollará del 6 al 14 de agosto con una programación que incluye más de 50 películas de todo el mundo, 15 invitados especiales y numerosas actividades gratuitas. Durante su estadía, presentará tres trabajos que recorren distintas etapas de su carrera —La otra mejilla, Silvia Prieto y La reina del miedo— y encabezará la charla abierta "Del personaje a la dirección", donde compartirá su experiencia como actriz y realizadora.

En la previa de su visita, Bertuccelli dialogó con El Tribuno sobre esta nueva etapa de su carrera, en la que la dirección y la escritura ocuparon un lugar central. También recordó su vínculo con el cineasta Martín Rejtman, habló del proceso creativo que dio origen a La otra mejilla junto a la cantante salteña Feli Colina, reflexionó sobre la vigencia de Silvia Prieto, analizó el impacto de las plataformas de streaming y defendió la experiencia colectiva de ver una película en una sala de cine, una práctica que, asegura, sigue siendo irreemplazable.

¿Qué significa para vos venir a Salta en el marco de la Semana del Cine?

Estoy muy contenta. Presentamos La otra mejilla, que es la visual del disco de Feli Colina y que terminó transformándose, casi sin querer, en una película. Dura unos 40 minutos y empezó como la idea de crear el universo visual del disco, pero terminó tomando realmente forma de película. Además también se proyectan La reina del miedo y Silvia Prieto, así que me encuentro con amigos del cine, con directores. Me encanta.

¿Cómo nació ese proyecto junto a Feli Colina?

Feli primero me propuso hacer uno o dos videos del disco y después algunos visualizers. Yo nunca había hecho un videoclip y tampoco sabía muy bien cuál era el lenguaje. Empezamos a conversar sobre las ideas y apareció ese universo de una Feli golpeando la puerta de otra Feli, con una sensación muy infantil de cuando uno es chico y no quiere mostrar lo feo de su casa.

Nos dimos cuenta de que ese mundo infantil sigue estando exactamente igual cuando uno es adulto. Esas primeras vergüenzas, aquello que uno quiere ocultar o mostrar, siguen acompañándonos toda la vida. Empezamos a construir desde ahí.

Cada vez que nos encontrábamos íbamos sumando ideas, mirando libros de fotógrafas, probando cosas en el jardín de casa. El proyecto empezó a crecer y dijimos: "¿Por qué hacer solamente uno o dos videos? ¿Por qué no hacer todos los temas?". Lo filmamos en apenas cuatro días, con un equipo muy chico, y fue una experiencia hermosa.

En este caso dirigiste sin actuar. ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue la primera vez que dirigía sin estar también delante de cámara. Con La reina del miedo y Culpa Cero dirigía y actuaba al mismo tiempo. Acá solamente dirigí y me encantó. Descubrí que apareció para mí otra manera de contar. Primero desde la escritura, que disfruto muchísimo, y después desde la dirección. Siento que como guionista y directora soy bastante autodidacta, pero también hice muchas películas y cada vez encuentro más herramientas para contar mejor. Lo disfruto muchísimo.

Cada vez me resulta más raro actuar en proyectos de otros. Cuando aparece alguno que me entusiasma mucho, voy, pero siento que me fui alejando naturalmente de ese lugar.

También vas a reencontrarte con el público a través de Silvia Prieto, una película que marcó una época. ¿Cómo vivís que nuevas generaciones la descubran?

Me encanta. Con Silvia Prieto pasó algo muy particular. Hay gente que me manda fotos disfrazada del personaje en fiestas, me regalan remeras, bolsas con imágenes de la película. Con las películas de Martín Rejtman ocurrió algo muy fuerte.

Su lenguaje tiene algo muy singular que no envejece. No pasa de moda. Me sorprende que los jóvenes conecten con esa película y la entiendan perfectamente. También me impresiona que, aunque pasó mucho tiempo, muchas cosas siguen resonando hoy.

¿Cómo encontraste el equilibrio entre actuar y dirigir en La reina del miedo?

-Fue un método que fui construyendo. Descubrí que estar actuando dentro de la escena también es una manera de dirigir. Desde ahí puedo llevar el tono de una escena, propiciar determinadas cosas.

Después hago un ejercicio constante de ir y venir entre la actuación y el monitor. Muchas veces ni siquiera necesito ver inmediatamente la toma. Terminamos una escena y digo: "Hagámosla otra vez". Recién cuando siento que apareció lo que buscaba voy a verla. Ese terminó siendo mi método.

También vas a compartir actividades con Martín Rejtman. ¿Qué representa él en tu carrera?

Muchísimo. Martín es un gran amigo. De hecho ya nos escribimos porque estamos muy contentos de encontrarnos en Salta.

Es la primera persona a la que le doy un guion para leer. Tanto La reina del miedo como Culpa Cero las leyó primero él. También es el primero al que le muestro el primer corte de una película.

Aprendí muchísimo trabajando con él. Incluso cosas muy concretas, como que se pueden hacer películas con muy poco dinero y equipos muy chicos. Eso también pasó ahora con el trabajo junto a Feli. Cada vez estoy más convencida de que no siempre hacen falta estructuras enormes para hacer algo bueno.

Además siento que participé de ese universo cinematográfico y que muchas cosas de mi manera de contar, incluso del ritmo o del humor, nacen de ahí.

¿Recordás alguna anécdota de esos rodajes?

Muchísimas. En Los guantes mágicos hubo una escena que hicimos unas 42 veces. Ya nos tentábamos todos y Martín estaba de mal humor porque no parábamos de equivocarnos. Él tiene un oído muy preciso para el texto y si una frase no sonaba exactamente como buscaba decía: "No, otra vez".

Y con Silvia Prieto pasó algo muy gracioso. Yo estaba embarazada de cuatro meses y trataba de esconder la panza. Después nos quedamos sin dinero, pasó mucho tiempo hasta retomar el rodaje y cuando volvimos yo ya había tenido a mi hijo: estaba muy flaca pero con un problema enorme de continuidad. Sin embargo, cuando uno ve la película, termina funcionando igual.

Muchos personajes tuyos siguen circulando en memes y redes sociales. ¿Cómo vivís eso?

Me mandan muchas cosas. Hay memes que realmente son buenísimos y me hacen reír mucho. No soy yo la que los busca; generalmente me los envían amigos.

Me causa gracia pensar que esos personajes quedaron dando vueltas para siempre.

¿Y cómo es tu relación con las redes sociales?

Soy un desastre. Nunca tuve redes hasta hace poco. Cuando se estrenó Culpa Cero me convencieron de abrir Instagram para que quedaran reunidas las notas y el material de prensa.

Lo abrí, pero casi no subía nada. Sentía que no me hacía bien, que me absorbía en algo que no disfrutaba, así que lo cerré durante mucho tiempo.

Hace poco lo volví a abrir, pero lo uso solamente cuando quiero compartir algún trabajo, como pasó ahora con Feli. Subo eso y después prácticamente lo vuelvo a cerrar. No entiendo demasiado cómo funcionan esas dinámicas.

¿Cómo ves el crecimiento de las plataformas de streaming frente a la experiencia del cine?

Creo que son cosas diferentes. Está buenísimo tener plataformas para ver películas cuando uno quiere, pero la experiencia de una sala de cine es irreemplazable.

No siento que las plataformas hayan matado al cine. Al contrario. Voy al cine de mi barrio durante la semana y siempre está lleno. Veo salas llenas tanto para películas comerciales como para otras más pequeñas.

Por eso creo que vale la pena seguir haciendo películas para que primero se estrenen en el cine y después lleguen a las plataformas. La gente sigue yendo al cine.

También vas a brindar una charla abierta en Salta. ¿Qué esperás de ese encuentro?

Me gustan mucho esos espacios porque obligan a pensar por qué hacemos cine, por qué escribimos, dirigimos o actuamos.

Muchas veces una película te ayuda a entender algo de tu propia vida o te transforma. Hay algo del cine que tiene una especie de magia, una capacidad para transformar las cosas.

Y esos encuentros también nos alimentan a nosotros. Uno llega con ideas, las comparte, escucha preguntas y vuelve pensando distinto. Ese intercambio siempre vale muchísimo.

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