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"Strip Póker", la comedia del francés Jean-Pierre Martínez, llega a Salta con la Compañía Teatral Salteña. Se estrenará el viernes 2 y el sábado 3 de octubre, en el Salón Auditórium, avenida Belgrano 1349.
Una pareja invita a cenar a sus nuevos vecinos. Es un gesto amable, casi obligado, de esos que se hacen para conocerse y quedar bien. Nadie sospecha que la velada se va a convertir en una pesadilla. Así arranca Strip Póker, la comedia que la Compañía Teatral Salteña estrena con dirección de Maira Bulacio y las actuaciones de: Gisel Schmilchuk Abrebanel, José Manenti, Susana Urrestarazu y Daniel Frisoli.
Como en una mano de póker, cada personaje intenta mostrar lo mínimo para no quedar al desnudo. Pero las cartas empiezan a caer, y con ellas los secretos, las mentiras y las apariencias que sostenían todo.
"Expone con ironía la hipocresía"
José Manenti, actor y coordinador de producción de la obra, la define como una comedia contemporánea que "expone con ironía la hipocresía y los secretos de las relaciones de pareja y de las relaciones sociales". Según explica, la clave está en el juego que le da nombre: "Como en una partida de strip póker, los personajes van desnudándose, no solo de su ropa, sino de sus verdaderas personalidades y de sus secretos más oscuros".
Esa idea recorre todo el texto. Manenti habla de una ambivalencia en la que "lo formal está junto a lo informal" y de una comedia que muestra cómo las relaciones sociales, e incluso las matrimoniales, pueden alcanzar una forma de paz "hipócrita" a fuerza de secreto y de mentira. Todo transcurre, cuenta, "en un clima aparentemente normal": los gestos cotidianos de una pareja en su departamento antes de recibir invitados. Por eso el quiebre golpea más fuerte.
Hay además un final que el elenco cuida como un tesoro "Cuando menos se lo esperan, sucede una situación que hace que la obra concluya de una manera que no se espera", adelanta Manenti. Tanto Giselle como Susana y Daniel coinciden en un dato: el desenlace es inesperado, y ninguno dice más.
Escrita para dos hombres y dos mujeres
La obra está escrita para dos hombres y dos mujeres, y cada uno llega a la mesa con su propia estrategia de juego. Giselle Schmilchuk Abrebanel es María, la anfitriona, "un personaje totalmente loco", una mujer de doble cara que solo quiere quedar bien, ser una buena vecina y, cuando todo se complica, ver cómo zafa. Para ella el estreno tiene un valor especial: es un proyecto que soñó durante más de cinco años y que hoy puede concretar con "un elenco maravilloso".
Susana Urrestarazu interpreta a Rosa, la nueva vecina, que sufrió bullying de niña y que, ya adulta, busca una revancha. Esa herida, anticipa, se va a ver a lo largo de toda la obra y, sobre todo, en el final.
Daniel Frisoli es Ignacio, marido de Rosa: un hombre de hablar tranquilo, lento, "medio pesado", con ocurrencias raras que le salen por momentos. Intenta sobrellevar la cena hasta que Pedro le hace una propuesta sobre su pareja, y ahí queda indeciso, pensante, en una situación cada vez más complicada. Manenti, por su parte, completa el elenco.
¿Es una comedia? Sí, pero no del tipo que se piensa. Los actores insisten en que no es una comedia de enredos, de esas de "puertas que se abren y se cierran", ni un drama que acompañe con angustia toda la función. "El drama es la vida misma", resume Urrestarazu, las cosas que se guardan, las que resurgen, las presiones y las personalidades: "Como en una partida de póker, se gana y se pierde. A veces toca ganar y a veces perder".
Manenti lo explica como "una reflexión desde la ironía y desde la sinceridad" sobre cómo se componen las parejas y las personas. Y agrega que el público se va a encontrar con un desafío: "reflexionar sobre uno mismo y la vida". Según Urrestarazu, aunque a primera vista pueda parecer una obra superflua, tiene una alegoría de fondo, la de desnudar el alma, y su humor irónico, de pequeños detalles, permite disfrutarla "desde otro lado". Y remata: "Siempre la gente se va a quedar con ganas de más".
Para Manenti, uno de los grandes atractivos es la agilidad de los diálogos y su tono, que compara con el de las comedias de Woody Allen.
Manenti define su universo como uno "en el que el humor convive a menudo con el absurdo" y con vertientes tragicómicas. "Es un teatro popular en el sentido más noble del término: entretenido, sin caer en la facilidad; impertinente, sin vulgaridad. Ético, más que moralista". Recuerda además que Strip Póker es una pieza muy popular del teatro independiente, con adaptaciones en distintos países e idiomas. La compañía salteña hizo la suya: adaptó el texto "para adecuarlo a nuestra idiosincrasia".
Para la Compañía Teatral Salteña, la obra es también una forma de explorar otros registros. Manenti cuenta que quisieron sumar a su repertorio un teatro "no convencional", ni de enredos, ni de drama, ni de comedia pura. La función dura unos 70 minutos y está pensada para público adulto, mayores de 13 años.