PUBLICIDAD

¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

Su sesión ha expirado

Iniciar sesión
PUBLICIDAD

Qué son los neutrinos, las “partículas fantasma” que ayudaron a Francis Halzen a ganar el Nobel de Física

Casi no interactúan con la materia y pueden atravesar la Tierra sin dejar rastro. El trabajo de Francis Halzen con el observatorio IceCube permitió convertir a estas escurridizas partículas en una nueva herramienta para explorar el universo.
Martes, 06 de octubre de 2026 11:58

Escuchar esta nota - 00:00

Alcanzaste el límite de notas gratuitas
inicia sesión o regístrate.
Alcanzaste el límite de notas gratuitas
Nota exclusiva debe suscribirse para poder verla

El físico belga Francis Halzen, de 82 años, fue distinguido con el Premio Nobel de Física 2026 por su aporte fundamental al desarrollo de IceCube, un gigantesco observatorio instalado en el Polo Sur capaz de detectar una de las partículas más difíciles de observar: los neutrinos.

El proyecto utiliza aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo antártico equipado con sensores capaces de registrar diminutos destellos de luz producidos cuando, excepcionalmente, un neutrino interactúa con la materia.

La importancia del descubrimiento va mucho más allá de detectar partículas. Los neutrinos pueden viajar enormes distancias prácticamente sin ser alterados y transportar información sobre algunos de los fenómenos más violentos y energéticos del universo.

Por esa capacidad de atravesarlo casi todo sin dejar rastros, suelen ser conocidos como “partículas fantasma”.

Qué son los neutrinos

Los neutrinos son partículas elementales, es decir, forman parte de los componentes fundamentales de la naturaleza.

Son extremadamente abundantes. Después de los fotones, las partículas asociadas con la luz, se encuentran entre las partículas más numerosas del universo.

El propio Sol produce cantidades gigantescas: miles de millones de neutrinos atraviesan constantemente pequeñas superficies y también nuestros cuerpos, sin que podamos percibirlos.

La razón está en una característica particular: prácticamente no interactúan con la materia.

Mientras otras partículas responden a distintas fuerzas fundamentales de la naturaleza, los neutrinos interactúan principalmente mediante la denominada fuerza nuclear débil. Esto les permite atravesar planetas, estrellas e incluso enormes cantidades de materia sin ser detenidos.

El físico Juan de Dios Zornoza, profesor de la Universidad de Valencia, llegó a explicarlo con una comparación extrema: un neutrino podría atravesar una barrera de plomo de dimensiones astronómicas y continuar su recorrido.

Precisamente esa propiedad que los vuelve tan útiles para estudiar el cosmos también convierte su detección en un desafío extraordinario.

Una partícula que todavía guarda secretos

Aunque la ciencia conoce a los neutrinos desde hace décadas, todavía quedan interrogantes fundamentales sobre ellos.

Se sabe que poseen masa, pero determinar exactamente cuánto pesan y comprender el mecanismo por el cual adquieren esa masa continúa siendo un campo de investigación.

Además, presentan un fenómeno denominado oscilación de neutrinos.

Existen diferentes tipos de neutrinos y, mientras viajan, pueden transformarse de uno en otro. Este comportamiento fue una de las grandes revelaciones de la física de partículas y confirmó que los neutrinos tienen masa.

Cómo se puede detectar algo que atraviesa casi todo

El principal problema para estudiar neutrinos es justamente su capacidad para atravesar la materia.

Por ese motivo, los científicos construyeron enormes detectores en lugares especialmente aislados de otras señales.

Algunos se encuentran bajo el hielo de la Antártida, mientras que otros fueron instalados en las profundidades del mar Mediterráneo. También se desarrollaron experimentos mediante antenas transportadas por globos sobre el continente antártico.

La estrategia consiste en esperar que una pequeña fracción de los incontables neutrinos que atraviesan esos lugares finalmente interactúe con alguna partícula.

Cuando eso ocurre pueden producirse otras partículas, entre ellas los muones, que tienen características similares a los electrones pero una masa mucho mayor.

Si esos muones atraviesan un medio transparente, como hielo o agua, generan un tenue resplandor azulado conocido como radiación Cherenkov.

Ese destello sí puede ser detectado.

IceCube, un enorme telescopio bajo el hielo

Ahí aparece el aporte decisivo de Francis Halzen.

El físico comprendió que el gigantesco volumen de hielo transparente del Polo Sur podía convertirse en una herramienta excepcional para detectar neutrinos.

De esa idea surgió IceCube, cuyos sensores están enterrados a gran profundidad dentro del hielo antártico.

La ubicación no es casual. Colocar los instrumentos bajo cientos de metros de hielo ayuda a reducir las interferencias provenientes de otras partículas generadas, por ejemplo, por los rayos cósmicos que impactan sobre la atmósfera terrestre.

Los sensores esperan los pequeños destellos producidos por las rarísimas interacciones de neutrinos que consiguen ser registradas.

De esta manera, el hielo funciona al mismo tiempo como material detector y como enorme laboratorio natural.

Una nueva forma de mirar el universo

Los neutrinos ofrecen una ventaja fundamental frente a otras herramientas de la astronomía: no poseen carga eléctrica.

Eso significa que durante su viaje no son desviados por campos magnéticos como ocurre con otras partículas.

En teoría, seguir su trayectoria permite reconstruir con mayor precisión el lugar del universo desde donde fueron emitidos.

Así nació lo que se conoce como astronomía de neutrinos, una manera completamente diferente de investigar el cosmos.

Mientras los telescopios tradicionales observan luz visible y otros instrumentos estudian ondas de radio, rayos X o rayos gamma, los detectores como IceCube buscan mensajeros subatómicos capaces de atravesar regiones inaccesibles para otras formas de observación.

Las respuestas que podrían esconder los neutrinos

Uno de los grandes objetivos es comprender el origen de los rayos cósmicos, partículas extremadamente energéticas que llegan constantemente a la Tierra.

Su existencia se conoce desde hace más de un siglo, pero determinar exactamente qué fenómenos del universo son capaces de producir los rayos cósmicos más energéticos continúa siendo un desafío.

Los científicos consideran que los mismos procesos capaces de generar esas partículas también podrían producir neutrinos.

Encontrar neutrinos procedentes de una fuente determinada podría, entonces, ofrecer pistas sobre dónde y cómo se originan esos rayos.

Los neutrinos también son estudiados como posibles herramientas para investigar otro de los grandes interrogantes de la física moderna: la materia oscura.

Aunque su naturaleza permanece desconocida, los investigadores analizan si determinados procesos relacionados con partículas de materia oscura podrían generar neutrinos detectables.

Cada señal registrada puede aportar una pequeña pieza de información sobre fenómenos que ocurren a distancias gigantescas.

Por eso, pese a ser casi invisibles e increíblemente difíciles de capturar, estas “partículas fantasma” se convirtieron en una de las herramientas más prometedoras para intentar comprender algunos de los mayores misterios del universo.

Temas de la nota

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Temas de la nota

Últimas noticias

PUBLICIDAD