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Las morgues de París, desbordadas por la ola de calor: Francia registró 1.000 muertes más de lo habitual

La ola de calor extrema que golpea a Francia provocó un fuerte aumento de fallecimientos, especialmente entre adultos mayores y personas que vivían solas. En París, funerarias y morgues quedaron al límite de su capacidad, mientras las autoridades sanitarias advirtieron que el número de víctimas podría aumentar porque los datos oficiales todavía son preliminares.
Lunes, 29 de junio de 2026 23:12
Foto: Reuters
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Las morgues y funerarias de París quedaron desbordadas por el impacto de la ola de calor que atraviesa Francia y buena parte de Europa. El fenómeno, marcado por temperaturas extremas durante el día y noches sofocantes que impidieron la recuperación física de los sectores más vulnerables, provocó un fuerte aumento de fallecimientos y encendió las alarmas sanitarias en el país. La situación golpea especialmente a la capital francesa, donde los servicios funerarios comenzaron a quedarse sin espacio para recibir cuerpos y varias familias debieron buscar alternativas fuera de la ciudad para despedir a sus seres queridos.

El primer balance oficial difundido por Santé publique France confirmó un dato preocupante: desde el 24 de junio se registraron alrededor de 1.000 muertes adicionales en comparación con los niveles habituales observados en los meses anteriores. El organismo sanitario francés informó que el 24 de junio hubo más de 1.200 fallecimientos por todas las causas, mientras que el 25 y el 26 de junio se superaron los 1.400 decesos diarios. Como referencia, durante abril y mayo el promedio se ubicaba entre 900 y 1.000 muertes por día. La cifra todavía no es definitiva, ya que se basa en certificados electrónicos de defunción y no contempla por completo los fallecimientos ocurridos en domicilios particulares o residencias de adultos mayores.

FOTO: UGO AMEZ FOR LE MONDE

El dato más sensible aparece en la edad de las víctimas. Según el informe sanitario, el 85% de los fallecimientos registrados durante los días críticos correspondió a personas de 65 años o más. También se detectó un incremento marcado de las muertes en domicilios, con una suba estimada del 40%, especialmente en la región de Île-de-France, donde se encuentra París. Ese punto vuelve a poner en el centro del debate la soledad de muchos adultos mayores, la falta de refrigeración en viviendas antiguas y la dificultad de actuar a tiempo cuando una persona vulnerable atraviesa varios días de calor extremo sin asistencia cercana.

La presión no se trasladó solo al sistema de salud. También alcanzó a las funerarias, salas mortuorias y servicios de traslado de cuerpos. De acuerdo con reportes de la agencia Associated Press, una funeraria cercana al aeropuerto de Orly tenía ocupadas sus 32 plazas refrigeradas y recibía llamados constantes de otras empresas y de familias que buscaban un lugar disponible. La Municipalidad de París debió instalar unidades temporales de almacenamiento, mientras hospitales de la ciudad sumaron capacidad adicional para contener la demanda. Aun así, algunos cuerpos tuvieron que ser derivados a instalaciones ubicadas fuera de la capital, incluso hacia Chartres, a unos 80 kilómetros de París.

FOTO: france24

La escena generó conmoción porque devuelve a Francia el recuerdo de la devastadora ola de calor de 2003, cuando murieron cerca de 15.000 personas en el país. Aunque las autoridades sanitarias remarcan que los protocolos de prevención mejoraron desde entonces, la magnitud del episodio actual volvió a exponer vulnerabilidades estructurales: edificios sin climatización adecuada, barrios densamente urbanizados, personas mayores que viven solas y hospitales que ya trabajaban bajo presión antes de la emergencia climática. En los días más duros, médicos y servicios de emergencia reportaron más consultas por deshidratación, golpes de calor, descompensaciones cardíacas y agravamiento de enfermedades preexistentes.

Météo-France calificó el episodio como excepcional a escala nacional. En París, el termómetro superó los 40 grados el 24 y el 25 de junio, un umbral que la capital francesa solo había alcanzado en contadas ocasiones desde el inicio de los registros modernos en 1947. Además, las noches también fueron extremas: el 25 de junio se registró una mínima de 26,4 grados en París y de 27,1 grados en Orly. Esa combinación de calor diurno y nocturno es una de las más peligrosas para el cuerpo humano, porque impide que el organismo descanse y regule su temperatura durante la noche.

FOTO: france24

El impacto sanitario fue desigual, pero las regiones más afectadas coincidieron con las zonas que estuvieron bajo alerta roja por altas temperaturas. Santé publique France señaló aumentos más marcados de mortalidad en Île-de-France, Nouvelle-Aquitaine, Bretagne, Centre-Val de Loire, Normandie y Pays de la Loire. En esos territorios, los fallecimientos aumentaron tanto en hospitales como en residencias de mayores y hogares particulares. Sin embargo, el organismo insistió en que las cifras deben interpretarse con prudencia porque el sistema de registro rápido no cubre la totalidad de las defunciones y suele subestimar los casos ocurridos en viviendas.

La crisis también abrió una discusión política y social sobre la preparación de Francia frente a las olas de calor, que son cada vez más frecuentes e intensas. Los expertos advierten que el problema ya no puede ser leído como un episodio aislado del verano europeo, sino como parte de un nuevo escenario climático. Las ciudades, diseñadas para temperaturas más moderadas, enfrentan ahora eventos extremos que exigen infraestructura adaptada, sistemas de alerta más eficaces, redes comunitarias para asistir a personas solas y lugares públicos refrigerados para quienes no pueden protegerse en sus casas.

Mientras las temperaturas comenzaron a descender en parte del país, Météo-France advirtió que la ola de calor todavía no había terminado por completo y que algunas zonas seguían con registros por encima de los valores normales para la época. La prioridad de las autoridades sanitarias es ahora consolidar los datos de mortalidad, reforzar la atención de los sectores vulnerables y evitar que el número de víctimas siga creciendo. En paralelo, las funerarias de París continúan trabajando bajo presión, con familias que no solo enfrentan el dolor de la pérdida, sino también la dificultad de encontrar un lugar para despedir a sus muertos.

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