Una huelga de futbolistas de tres importantes clubes ha puesto en el ojo de la tormenta la crítica situación deportiva y económica del fútbol boliviano, que está en bancarrota, no clasifica a un Mundial hace 20 años y es último en el ranking sudamericano.

The Strongest, uno de los más populares del fútbol boliviano, es una dramática muestra de esa situación, con su plantilla impaga desde julio, su presidente en la cárcel por deudas bancarias y su directiva acéfala por renuncia de sus dirigentes.

Los jugadores de otros clubes más pequeños como el Real Potosí o Sport Boys, también están en paro por falta de salarios.

Además "Blooming está igual, la U de Sucre, la U de Pando", según el abogado David Paniagua, asesor legal de una agremiación de futbolistas profesionales bolivianos (Fabol).

En total es la mitad de los 12 clubes de la primera división que está azotada fuertemente por crisis en sus economías producto de estadios vacíos, a causa de un fútbol estancado y cada vez menos atractivo.

La situación era más grave por una huelga de los abogados del Tribunal de Resolución de Disputas, también por falta de pago, que fue levantada en las últimas horas. "Esa es una buena señal para que haya fútbol el fin de semana", saludó el presidente de Fabol, Milton Melgar.


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