Miguel Llave solía relacionar la música que había elegido con la libertad, y concluía que si el jazz era sinónimo de libertad, entonces hacía jazz. De ahí que pasara de la zampoña y la quena al saxo con naturalidad, y que pudiera organizar tanto una peña como una sesión de jazz de largas horas en su Altitud de Tilcara.
Su camino musical, que no era del gusto de los círculos folclóricos de su juventud, lo llevó a un París donde se la pasó conjugando fraseos venidos con los vientos más exóticos, y así hizo música con gente con la que apenas si podía comunicarse hablando. En alguna parte de ese viaje pensó que podía regresar a su Tilcara maternal y regresó.
Abrió la Peña Altitud en la casa materna. Allí decían que durmió Atahualpa Yupanqui cuando filmó Casas de Piedra. Al fondo, para algunas tardes, había levantado un escenario al aire libre. Desde ese escenario los músicos veian loscerros.
Para el público pensaba en la excelencia del sonido y en invitar amigos como Colacho Brizuela, Adriana Tula o Tomás Lipán. La última vez que conversamos me habló del cd que estaba grabando.
Después llegó la noticia de su ACV y quisimos que no sea cierto o que fuera recuperable. Uno pasaba por la puerta de Altitud con la esperanza de que nos llame para tomar algo, para hablar de música. Supongo que pasarán los años y no por eso dejaremos de mirar a ver si hay luz en la ventana de Altitud.

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