Cuando hace pocos días atrás el Senado aprobó la estatización de los ferrocarriles, una sensación de alivio sintieron las comunidades por donde anteriormente circulaba el ramal La Quiaca - Jujuy. No fue la misma emoción de cuando el general Perón en 1947 hizo lo mismo, pero nuevamente se reflotaron los sueños de que algún día, el sonido de las máquinas vuelva a escucharse por los desolados caminos puneños. Pasaron 22 años desde que el último tren de pasajeros partió desde la ciudad fronteriza para no regresar. Para los que estuvieron en el andén esa jornada significó una gran pérdida, fueron testigos del adiós a una gran parte de la historia. Cuesta encontrar material fotográfico del año 1993, solamente hay un video que circula por la redes, tallan los recuerdos al observar cuando de a poco desde la exestación la máquina comienza a alejarse. Quienes por esos años solo éramos jóvenes impetuosos, ávidos de conocer las deidades de un falso mundo neoliberal, no supimos valorar tan indispensable fuente de transporte. Hoy con algunas canas, afloran tantos recuerdos, como los largos viajes en tren. Recorriendo cada poblado hasta llegar a la capital provincial, interminables seis horas donde podía observarse y palparse una gran diversidad cultural e integración de puneños, quebradeños y vallistos. Es difícil no preguntarse ¿Por qué tan escasa reacción popular a la medida privatizadora por parte de los gobernantes de entonces y especialmente la población? Aquel día de octubre, cientos de familias puneñas quedaron desmembradas porque perdieron su fuente de trabajo. Innumerables pueblos quedaron aislados a la vera de la ruta nacional 9, muchos de ellos perdieron su identidad acrecentándose la incomunicación y la desigualdad social. Actualmente el abandono y deterioro de terrenos ferroviarios, vías y estaciones -nuestro patrimonio-, son "recuperados" por organizaciones sociales. Sin duda, la desventaja de no contar con una opción de transporte económica, segura y ecológica. Son algunos de los males que dejó el cierre del ramal ferroviario entre La Quiaca-Jujuy. Las consecuencias que sufrimos los habitantes norteños es un transporte automotor deficiente y con tarifas abusivas, como única opción para el traslado de pasajeros hacia la capital u otros destinos. Un elevado costo del flete en el transporte de carga por camión que influye directamente en los productos de primera necesidad.

Cuando la última máquina partió de La Quiaca provocó en la gente desesperanza, porque con el tren murieron caminos y sueños.

Testimonio

En pleno sigo 21, es difícil obtener el testimonio de algún exempleado de la línea General Belgrano, quienes al igual que el tren en su mayoría partieron buscando otros destinos. Los que quedaron simplemente prefieren dejar todo en el pasado, a fin de cuentas el tiempo no vuelve atrás. Sin embargo El Tribuno de Jujuy dialogó con Ángela Monasterio. Cuando por los medios se escuchó el cierre del ramal ella tenía 13 años. "Mi padre se llama Pedro Domingo Monasterio trabajó más de 15 años, tenemos una larga historia relacionada al ferrocarril, mi abuelo fue quien trabajó en el tendido de las vías hasta La Quiaca", relató.

Luego añadió que "en las mañanas le traíamos el desayuno, y el nos daba un paseo en la locomotora, también veíamos cuando llegaba el ganado vacuno a los corrales, o cuando viajábamos había mucha gente en los pueblos vendiendo".

"Cuando nos enteramos del cierre fue de mucha tristeza, mi papá llegó a la casa y lloró porque perdía su lugar de trabajo. Se deprimió y cayó en el alcoholismo, pasamos un difícil momento económico, ojalá el tren vuelva porque generaría muchas fuentes de trabajo", anheló al finalizar.

Después de tantos años, generaciones de quiaqueños miran la vieja estación recordando otros tiempos. La dirección para observar la partida del último tren desde La Quiaca es http://www.youtube.com/watch? feature=player–embedded&v=JxFqIKUgCn4.

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