Los abuelos de Diego Frías, el conductor que atropelló a seis personas que salían del baile de carnaval de la localidad tucumana de Ranchillos animado por "La Mona Jiménez", tres de las cuales murieron, dijeron que desconocían qué había enterrado su nieto en el fondo de su casa.
El trágico hecho ocurrió en la madrugada del último lunes cuando un Renault 9 de color azul atropelló a seis personas sobre la ruta 302 y se dio a la fuga sin asistirlas.
Según los testigos, el conductor era una persona joven con una remera blanca a rayas, y los investigadores se abocaron a la búsqueda del vehículo.
Finalmente, el coche fue hallado enterrado íntegramente dos metros bajo tierra en el fondo de una vivienda en La Tala, a unos 10 kilómetros del lugar del accidente.
En el lugar donde estaba enterrado el vehículo se intentó simular el ocultamiento del rodado a través del arado superficial de la tierra.
Buena parte del automóvil estaba oculto bajo tierra, mientras que en el interior de la vivienda se encontraban el motor y las ruedas.
El viernes, Diego Frías se entregó en la Comisaría 12º y confesó ser el conductor que protagonizó el trágico accidente.
El automóvil había sido enterrado en la quinta donde viven Lara del Valle Tapia y Eudoro Sánchez, los abuelos del detenido.
"Todo el mundo entra a la casa, busca, saca fotos, sale y nadie se fija en cómo vivimos nosotros", se quejaron los abuelos del acusado.
La casa es extremadamente humilde y está alejada de todo. En al menos 10 kilómetros a la redonda no hay pavimento, ni hospitales, ni comisarías, ni supermercados.
En el caso de los abuelos, la vivienda más cercana es la de sus nietos, a unos 15 o 20 metros.
Diego Frías no enterró el Renault 9 en su casa, sino que cavó un pozo y escondió el vehículo en la de Tapia y Sánchez, al fondo, donde empiezan las plantaciones de caña.
"Se levantó en medio de la noche y se puso a cavar", contaron los abuelos y aseguraron que ignoraban lo que había enterrado su nieto.
"No puede ser que lo culpen a él, nos dijeron que esa gente (las víctimas) iban caminando en medio de la ruta", intentaba explicar entre llantos la abuela del sujeto.
Además los abuelos agregaron que después de esa noche no volvieron a ver a su nieto y eso fue todo lo que dijeron acerca del accidente.
Ambos remarcaron que viven en la pobreza absoluta y que, el día del allanamiento sintieron la indiferencia de todas las personas que entraron a la casa.
"Encima se llevaron los vehículos que estaban acá para ser arreglados, qué les voy a decir ahora a los dueños", se quejó el hombre, sobre el secuestro preventivo que iniciaron los efectivos policiales.

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