El primer ministro de Irak, Haidar al Abadi, llegó a la ciudad "liberada" de Mosul para felicitar a los combatientes y celebrar junto al pueblo iraquí por la "gran victoria lograda" sobre el Estado Islámico (EI), pese a que altos mandos militares señalaron que algunos yihadistas aún resisten en el casco antiguo de la ciudad.

Hacía semanas que lo venía anticipando, pero ayer finalmente Al Abadi pudo viajar a la ciudad antigua de Mosul para darse un moderado baño de masas entre militares y policías exhaustos, y civiles hambrientos y desgastados, que pese a todo lo que vivieron y sufrieron en los últimos nueve meses, con la ofensiva para expulsar al EI de la ciudad, salieron a festejar.

"Con alma y sangre te redimimos Irak" fue uno de los cantos que gritaron los combatientes y habitantes de Mosul que se congregaron alrededor del premier, quien prometió que esa derrota marcará el final de la milicia islamista radical.

La liberación de la ciudad de Mosul no fue oficialmente declarada por el Ejército, ya que aún existen focos de resistencia en el casco antiguo, pero el avance hecho ayer fue suficiente para que el Gobierno celebrara a lo grande y se adelantara a cantar victoria.

Imágenes de coloridos fuegos artificiales, movedizas banderas iraquíes y caras sonrientes, ante todo caras sonrientes, dominaron los videos y las fotografías difundidas por el Gobierno iraquí y los medios internacionales de la llegada de Al Abadi, todo vestido de negro, a Mosul.

En el fondo, sin embargo, se podía ver una ciudad completamente destruida, en ruinas.

Las víctimas

El comandante de las Operaciones Conjuntas del Ejército y la Policía, Abdelamir Yarala, informó a la prensa que los combatientes islamistas del EI sólo resisten en el distrito de Al Qaliyat, ubicado en el casco histórico, y advirtió que los combates son muy violentos. Además alertó que varias familias siguen encerradas allí. Mientras la situación se mantiene muy tensa en ese barrio, los habitantes de todo alrededor pudieron ayer salir de la ciudad, con las pocas pertenencias que podían transportar, y celebraron en medio de la destrucción total.

Todos los civiles que pueden salir, tras un chequeo de seguridad para garantizar que no son combatientes del EI disfrazados, son enviados a uno de los tantos campos de desplazados de las afueras de Mosul, donde no sólo deberán esperar el fin de los combates, sino que el Estado comience con la reconstrucción de las viviendas y de la infraestructura más básica de la ciudad.

Organizaciones humanitarias internacionales y hasta la ONU denunciaron  que los bombardeos, en especial los aéreos lanzados por la coalición dirigida por Estados Unidos estaban matando e hiriendo a muchos civiles, que no podían escapar.

 

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