Una semana después del paso del huracán Harvey, millones de habitantes del sur de Estados Unidos se esfuerzan por reanudar sus vidas en barrios convertidos en islas, limitados por las dificultades de abastecimiento, los cortes de corriente y la parálisis de los transportes.

Para decenas de miles de habitantes, instalados en los centros de acogida, cualquier regreso a sus hogares es impensable dada la lentitud de la decrecida de las aguas.

Las casas han permanecido abandonadas durante varios días, con un agua lodosa que ha llegado al nivel de las ventanas, a veces incluso más arriba, y los autos están listos para ir al desguace.

Las autoridades continúan vigilando una planta química del grupo francés Arkema, donde productos peligrosos, que quedaron sin refrigeración a causa de la inundación, se consumieron el jueves emanando humos tóxicos.

Al menos 46 personas han fallecido en el país como consecuencia del devastador huracán Harvey, según informaron ayer las autoridades locales, una cifra que aún podría ir en aumento mientras se completan las labores de rescate.

En este sentido, Greg Abbott, gobernador de Texas, donde el ciclón tocó tierra hace una semana, advirtió de que la reconstrucción total "será un proyecto que llevará varios años".

Según reportan medios locales, en Beaumont, una ciudad de casi 120.000 habitantes cerca de la frontera con Luisiana, la situación sigue siendo preocupante, especialmente porque desde hace días no cuentan con agua potable.

El presidente viajará a las zonas afectadas el sábado para reunirse con las víctimas de Harvey. La Casa Blanca pidió el jueves al Congreso que desbloquee fondos de emergencia.

Los daños materiales se calculan entre 30 mil y 100 mil millones de dólares. La Casa Blanca indicó que unas 100 mil viviendas quedaron afectadas por la catástrofe.

 

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