Por primera vez, una mujer logró ser mamá con un útero trasplantado de una donante fallecida

El primer bebé del mundo concebido por una mujer estéril gracias a un útero trasplantado de una donante fallecida nació en Brasil hace un año, indicó este miércoles la revista científica The Lancet.

Siete meses después del nacimiento, el bebé (una niña), se encontraba bien, pesaba 7,2 kilos y seguía siendo amamantada por su madre, igualmente en buen estado de salud, según el Hospital Universitario de San Pablo, que realizó el trasplante en 2016.

Después de una decena de tentativas fracasadas en Estados Unidos, República Checa y Turquía, es la primera vez que un trasplante de útero a partir de una donante fallecida permite llevar a cabo un nacimiento.

Y también es el primer nacimiento gracias a un trasplante de útero en América Latina.

Desde la primera donación de un útero a partir de una mujer con vida, en 2013 en Suecia, se llevaron a cabo 39 trasplantes de ese tipo, de los cuales once permitieron dar a luz a la paciente.

La operación se llevó a cabo en septiembre de 2016. La madre que recibió el útero tenía 32 años y nació sin este órgano (síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser). Antes del trasplante, se sometió a una fecundación in vitro (FIV).

El órgano procedía de una mujer de 45 años fallecida de un derrame cerebral y donante de varios órganos (corazón, hígado, riñones), de factor "0 RH positivo".

La operación duró un total de diez horas y media y fue seguida de un tratamiento inmunosupresor para evitar el rechazo del órgano por parte del organismo de la paciente.

Cinco meses después del trasplante, la mujer tuvo las primeras reglas normales. Y dos meses después, con la transferencia del embrión, el embarazo se inició.

Este se desarrolló sin dificultades y el bebé nació por cesárea a 36 semanas de gestación, el 15 de diciembre de 2017, en estado ligeramente prematuro pero considerado oportuno para los médicos para evitar complicaciones.

El bebé pesó al nacer 2,55 kilos y se hallaba en perfecto estado de salud. El útero fue retirado durante la cesárea para poder cesar el tratamiento inmunosupresor, muy duro para la paciente. El niño y la madre dejaron el hospital al cabo de tres días.

Los autores del artículo en The Lancet subrayaron que el trasplante del útero post mortem puede abrir nuevas posibilidades, puesto que en muchos países ya existe una regulación sobre este tipo de donaciones.

 

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