Los requisitos del mundo desarrollado, ¿podremos aplicarlos?

Desde mediados del siglo XIX, a medida que el proceso de industrialización avanzaba en las potencias europeas y Norteamérica (Estados Unidos y Canadá), y el sistema capitalista se consolidaba, los gobiernos de los países que no pertenecían a ese "club de privilegio", soñaban en poder algún día alcanzar ese nivel de modernización (generar una gran movilización social, acelerar la urbanización, abatir los índices de mortalidad, aumentar el promedio de vida, ampliar los servicios públicos, perfeccionar los sistemas de comunicación, etcétera). Desde aquella época hasta nuestros días, es un deseo permanente de los Estados (los que surgieron en el siglo XIX y los del siglo XX), el cumplir con los requisitos necesarios para pasar de ser un país (depende del caso que se trate) subdesarrollado, o en vías de desarrollo y transformarse en desarrollado. Los calificativos, conceptos y definiciones son muchos y evolucionaron de la mano de los cambios ocurridos en la sociedad internacional.

En todo caso en ese debate de ideas de amplio espectro, aquí nos interesa poner en valor y destacar lo señalado en el año 2011 por el reconocido historiador escocés Niall Ferguson, profesor de la Universidad de Harvard, quien escribió la obra que en su edición española se publicó al año siguiente con el título "Civilización, Occidente y los otros", de editorial Debate.

En su amplia argumentación y fundamentación define Occidente, incluyendo dentro de esta denominación a Norteamérica - a excepción de México- y Europa Occidental. En esta destacada obra, el autor responde a la pregunta: ¿Qué tenía la civilización de Europa Occidental que le permitió dominar a los superiores imperios orientales como el Chino y el Turco u Otomano, a partir del siglo XVI? Y más adelante mantener esa supremacía sobre todas las unidades políticas durante los siglos subsiguientes. Y los resultados que encuentra en su detallado estudio, es que existen grandes instituciones de Occidente, él las denomina killer apps (aplicaciones asesinas en su traducción literal) -haciendo un paralelo a las aplicaciones que bajamos a nuestros teléfonos celulares o smarthphones-, que hicieron que este grupo de países entre los que se encuentran en la actualidad Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, España, Irlanda, los países nórdicos, Países Bajos, Bélgica y Austria, lograran sacar grandes ventajas, explicando el por qué sucedió esa -como la denomina- "Gran Divergencia".

Esas aplicaciones demoledoras son: La competencia: descentralización de la vida política y económica, que permitió el ascenso de los Estados Nación como del modo de desarrollo capitalista.

La revolución científica: un modo de estudiar, comprender y transformar el mundo natural, y entre otras cosas generar también ventajas militares.

Los derechos de propiedad: El Imperio de la ley como vector que protege a la propietarios privados y el hecho de resolver en forma pacífica las disputas entre los mismos, constituyendo la base de la forma más estable de gobierno representativo.

La medicina moderna: desarrollo que permitió una importante mejora de la salud y el aumento de la esperanza de vida, iniciada en las sociedades occidentales y también en las colonias.

La sociedad de consumo: Una forma de vida material en la que la producción y la compra de ropa y otros bienes de consumo, tienen un papel central en la economía, que posibilitó la Revolución Industrial.

La ética del trabajo: Un marco moral y modo de actividad derivado entre otras fuentes de las formas del cristianismo protestante que brinda la amalgama perfecta para mantener unida a la sociedad dinámica creada por las anteriores aplicaciones.

Concluye el profesor Ferguson, preguntándose si Occidente perdió el monopolio sobre estas instituciones. Y sostiene que aún continúa el liderazgo en la mayoría de los casos, pero como sucedió con el caso de Japón, país que copió, mejoró y desarrolló de un modo particular, de acuerdo a su propia cultura, algunas de estas probadas "aplicaciones", existen otros países del lejano Oriente como por ejemplo China, que siguen el camino correcto para liderar en muchos aspectos de la economía y la ciencia.

Me pregunto si los países de Latinoamérica serán capaces de bajar estas aplicaciones demoledoras y llevar adelante una verdadera modernización, necesaria para abrirse paso a un desarrollo que posibilite mejorar el nivel de vida de sus poblaciones. El propio Ferguson dice que Chile es un firme candidato a subir al podio de los países desarrollados, en un plazo no muy lejano.

No se puede dar marcha atrás el reloj, pero sí se le puede dar cuerda nuevamente.

(Alejandro Safarov es licenciado en Relaciones Internacionales, titular de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Santiago del Estero sede Jujuy).

 

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