Invierno teatral

La fabulosa subida exponencial de los servicios básicos (luz y gas) de los últimos años, que generó la ley contra el tarifazo y el veto presidencial, compromete seriamente la sustentabilidad de los teatros independientes. El consumo energético de una sala teatral - cualquiera sea tu tipología- se volvió insostenible.

Por otra parte, la transformación de las plantas técnicas a la tecnología led, como sugiere el Gobierno, introduce notables modificaciones en las posibilidades artísticas de este lenguaje escénico. Sostengo, desde la perspectiva disciplinar que me compete, que las condiciones de producción deben registrarse en los estudios teatrales. Y es por esta razón, que no podemos pensar al patrimonio teatral exclusivamente desde el punto de vista estético, como vienen proponiendo muchos colegas. Hacemos teatro con lo que podemos hacerlo, es decir, los contextos productivos y económicos también determinan los lenguajes escénicos. Se divisa un invierno crudo para el teatro argentino. Las tarifas por los servicios de gasto corriente y la caída de espectadores plantean un escenario muy complicado, incluso para el circuito comercial, que tuvo el peor mayo de los últimos cinco años.

Para el teatro independiente, además de estas variables económicas del contexto país, existen otros dispositivos de intervención económica establecidos por la propia Ley Nacional del Teatro N§ 24.800 y su organismo de implementación, el Instituto Nacional del Teatro (INT), que si bien garantizan herramientas públicas de promoción, fomento y protección de la actividad teatral argentina, al mismo tiempo, también funcionan como dispositivos y controladores de intervención económica que impactan directamente en las condiciones del desarrollo teatral independiente.

En primer lugar, la Ley N§ 24.800 reconoce como "salas independientes" aquellas que no superan las trescientas localidades (Art. 4), aunque la mayoría de las mismas tienen un promedio del 50% de las butacas estipuladas por la ley, es decir, ciento cincuenta.

En segundo lugar, el INT establece "régimen de concertación" y "convenios que se firman para obtener los subsidios", dos dispositivos de intervención económica directa, por los cuales, se establece: obligatoriedad en el cumplimiento de un volumen de actividades por período, precios populares, cuota de entradas con descuentos para jubilados y estudiantes (Ley 24.800, art. 14, inciso ñ) y normativa de distribución del ingreso por venta de entrada, que establece una "utilidad máxima" para la sala teatral del 27% del ingreso. El pulso de la realidad dicta que este porcentaje de ingreso de taquilla ni siquiera alcanza para cubrir el costo de apertura de sala.

En la Provincia de Jujuy, las salas independientes que no están radicadas en organismos públicos educativos, es decir, que no cuentan con financiamiento estatal para la sustentabilidad de los pagos por servicios corrientes, afrontan su actividad con estas condiciones del régimen de concertación y los convenios.

Finalmente, una dinámica de demora en pago de los subsidios del INT está complejizando aún más el escenario. Más del 70% de los eventos independientes (festivales) realizados en 2017 no habían cobrado el subsidio en febrero del 2018, según datos de Jimena Sivila Soza en su balance de gestión. Esto sucede porque el INT impone límite temporal de sesenta días previos a la realización del evento, pero no existe ningún tipo de límite en la fecha de pago del Organismo Público.

En la otra cara de la moneda, aquellos grupos, elencos y salas para quienes se diseñaron "planes de fomento" desde la Representación Provincial, cobraron estos planes durante el 2017. Estas demoras en los pagos de los subsidios del INT cimentan la complicada situación de sustentabilidad de la actividad teatral, especialmente para las salas que tienen la obligación por "convenio" de mantener una programación regular.

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Sección Editorial

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