Aparece raro: una columna de opinión política, con un título que se asemeja más a un código matemático que a un comentario de actualidad. Sin embargo, se trata de pura concentración en la realidad y dan las pistas de lo que se vendrá. Con el dólar casi a $30 hoy, no hay que ser un mago para imaginar que al finalizar el segundo semestre del año, la divisa que regula la vida de los argentinos estará, cuando menos en $32, siempre y cuando todas las variables intentadas le dan al Gobierno nacional el resultado esperado. Con la inflación anual del 30% ya aceptada por el propio Presidente de la Nación, tampoco es difícil creer que al finalizar diciembre, el número podría ser rebasado tranquilamente. Según analistas pesimistas, no encuentra techo al porcentaje final. Los optimistas no lo llevan más allá del 34%. En cualquiera de los casos, habrá que hacerle más agujeritos al cinto porque lo único que bajará será el peso de los ciudadanos. El otro índice doloroso indica que la pobreza ya se encuentra enseñoreada en un 30% de la población. El número dista de ser el techo, sobre todo si nos atenemos a los análisis de los especialistas que como la Universidad Católica Argentina -que sigue siendo más afinada que el Indec- que asegura que el índice de pobreza es del 29,6% pero si a ello se le suman los indigentes, el porcentual llega a 34,3%, y creciendo. Ahí ya tenemos explicados los 30-30-30. Para hablar del 40%, debemos aclarar que se trata de un dibujo: es el de las tasas de las Lebacs. La realidad más cruda, el viernes superó el 49% y sirve como lejana referencia de base para los que deben descontar cheques para sobrevivir -como las Pymes- que pagaron entre 80% y 110%. Como si todo esto no fuese demasiado para tener ocupada la mente de los argentinos, apareció Oscar Centeno, el chofer del exsecretario Roberto Baratta (una de lasmuchas manos derechas del exministro), con ocho cuadernitos que están haciendo temblar a la patria coimera y a quienes todavía se empeñan en negarla bajo el escudo de la persecución política.
Era un simple chofer, pero quedará en la historia nacional como el vengador de la era de los bolsones. La extraña manía de anotar todo, lo llevó a documentar el delivery de millones de dólares que se traficaban entre poderosos empresarios y poderosos funcionarios del kirchnerato, donde ya ni el manto de la muerte salva al expresidente Néstor Kirchner, ni la protección de los fueros exime de una condena social descomunal que se cierne sobre su viuda, la expresidente Cristina Elisabet Fernández. Y esto recién comienza. Hay 17 detenidos, todavía un prófugo, hay empresarios arrepentidos y testimonios confirmados. Y hay un país azorado, que aunque siempre tuvo la sospecha -y la íntima certeza- de lo que había ocurrido, y hoy se desayuna cada día con la confirmación de todos sus presentimientos. Todas las miradas se vuelven a la Justicia: la única que hoy puede terminar con la enorme vergüenza que expone a toda la Nación en la vidriera más horripilante imaginable: allí se exhiben descarnadamente las evidencias de la corrupción reciente en la que las decenas de bolsones con dólares se repartían de manera sistémica, lubricada y hábilmente construida; y en el mismo lugar se muestran a los millones de argentinos propietarios y destinatarios legítimos de aquella millonada que alimentaba las coimas, que hoy no llegan a fin de mes en la asfixiante realidad del 30-30-30-40. Como si todo eso no fuese demasiado, la política mete la cola, mientras se obsesiona con el 2019.
La Justicia -el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio- reclamó una vez más el desafuero de la senadora Cristina Elisabet Fernández, y hasta pretenden su detención, por sospecharla jefa de una gigantesca asociación ilícita. Su secretario Oscar Parrilli, obviamente, ya cumplió con el ritual de recusar al juez y pedir la nulidad de la causa de los cuadernos. La Justicia también solicitó autorización para allanar tres o más domicilios de la exjefa de Estado en búsqueda de documentación para alimentar la flamante causa de los cuadernitos. El senador Miguel Pichetto, aunque notoriamente distanciado de CEFK, ya adelantó en su carácter de jefe del bloque opositor del Senado, que se negará al desafuero, hasta que no tenga en sus manos una sentencia firme que condene a cualquiera de sus pares. Quizás sí acepte autorizar los allanamientos: una especie de premio consuelo para estúpidos, ya que anunciados con tanta antelación, es probable que quienes lleguen en procura de pruebas, encuentren una alfombra roja para que ingresen a encontrar pisos, techos, paredes y subsuelos blanqueados y lavados. ¿Pichetto y su tropa, son más que los jueces? ¿Más que el mismísimo Poder Judicial? Dadas la circunstancias, parece que sí. Y para ratificarlo, sostiene firme la intención de convertirse en candidato a Presidente de la Nación en el 2019. El presidente Mauricio Macri, a quien el escándalo roza a través de parientes empresarios que habrían participado del festival de coimas, sólo atinó a decir “que la Justicia investigue y que le toque a quien le toque”. Elegante manera de esquivar las acusaciones K de que todo ese alboroto es un armado político entre el Gobierno y “parte de Comodoro Py”. Ahora, con el escándalo creciendo, se reiniciará con fuerza el tiempo de las encuestas, porque todos miran al 2019. Claro, estamos en agosto: exactamente y apenas, a un año de las Paso. 
El peronismo nacional celebró una victoria. La Cámara Nacional Electoral, con los votos de los jueces Alberto Dalla Vía y Santiago Corcuera, licuó el fallo de la juez electoral María Romilda Servini (incluso elípticamente la reprendió diciendo que su fallo no reunía la mínima fortaleza jurídica para ser tal), echó del partido al interventor Luis Barrionuevo y repuso en el sillón de Matheu 130 al presidente del Consejo Nacional, José Luis Gioja. En Jujuy, el presidente del distrito local y vicepresidente segundo de la Legislatura, Rubén Armando Rivarola, celebró la decisión. Al mismo tiempo que muchos oportunistas súbitamente convertidos en “barrionuevistas desde chiquitos” (algunos patéticamente autopromocionados como posibles interventores locales, tal como se comentó en esta columna), debieron meter violín en bolsa y refugiarse en un piadoso mutis por el foro. Todo está como era entonces: el Partido Justicialista sigue con sus autoridades legales, partido a la vez en cien sectores diferentes, algunos contrapuestos, y todos hablando de la necesaria unidad que les permita alimentar la ilusión de cerrarle el paso a la reelección de Mauricio Macri. Pero ocurre lo de siempre: aunque hoy Macri ya no tenga asegurada su reelección, como hace tres meses, el “riesgo Cristina” sigue siendo altísimo para los votantes.
En horas más Sergio Massa volverá renovado a asomarse a la escena nacional, reeducado por expertos en Estados Unidos, en el manejo de los mass media, y con aspiraciones de desyuyar la abandonada amplia avenida del centro para caminarla mostrándose potable. A Jujuy no puede volver. No al menos con la dibujada sonrisa del 2015. Hay que recordar que aquí ganó, fue la única provincia que le dio una victoria clara, y que después, por sus coqueteos con CEFK y su necesidad de recuperar espacio y apoyo del PJ para buscar algún futuro, perdió la admiración y el afecto de Carlos Haquim, vicegobernador de Cambiemos, que le había tendido un puente de plata con los votantes jujeños. Hoy Primero Jujuy -convertido en partido político- rinde sus tropas a Gerardo Morales y todavía no muestra referentes nacionales. Prudentemente demorada por los vaivenes públicos y notorios, en cualquier momento el GM y CH lanzarán sin embargo la misma fórmula para el 2019. Y en Jujuy, la cosa volverá a estar, para simplificar el cuadro, entre peronistas y radicales. La izquierda, desde su no tan sorpresiva aparición en el 2015, aún no ha demostrado capacidad para crecer exponencialmente como esperaban, y se deberá dedicar de lleno a afirmar los votos que tuvo, muchos de los cuales le llegaron prestados de peronistas enojados o desorientados. El peronismo local, reflejo del nacional, tiene ante sí el trabajo más importante de su historia reciente: aceptar con dolor que la Justicia investigue, trabaje y lo ayude a depurarse, bajar las pancartas de los personalismos frustrantes, fortalecerse hacia adentro y mostrarles a los jujeños que era cierto que ésta era una provincia peronista, como tantas veces dijeron en campañas. El radicalismo sabe que todo está complicado. El gobernador Morales ha olfateado la crisis hace tiempo, y lenta y firmemente ha marcado diferencias con el PRO, aunque no tan rígidas como para que la sangre llegue al río. Su voz va a medio camino entre los radicales rendidos al macrismo y los crecientes reclamos de otros correligionarios que ya sueñan, arman y desarman fórmulas presidenciales propias. Claro, pocos de esos ríspidos disidentes tienen una provincia sobre sus espaldas. El GM se prepara para el tsunami económico y social. Es muy poco, casi nada, lo que puede hacer con recursos propios y su margen de maniobras. Pero tiende anuncios de buen impacto marquetinero, reflota promesas de campaña, anuncia un plan de contingencia pleno de intenciones nobles pero que no zafa de la sospecha de tener mucho de venta de humo. Su imagen sigue alta, y con ella sigue protegiendo a muchos miembros del gabinete y áreas de gobierno prácticamente inmovilizadas. GM sabe que el 30-30-30-40 inexorablemente llegará a Jujuy y despliega todos los recursos para amortiguar el impacto. Pero mientras le oposición local siga bailando el baile de las sillas, GM puede encarar tranquilo el 2019. Por ahora sólo en el ámbito judicial le aparecieron luces de alerta.
Curiosamente, la famosa “Megacausa”, tras otros intentos fallidos, finalmente se trasladará al fuero federal, en Comodoro PY. Y hasta quizás caiga en manos del juez Bonadio, que tiene tantas cosas para atender con más urgencia que los temas de Jujuy. Los reclamos quizás lleguen a la SCJ, con la misma salvedad. La ilusión de retener la causa más dura y emblemática de la supuesta corrupción doméstica, se va de las manos del Poder Judicial local, con destino incierto, y con tiempos imposibles de definir. Mientras se sustancian los trámites, el juez Isidoro Arzud Cruz informó que proseguirá con la causa, aunque abogados de las defensas ya le reclamaron la suspensión del proceso hasta que aquellos se resuelvan definitivamente, como ya ocurriera en noviembre del 2016. La otra causa, “Pibes Villeros”, que con permanentes dificultades sigue avanzando en instancia de juicio oral y público, podría correr la misma suerte. José López principal exfuncionario nacional fue sobreseído, y la diputada Mabel Balconte, otrora referente de confianza de la señora Milagro Amalia Ángela Sala de Noro, confesó haber sido testigo presencial de los traslados de remesas de dinero público, entre Jujuy y Buenos Aires. Las juezas del tribunal avanzan y escuchan permanentemente las recriminaciones a viva voz de la principal acusada, quien en las últimas audiencias deslizó la posibilidad de malas noticias sobre sí misma, confesándose psicológica y físicamente muy agobiada por la situación que atraviesa. 
Como si todo esto no alcanzara para alimentar la actualidad, hubo una dura reacción del GM frente a un twit del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien había expresado su solidaridad con la señora Sala, enterado de una crisis de salud de la jefa tupaquera, calificando a su prisión de “injusta” y exaltándola como “defensora de los pueblos indígenas”. El GM calificó la “intromisión” del presidente como “imprudente e irrespetuosa” y le aclaró que Milagro Sala “está presa por robarle al pueblo y por oprimir al peor estilo fascista a los más pobres de mi provincia”. Hasta ahí, comprensible la reacción del GM, hombre temperamental que además hizo de su enfrentamiento con MS una cuestión personal y una política de estado. Pero en otro mensaje el gobernador maltrató a Evo Morales como “manipulador de la Constitución para eternizarse en el poder que no tiene legitimidad para opinar sobre asuntos de mi país”, cayendo innecesariamente en el mismo pecado que criticó. Pero especialmente, porque Argentina tiene en Bolivia un excelente embajador, el jujeño Normando Álvarez García, hombre del puro riñón gerardista, que quedó en offside con el entredicho, y que hubiese sido la persona ideal para un reclamo diplomático más contundente y efectivo. El cónsul boliviano en Jujuy, Nelzon Guarachi, fue más prudente: “Son opiniones de dos líderes y hay que respetarlas”, minimizó. Detalles de un tiempo convulsionado, lleno de pasiones. 
Qué semana comienza hoy: se votará por la despenalización del aborto, Amado Boudou podrá defenderse una vez más y luego escuchará la sentencia por el caso Ciccone y la máquina de hacer plata; a nivel nacional se reunirá el Consejo del Salario para chocar (el Gobierno ofrecería 15% de aumento y algunos gremios pedirían el 100%), en Jujuy se reaudarán paritarias estatales con parecidos criterios, CEFK se preparará para una nueva indagatoria ante el juez Bonadio, mientras todo el país espera que esta vez declare algo en su defensa. En tanto, el 30-30-30-40 sigue vigente y todos rogamos que no se mueva más. Y los cuadernitos del “vengador de los bolsones” nos seguirán sorprendiendo todavía más.

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