La cruel costumbre de dañar a niños y mascotas

Familias enteras deben recibir la Navidad o el año nuevo encerrados en una habitación o en el baño de la casa abrazando a su hijo o hija que tiene autismo y que llora desconsoladamente ante los potentes estruendos que son provocados por personas que no les interesa este sufrimiento, porque la pirotecnia sonora puede evitarse sin causar ningún padecimiento.

Además de contener a su pequeño deben agarrarlo fuerte para que se calme y no quiera tomar alguna decisión que vaya más allá de esa crisis como querer cortarse las orejas con algún elemento punzante. Porque de verdad ocurren casos como esos.

La diversión y la alegría de algunos provocan todo eso y mucho más. Haciendo que mucha gente no la pase bien, y cuando se ejerce cualquier acción que daña al otro hablamos de violencia. Y esta es una violencia que se puede evitar, es ejercida de manera consiente porque ya todos sabemos lo mucho que perjudica la pirotecnia a personas con autismo, a adultos mayores, a excombatientes de Malvinas, a las mascotas y al mismo medio ambiente en el que vive ese ser humano que arroja cohetes.

Es decir, encima se daña así mismo, y puede provocarse un daño peor a él o a los que están en su entorno ya que es una realidad constante que para las fiestas haya heridos con quemaduras.

Comencé hablando de los pequeños con autismo porque nosotros como sociedad debemos garantizar la sonrisa de los niños y no lo hacemos cuando hacemos uso de la pirotecnia. En realidad deberíamos garantizar el bienestar de todos como el de las mascotas que viven junto a nosotros y nos acompañan todo el tiempo.

Las mascotas al tener sensibilidad en sus oídos también padeces esta mala costumbre y ellos reaccionan de muchas maneras. Algunos perros o gatos pierden la vida por paros cardiacos, o mediante la explosión ya que buscan parar el ruido mordiendo el cohete que se les explota en su hocico o en otra parte del cuerpo. Es terrible, y más para los callejeros que no tienen un hogar o familia que los proteja cuando empiezan los estruendos.

En el mejor de los casos, pero no menos preocupante, ocurre también que estos animalitos por el miedo y desesperación salen corriendo de sus casas y se extravían en la vía pública. Algunos no aparecen más y otros son encontrados muertos a causa de un accidente vehicular.

Los adultos mayores, las personas convalecientes y algunas con discapacidad son otras víctimas de este mal. Y como ocurre en los casos que mencioné anteriormente, también deben pasar las fiestas abrazados a familiares que los contienen y que tampoco pueden celebrar como corresponde esos momentos tan lindos.

El medio ambiente se contamina y hasta pueden provocarse incendios a causa de estos artefactos explosivos que también afectan a los excombatientes de la guerra de Malvinas que en muchos casos sienten volver al campo de batalla cuando esto ocurre.

Son muchos los motivos y las causas por las que mucha gente optó por dejar de lado esta costumbre y abrir el corazón hacia los perjudicados a causa de la misma. Pero todavía hay quienes que, a pesar de que saben todo el daño que pueden causar, lo hacen igual.

Quizás no tienen mascotas, ni familiares con autismo, o excombatientes, o adultos mayores en su entorno y por eso pasan por alto el mal que hacen. Quizás se cierran en el egoísmo y por eso no les importa las consecuencias de sus actos pero deberían cambiar eso, y darle paso a la empatía. Ponerse en el lugar del que sufre y hacer algo al respecto como por ejemplo no tirar pirotecnia en las fiestas de fin de año tomando conciencia que la diversión de unos puede ser el dolor para otros.

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